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El británico Ken Wilman caminaba con su perra Madge por la playa de Morecambe, en el noroeste de Inglaterra, cuando el animalito se paró a olfatear una roca. La piedra le gustó y se la llevó a casa en la boca.
Pero resultó ser un trozo de ámbar gris, una secreción biliar de los intestinos de un cachalote, que puede engordar, y mucho, el bolsillo de Ken.
«Desprendía un olor a almizcle, pero cuanto más lo hueles mejor huele», aseguró a la cadena británica BBC. El ámbar gris proviene de un vómito de ballena inusual y es muy buscado en el mercado de la perfumería, ya que se fija muy bien en la piel. Por eso tiene un valor tan alto.
Ahora, Wilman espera a que los resultados de los análisis confirmen que ese trozo de roca es a ciencia cierta ámbar gris y pueda recibir los 50.000 euros que Dominic De Vetta, un francés experto en fragancias, le ha ofrecido por tan preciado trozo de roca. «Vale mucho por sus propiedades particulares», aseguró a la BBC Andrew Kitchener, responsable de los vertebrados en el Museo Nacional de Escocia. «Es una base muy importante para los perfumes y es difícil encontrar un sustituto artificial».


