Nota 2

Braceli presenta en la Feria del Libro la edición castellano-quichua de <em>El último padre</em>

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Nació como libro de poesía, pero acredita un inusual y muy diverso destino: fue materia experimental en talleres teatrales, llegó a escenarios de Suecia y Alemania, fue ilustrado y musicalizado. Después de traducciones al polaco, japonés y otros, llega el quichua.

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Este 12 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires, Rodolfo Braceli presenta la edición castellano-quichua de su libro El último padre, que contará con la presencia de dos actores, Hugo Arana y Juan Palomino, y un traductor de la lengua ancestral con la que ha sido engalanado el ejemplar del escritor mendocino.

El último padre nació como libro de poesía, pero acredita un inusual y muy diverso destino: fue materia experimental en talleres teatrales como los de María Vaner; tuvo siete puestas escénicas, entre ellas la de Marcos Rosenzwaig, que llegó a escenarios de Suecia y Alemania; otra que protagonizó y dirigió Inda Ledesma en la sala Casacuberta del teatro San Martín. Integró propuestas unipersonales de Rodolfo Bebán y Ulises Dumont. Fue musicalizado, fue ilustrado por pintores y fotógrafos, también fue guionado para cine. Con su autor recorrió una docena de universidades de Estados Unidos, en las que se convirtió en texto de estudio. Además, tuvo dos ediciones español-inglés en ese país y cuatro, con ésta, en la Argentina. Traducido al inglés, francés, italiano, el libro de Braceli se resignifica con la presente versión bilingüe, en quichua, una de nuestras más ricas y lejanas lenguas originarias.

De este libro dijo Antonio di Benedetto: “Arrolla al lector (posee un extraordinario don de comunicación, emociona sin hacer gestiones para emocionar). Es un talento. Braceli, en fin, está con ‘El último padre’ en una sociedad secreta: la que se encarga del reparto de la ternura. Conspira (contra la asfixia). Este libro lo delata.”

Su traductor al inglés, Darlene Bodhaine, apuntó: «Tengo la fuerte sensación de que ‘El último padre’ y su compañera son Adán y Eva, pero no en el principio sino ante el holocausto. Braceli utiliza prodigiosamente la herramienta de la ternura. Y de un modo insólito. Este libro se escapa de la literatura, es un bien público.»

 

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