Cuarto mandato de Garay

Reelección exprés: el cornejismo retuvo la presidencia de la Suprema Corte y fortaleció su hegemonía

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El exministro de Gobierno de Cornejo, Dalmiro Garay.

En apenas unos minutos, la Suprema Corte de Justicia de Mendoza definió su conducción hasta 2027. Dalmiro Garay, juez supremo desde 2018 y presidente del cuerpo desde 2020, volvió a imponerse con 5 votos a favor contra 2 en contra, en una sesión que expuso las tensiones políticas y personales en el cuarto piso de Tribunales.

El respaldo y la resistencia

La reelección de Garay contó con el apoyo de Norma Llatser, Teresa Day, Omar Palermo, Julio Gómez y el propio presidente. En la vereda opuesta, José Valerio y Mario Adaro marcaron su rechazo. La negativa de Adaro no sorprendió: había manifestado públicamente su aspiración a conducir la Corte, y su voto fue la confirmación de una pulseada perdida.

Adaro y Valerio quedaron solos votando contra Garay.

Un poder que trasciende las banderas partidarias

El cónclave dejó en evidencia que las viejas divisiones entre jueces filoradicales y filoperonistas se desdibujaron. La elección se realizó bajo el sistema de reforma de 2022, que exige al menos cinco votos en las dos primeras rondas. Garay no necesitó llegar a la tercera: se impuso en la primera votación, mostrando que su poder interno excede las afinidades políticas y que, pese a las resistencias, mantiene el control del máximo tribunal.

Trayectoria con sello político

El recorrido de Garay está marcado por la política. Fue ministro de Gobierno, Trabajo y Justicia en el primer mandato de Alfredo Cornejo, quien lo impulsó hacia la Corte en 2018. Desde entonces, no ha soltado la presidencia: primero en 2020, luego en 2021 y 2023, y ahora con un nuevo mandato que lo proyecta hasta 2027. Su continuidad inédita lo convierte en el hombre fuerte de la justicia mendocina.

Vicepresidencias y nuevas tensiones

La sesión también definió las vicepresidencias: Omar Palermo fue elegido primer vicepresidente y Julio Gómez ocupará la segunda. Así, la Sala Administrativa queda conformada por Garay, Palermo y Gómez, mientras que Adaro quedó aislado del círculo de poder, reforzando la fractura interna.

Un poder que incomoda

La figura de Garay, con su origen en el gabinete de Cornejo, genera recelos en sectores que lo ven como un representante del poder político dentro de la justicia. La oposición de Adaro y Valerio refleja esa incomodidad, mientras que la mayoría optó por la estabilidad institucional. Sin embargo, la tensión está lejos de disiparse: la Corte mendocina seguirá atravesada por internas, con un presidente que acumula poder y opositores que no esconden su malestar.

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