
La Cancillería argentina debió retirar de sus cuentas oficiales el nuevo logo institucional luego de que se detectara una omisión significativa: el planisferio que servía de fondo no incluía a las Islas Malvinas ni a la Antártida. El error, interpretado como un gesto político más que como un descuido técnico, marcó el debut accidentado de Pablo Quirno al frente de la entidad oficial.
La reacción fue inmediata. Cientos de usuarios en Twitter denunciaron la ausencia de los territorios y cuestionaron la decisión de la gestión libertaria de modificar símbolos nacionales en un contexto de alta sensibilidad diplomática. El escudo fue rápidamente alterado: los laureles y el emblema pasaron de cubrir las zonas australes a superponerse sobre Europa y África, aunque sin tocar China. La corrección, lejos de apaciguar las críticas, alimentó sospechas sobre la intencionalidad política detrás del diseño.
Londres y la Doctrina plaza
En Cancillería, la polémica se vinculó con la llamada “doctrina Plaza”, impulsada por la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza. Según trascendió, la estrategia busca un acercamiento con las autoridades británicas en áreas de cooperación, a cambio de relegar el histórico reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas.
La controversia se inscribió en una campaña más amplia: para celebrar los dos años de gestión de Javier Milei, distintos ministerios difundieron nuevos escudos y sellos, imitando tradiciones estadounidenses. Sin embargo, los diseños fueron objeto de burlas por su estética rudimentaria, comparada por usuarios con producciones hechas en versiones gratuitas de inteligencia artificial.
Más signos de cipayismo
El Ministerio de Desregulación presentó un emblema con dos antorchas idénticas a la de la Estatua de la Libertad, mientras que Seguridad incorporó un águila calva, especie que no habita en Argentina. La elección fue cuestionada por especialistas y observadores en redes, quienes recordaron que en el país pueden avistarse especies autóctonas como el Águila Mora, el Águila Coronada —en peligro de extinción— o el Águila Harpía, entre otras.
La polémica por los logos expuso no solo errores de diseño, sino también contradicciones políticas y simbólicas en la gestión libertaria. En un terreno donde los símbolos condensan soberanía y memoria histórica, la omisión de Malvinas y la Antártida se convirtió en un traspié diplomático difícil de disimular.

