Estados Unidos

Se redujo el crecimiento de la población mientras Trump persigue, maltrata y echa inmigrantes

La expansión actual cayó a niveles comparables con los de la Gran Depresión o los de la fase inicial de la pandemia de Covid-19. "Seguimos siendo una nación de inmigrantes, es lo que nos hizo exitosos", analizó William Frey, demógrafo del Brookings Institution.
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Cayó la tasa de crecimiento poblacional en Estados Unidos.

La fisonomía demográfica de Estados Unidos atraviesa un cambio de paradigma que enciende las alarmas de sociólogos y economistas. Según las estimaciones más recientes de la Oficina del Censo, la tasa de crecimiento de la población se redujo drásticamente al 0,5% entre julio de 2024 y junio de 2025, marcando uno de los registros más exiguos desde principios del siglo XX.

Este fenómeno sitúa la expansión actual en niveles de fragilidad solo comparables con la Gran Depresión o el impacto inicial de la pandemia deCovid-19. Lejos quedan el 1,8% de crecimiento promedio durante el Baby boom de la década de 1950 o el 1,2% que caracterizó a los años 90. Para encontrar un antecedente de decrecimiento absoluto, los historiadores deben remontarse a 1918, cuando la combinación de la I Guerra Mundial y la gripe española restó 60.000 personas al total nacional.

El factor migratorio como eje del freno

La explicación a este letargo no reside en una alteración de las tasas de natalidad o mortalidad, que se han mantenido relativamente estables. La clave, según Christine Hartley, subdirectora de la Oficina del Censo, se encuentra en la caída «histórica» de la migración internacional neta (NIM). Este indicador, que mide la diferencia entre quienes ingresan y quienes abandonan el país, se desplomó de 2,7 millones en el periodo previo a apenas 1,3 millones en el último año.

William Frey, demógrafo del Brookings Institution, advierte que la tendencia es descendente. Si bien la cifra de 1,3 millones sigue siendo alta en términos históricos comparativos, el cambio de rumbo político ha modificado drásticamente el flujo de personas.

Cambio de rumbo en la Casa Blanca

El retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha traído consigo un endurecimiento sin precedentes de las políticas migratorias. El gobierno ha implementado medidas que limitan drásticamente las visas de estudio y de trabajo, además de restringir las solicitudes de asilo y refugio.

Paralelamente, se ha puesto en marcha una agresiva campaña de deportación de indocumentados, incluyendo traslados a terceros países como El Salvador. La revocación de protecciones otorgadas durante la administración de Joe Biden, como el estatus de protección temporal (TPS) y el parole humanitario, ha enviado un mensaje inequívoco: el país ya no es de puertas abiertas.

Las estadísticas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) reflejan este nuevo escenario. En febrero de 2025, los «encuentros» fronterizos fueron de apenas 28.613, apenas un 12% de lo registrado el año anterior. Expertos como Wendy Edelberg y Tara Watson coinciden en que la reducción de nuevas llegadas tiene un impacto incluso superior al de las deportaciones mediáticas en la configuración del nuevo mapa demográfico.

Población más vieja y economía más lenta

Las consecuencias de este frenazo poblacional trascienden lo estadístico para golpear el corazón de la economía. El análisis del Brookings Institution sugiere que Estados Unidos podría estar entrando en una fase de migración internacional neta negativa, algo que no ocurría desde 1971.

Esto se traduce en una desaceleración del empleo. Se estima que la pérdida de mano de obra y la menor demanda de bienes y servicios podrían restarle al PIB entre US$60.000 y US$110.000 millones en los próximos dos años.

«Seguimos siendo una nación de inmigrantes, es lo que nos hizo exitosos», reflexiona Frey. El experto destaca que la inmigración es el único motor que mantiene joven a la población. Con un 28% de los menores de 18 años siendo inmigrantes o hijos de estos, el cierre de fronteras condena al país al envejecimiento. «Si la fuerza laboral se estanca, el futuro de Estados Unidos como gran potencia está en riesgo», concluye el académico, dibujando un horizonte donde la falta de juventud podría apagar la chispa de la innovación estadounidense.

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