Lesa Humanidad

Claudia, la Nieta 117, declaró en el juicio por su apropiación: “Estoy haciendo la tesis de mi propia vida”

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Claudia Domínguez frente al Trubunal. Foto: juiciosmendoza8.wordpress.com

 

Claudia Domínguez es hija de Walter Domínguez y Gladys Castro, secuestrados y desaparecidos en 1977, cuando la mujer estaba embarazada. El punto que conecta esa historia con el presente actual de Claudia, la Nieta 117 cuya identidad fue restituida gracias a la labor de Abuelas de Plaza de Mayo, es lo que intenta desentrañar el juicio que se desarrolla en los Tribunales Federales de Mendoza.

En ese entramado juega un rol central el padrino de Claudia, Segundo Héctor Caravajal, quien pertenecía al Ejército y entregó a la niña a sus padres adoptivos, Antonia Reitano y Julio Bozzo, uno de los acusados que tiene este juicio, y que incluye a ex funcionarios judiciales que fraguaron datos de su partida de nacimiento y omitieron hábeas corpus interpuesto por los Domínguez y los Castro.

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Desentrañar esa maraña es una tarea constante que Claudia Domínguez aborda en su vida cotidiana, a la par que en los tribunales, como toda víctima de terrorismo de estado que logra sentar en el banquillo de los acusados a sus verdugos. Este viernes confió en la audiencia ante los jueces: “Estoy armando la tesis de mi propia vida”.

Claudia rememoró las instancias previas a enterarse sobre su verdadera identidad. En cada una de ellas aparecía como un ser oscuro y misterioso Carabajal. Nadie sabía explicarle con precisión cómo fue que ella llegó a su casa y de dónde provenía. Siempre tuvo dudas pero fueron sus compañeros de facultad y su prima Silvana y su tía Norma quienes la impulsaron a hacerse el ADN. “Nadie nos dijo nada pero quien te trajo era él. Tendrías que hacerte el ADN”, le dijeron estas dos últimas, según cita la página que lleva al día las audiencias de lesa humanidad en Mendoza. 

El 16 de julio de 2015, contó Claudia, le tomaron la muestra de sangre en la sede del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) de Mendoza. Allí le bajaron las expectativas, le explicaron que era poco probable que diera positivo y le dijeron que esperara de 30 a 60 días. En el interín viajó a Chile y cuando regresó la llamaron del CONADI para darle la noticia de que su examen había dado como positivo en las muestras que guarda el banco de datos genético deAbuelas.

A la vuelta del viaje iban escuchando noticias y su hija preguntaba cómo podía aparecer una chica y cosas del estilo. Claudia le dibujaba respuestas que ni ella tenía. Cuatro días después llegó a Mendoza, fue a la casa de sus padres de crianza, intentó entablar una conversación como si no pasara nada e inmediatamente soltó: “¿vieron la noticia de la nieta 117? Soy yo”.

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