Cordera: "Para la gente, un concierto de rock ya no vale nada. ¿Para qué voy a pagar una entrada, si total el Gobierno me lo da gratis?"

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Gustavo Cordera pasea por su lugar de residencia en Uruguay. Foto: Revista Noticias
Gustavo Cordera pasea por su lugar de residencia en Uruguay. Foto: Revista Noticias

 

 

Hace siete años, Gustavo Cordera (51) dejó atrás a la misteriosa Buenos Aires y se fue a vivir a La Paloma, en Uruguay. Eligió como refugio un pequeño paraíso al norte de Punta del Este, donde el invierno permite una vida pueblerina y, en el verano, se congrega allí lo más cool de la región. Se volvió un habitué –y un íntimo– de La Pedrera, un balneario cercano, y de su Club Social y Deportivo, una típica sociedad de fomento de las que ya no quedan en las grandes ciudades, para el que hasta toca a beneficio. “Este lugar fue fundacional para mí”, explica, cebándole mate amargo al equipo de NOTICIAS en la vereda del club.“Toda la música que hice en este lugar tuvo una proyección monstruosa. La versión definitiva de ‘Un pacto’ surgió acá. En este exacto lugar donde estamos sentados nació ‘La bomba loca’. Este es un lugar mágico para mi”.

Las calles de La Pedrera, en temporada, están plagadas de jovencitas bronceadas y se respira en el aire una fragancia que combina en partes iguales el olor del mar y el del porro. Al ex cantante de Bersuit Bergarabat –hoy ícono rocker con peso propio, quizás el último trovador vernáculo en seguir luchando por escribir letras con contenido–, su mudanza a Uruguay le sirvió para tomar perspectiva. Y, viendo a su país desde afuera, se lo ve y se lo escucha con la argentinidad más al palo que nunca.

-¿Qué rol cumple hoy la música y en especial el rock en la sociedad?

-El rock como movimiento social perdió su lugar. Entre el 2000 y el 2004 el rock nacional llegó a la cima, fue su momento de mayor esplendor. En esa época, las bandas tocaban por todo el país sin necesidad de ser financiados por un Gobierno. Se podían hacer shows porque lo que los músicos hacían realmente tenía valor. El rock era una alternativa con respecto al establishment y a la hegemonía política.

-¿Hay que ser contestatario para hacer rock?

-No necesariamente. Aunque no seas contestatario, podés estar parado en la vereda de enfrente generando una nueva tendencia en la forma de vestir, en la forma de pensar, en los patrones de relación entre los seres humanos de los que hablaba. El arte tiene que pararse en la otra vereda desde la estética. Pero el rock, desde el 2004, entró en crisis.

-¿Por qué?

-Porque, primero, cayó en manos de los grandes sponsors. Pero después, cuando los festivales dejaron de tener convocatoria y los auspiciantes dejaron de poner plata, quedó todo en manos del Gobierno. Las marcas buscan invertir en espectáculos que sean representativos de la voz de la gente. Y el rock hoy no captura el deseo estético de la gente. Para todos los que estamos un poco “por fuera” de este circuito –no tenemos sponsors ni respondemos al Gobierno–, las cosas se nos están haciendo difíciles.

-¿Qué tan difíciles?

-Nuestro mayor problema es que tantos espectáculos gratuitos, tanto “para todos y todas”, devalúa lo que hacemos. Para la gente, un concierto de rock ya no vale nada. ¿Para qué voy a pagar una entrada, si total el Gobierno me lo da gratis? Las convocatorias de todas las bandas han caído estrepitosamente. El mayor ejemplo de este modelo es San Luis, que empezó con los conciertos gratuitos hace veinte años, compitiendo con la venta de tickets. Hace una década que no se puede vender una entrada en esa provincia. Si vas, vas pagado por el Gobierno. Así, el Estado se apoderó de la cultura. Ahora eso está pasando en todo el país y para aquellos que no estén alineados en las filas propagandísticas del Gobierno se van a venir tiempos duros.

-Parecería que los rockers militantes son cada vez más ¿Qué opinás, por ejemplo, del Indio Solari, que está cada vez más k?

-La verdad, prefiero no ponerme en la postura de juzgar a mis colegas. Tengo mucho respeto y admiración por tantísimos músicos, que han dado tanto al país. Mi mirada es personal, es como veo yo el desarrollo de la cultura en la Argentina.

-Pero vos estás de acuerdo con el modelo ¿Por qué no te sumaste a la militancia?

-Porque hay algo en lo que no estoy de acuerdo. Creo que sería importante que los que manejan el dinero nos mostraran abiertamente sus verdaderas intenciones. Si un Gobierno me dice “yo quiero poner dinero porque necesitamos que la gente adhiera a nuestra causa, usamos para eso el dinero de los impuestos de la gente y usamos para eso a las bandas”, yo puedo llegar a decir que sí. Ante la honestidad, me rindo. Pero si un Gobierno va a usar la plata de los contribuyentes con fines propagandísticos, está bueno que todos lo sepamos. Que no vengan a decir que están llevando gratuitamente nuestra música a la gente que no la puede pagar.

-En la argentina dividida, estás boyando a dos aguas…

-En este momento, la argentina está partida en dos. Yo no estoy parado ni en el oficialismo ni en la oposición, estoy parado en mí. Para muchos, por supuesto, esto es inaceptable. Hay patrones de relación –tanto en el peronismo como en la mafia… ¡hasta en la amistad somos así!– bajo los cuales o pertenecés o estás rompiendo los códigos. No me paro en ese lugar. Si quieren decirme traidor, soy un traidor.

-Parecería que ese comportamiento de grandes dicotomías es transversal a todo, en la vida.

-Por supuesto. Y no podemos responsabilizar al Gobierno de eso. Tiene que ver con las relaciones humanas. El Gobierno es un reflejo de lo que somos, y el Gobierno que tenemos hoy es el que más nos representa. Ningún Gobierno nos ha representado mejor. Voté a Cristina y la volvería a votar, porque creo que es el camino para que realmente podamos vivir una transformación. Si ella no estuviera, romperíamos con este proceso de cambio, poniendo en el Gobierno a algún idiota como Macri, por ejemplo, que debe ser muy representativo de los extraterrestres, porque no sé para quién gobierna, pero no a los argentinos.

-Sin embargo, para ser cristinista sos bastante crítico.

-Yo no soy cristinista, soy gustavista, soy un librepensador. Me fanatizo con mis propias ideas y mis propios pensamientos y, aunque apoyo este modelo, no puedo dejar pasar la advertencia: cuidado con tanta música gratis, porque el arte va a terminar no valiendo nada para la gente, como mensaje.

-Pero seguís creyendo en el modelo.

Cordera: Sí. Creo que este Gobierno, a pesar de estar cerrado en algunos aspectos, es el gran agente de cambio. Tiene dentro de sus filas un movimiento de mucha transformación. Prefiero fijarme en lo profundo, en qué estamos aprendiendo de este Gobierno.

-¿Y qué nos está enseñando este Gobierno?

-Este Gobierno nos está conectando muchísimo con quiénes somos finalmente los argentinos. Es el Gobierno que ha arrojado más luz sobre nuestras miserias, sobre nuestras mezquindades. Si digo que es el que mejor nos ha representado, es porque siento que este Gobierno saca lo peor de nosotros. Ni siquiera es un juicio moral, sino que estamos en un momento de reconocimiento. Esas cosas sobre el ser argentino que estaban escondidas, hoy se están viendo más. Esa es nuestra gran oportunidad para cambiar, para dar un salto como sociedad.

-¿Cómo somos los argentinos?

-Somos generosos y simpáticos, hospitalarios y emotivos, exagerados y manipuladores, somos muy de no hacernos cargo de las cosas y responsabilizar a otros. Campeones mundiales en el arte de hacerse el boludo. Pero, ante todo, somos grandes violadores: violamos las leyes, las reglas, los códigos. Violamos la intimidad de los artistas, las cámaras violan la intimidad de las personas. Violamos al otro cuando tratamos de cagarlo; somos una sociedad que viola en forma permanente los derechos humanos. Nuestros cantitos de cancha hablan de “romperle el culo” al otro. Sí, somos grandes violadores.

Fuente: Revista Noticias

 

 

 

 

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