Mendoza, 1976–1983

Terrorismo de Estado, poder económico civil y la lucha por memoria, verdad y justicia

Dictadura cívico-militar argentina

La geografía del horror en Mendoza

La CONADEP documentó una red de centros clandestinos de detención (CCD) que funcionaron bajo la órbita conjunta de fuerzas militares, policiales y civiles. Operaban como circuito: secuestro, tortura, desaparición.

El D2 (Departamento de Informaciones)
Centro emblemático

Dependiente de la Policía de Mendoza. Cientos de detenidos fueron torturados en sus sótanos. Funcionó como nexo entre fuerzas represivas. Actualmente es un espacio de memoria.

Compañía de Comunicaciones de Montaña 8
Área militar

Centro de concentración y coordinación de vuelos de la muerte. Desde allí se organizaban traslados ilegales de detenidos hacia otras provincias o la desaparición.

Penitenciaría Provincial
Presos políticos

Aislamiento, torturas sistemáticas. Muchos presos eran “legalizados” luego de pasar por el D2, pero permanecían bajo régimen de máxima opresión.

“Si no los torturamos cómo podemos saber lo que queremos” – oficial Juan Agustín Oyarzabal Navarro, vecino de la familia Díaz, justificando el secuestro de Mario Díaz (sobreviviente).

Voces que resisten al olvido

Hortensia Ramos (madre de Mario Díaz)

Su hijo fue secuestrado en 1976 por una patota encabezada por un vecino, el oficial Oyarzabal Navarro. Mario sobrevivió 7 años y medio de cautiverio, pero murió décadas después por secuelas de tortura.

“Nos dijeron que se lo llevaban por subversivo. Después supe que lo torturaron en el D2”.
Graciela Morales (hermana de Alicia Morales)

Alicia, detenida desaparecida en 1976. Un fiscal federal les dijo a sus familiares: “Déjese de joder Morales, porque usted sabe que aquí mandan los militares y la justicia se la pasan por el culo”. Muestra la complicidad judicial.

Raquel Moretti y Aldo Casadidio

Estudiantes de Periodismo secuestrados en diciembre de 1976 en pleno centro de Mendoza. Jamás aparecieron. Sus compañeros denunciaron la persecución sistemática a centros de formación.

El sacerdote italiano Franco Reverberi, capellán militar en Mendoza, colaboró con el Ejército en secuestros, torturas y asesinatos en la zona de San Rafael. En 2023 Italia aprobó su extradición a Argentina para ser juzgado por crímenes de lesa humanidad. Un ejemplo nítido de la complicidad eclesiástica.

Redes de complicidad: más allá de los uniformes

La dictadura en Mendoza no fue sólo militar: empresarios, jueces federales, periodistas y sectores de la Iglesia católica formaron parte activa del entramado represivo.

Justicia federal cómplice
Jueces y fiscales negaban hábeas corpus, justificaban allanamientos ilegales y ocultaban información sobre detenidos. Los testimonios de familiares describen a magistrados que actuaban como eslabón del terrorismo de Estado.
Medios y empresarios
Los diarios mendocinos avalaron el golpe y publicaron listas de “proscriptos”. Sectores del comercio financiaron las fuerzas represivas y colaboraron en la persecución de gremialistas.
El establishment económico
Grandes grupos económicos nacionales y locales fueron socios del Proceso. Muchos integraban directorios de bancos junto a militares retirados. La “subversión económica” fue una figura para disciplinar a aquellos empresarios que rompían la ortodoxia de Martínez de Hoz.

La pata civil en la toma de decisiones: José Alfredo Martínez de Hoz y el caso Greco

El ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, formó parte del núcleo de poder que decidió el destino económico y represivo. No fue un mero funcionario técnico: su cartera diseñó el disciplinamiento del capital y, junto a Videla, tomó decisiones directas sobre empresarios incómodos.

Caso Greco: prueba de la alianza cívico-militar

Los hermanos Héctor y José Greco eran dueños de un poderoso grupo económico mendocino (Bodegas Greco, Banco de Los Andes, medios). Durante el primer tramo de la dictadura fueron socios del régimen, concentrando cerca del 30% del PBI provincial con apoyo militar. Pero en 1980 fueron citados a una reunión con Jorge Rafael Videla, Martínez de Hoz y el ministro del Interior Albano Harguindeguy con la excusa de una asistencia financiera.

Al llegar a firmar el acuerdo en el Banco Central, los esperaba la intervención y confiscación de todas sus empresas. Fueron secuestrados ese mismo día en el restaurante Pedemonte, en pleno centro de Mendoza, por orden de “la cúpula presidencial de facto”.

Acusados de “subversión económica” y “monopolio”, pasaron años presos. El episodio revela que el poder económico civil no era un observador neutral: Martínez de Hoz integraba la cúpula decisoria que disponía incluso la represión de empresarios que se desviaban de las reglas de la dictadura. La “pata civil” estaba en el corazón del Estado terrorista.

Subversión económica: herramienta represiva
La dictadura creó figuras legales para perseguir a quienes consideraba “enemigos” desde la esfera económica. Se utilizó contra empresarios que acumulaban poder de manera no alineada a la ortodoxia liberal de Martínez de Hoz, y también contra cooperativas, bancos populares y grupos que resistían el saqueo.
Bancos, militares y negocios
Empresas como el Banco Latinoamericano tenían en sus directorios a generales retirados. La porosidad entre el poder económico y las Fuerzas Armadas evidencia que la dictadura fue un proyecto de clase, no sólo castrense. El caso Greco es la prueba de que incluso los aliados podían caer si desafiaban los designios de Martínez de Hoz y Videla.

Durante el gobierno de Néstor Kirchner, el Ministerio de Economía (a cargo de Felisa Miceli) intentó pagar 600 millones de pesos a los herederos del grupo Greco como compensación por las empresas confiscadas. La denuncia de los senadores Gerardo Morales y Ernesto Sanz impidió el pago, entendiendo que se trataba de reparar a quienes habían sido parte del engranaje económico del terrorismo de Estado. Paradójicamente, el establishment reclamaba al Estado que él mismo había ayudado a instaurar.

Verdad y justicia: los megajuicios en Mendoza

Tras décadas de leyes de impunidad (Punto Final, Obediencia Debida), sus anulaciones permitieron que Mendoza se convirtiera en polo de juicios por crímenes de lesa humanidad.

Legajo 7746 de la CONADEP
En 1984, un exoficial policial detalló más de 100 operativos ilegales en Mendoza, con secuestros, torturas y robos. Este legajo fue base del documental “7746 Legajo CONADEP” y motor de los primeros pedidos de justicia.
Sobrevivientes en los tribunales
Alfredo Ghilardi, sobreviviente del D2, declaró en juicios señalando a sus torturadores. Cada testimonio reconstruye la historia y permite condenar a represores que gozaron de libertad durante años.
Espacios de memoria
El ex D2 es hoy un sitio de memoria. La lucha de organismos de derechos humanos (Familiares de Detenidos y Desaparecidos de Mendoza) mantiene viva la exigencia de justicia.
Hasta hoy: continúan los juicios orales en los tribunales federales de Mendoza, con nuevas condenas a represores y a civiles que participaron del plan sistemático. La justicia argentina sostiene que los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles.

Memoria activa: el caso Greco y el rol de Martínez de Hoz demuestran que la dictadura fue un proyecto cívico-militar con un plan económico represivo. La "pata civil" no fue espectadora: decidió, ejecutó y se benefició.