
La promesa de Donald Trump de que "las empresas estadounidenses acudirán a Venezuela" no es una mera sugerencia comercial; es la columna vertebral de su estrategia para dominar el país. Washington apuesta a reactivar el único motor real de la economía venezolana: el petróleo.
La necesidad de expandir las fuentes de energía que implica el recalentamiento de la guerra mundial por otros medios que Estados Unidos le declaró a China, es, tal vez, el principal motivo para la avanzada de Donald Trump sobre la soberanía venezolana. El asalto armado al poder del país rico en hidrocarburos está fuertemente ligado al potencial de sus yacimientos, alejado de los intereses del imperio norteamericano mientras gobernó el chavismo.
Consultores de energía en Houston y analistas en Wall Street ya están trazando el mapa de ruta de lo que podría ser la mayor operación de intervención industrial de un Estado sobre otro de la historia moderna.
Trump declaró que Estados Unidos asumirá el gobierno de Venezuela hasta tener todo controlado para que un venezolano se haga cargo de gestionar sus planes.
Retorno de los gigantes: Chevron, Exxon y ConocoPhillips
El plan de la Casa Blanca se apoya en tres actores clave, cada uno con un rol distinto en esta nueva fase:
Chevron: Es la única gran petrolera estadounidense que nunca se fue del todo. Gracias a la Licencia General 41, Chevron ha mantenido operaciones mínimas y conoce el estado real del terreno.
- Su misión: Ser el "primer respondedor". Se espera que Chevron tome control operativo inmediato de sus empresas mixtas (como Petroboscán y Petropiar) para elevar la producción de los actuales 800-900 mil barriles diarios a 1.2 millones en los primeros 12 meses.
ExxonMobil y ConocoPhillips: Ambas fueron expulsadas y expropiadas por Hugo Chávez en 2007. Durante años, han litigado para cobrar miles de millones en indemnizaciones.
- El nuevo trato: Trump sugirió un modelo de "Deuda por Activos". En lugar de esperar pagos en efectivo que Venezuela no tiene, estas empresas recibirían concesiones directas y control total de campos petroleros en la Faja del Orinoco para cobrarse sus deudas con crudo. Sería, en la práctica, una privatización de facto de vastas áreas de la industria para saldar cuentas históricas.
El desafío técnico
La retórica política choca con una realidad de ingeniería brutal. Informes técnicos recientes filtrados por agencias de energía describen que la infraestructura de PDVSA está "en estado de colapso funcional".
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El diagnóstico: se estima que más del 70% de los casi 30.000 pozos petroleros del país están inactivos, vandalizados o carecen de piezas básicas. Las refinerías operan a menos del 15% de su capacidad debido a años sin mantenimiento.
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La inversión necesaria: se calcula que para devolver a Venezuela a una producción de 3 millones de barriles diarios (niveles de 1998) se requiere una inversión de 25.000 a 30.000 millones de dólares anuales durante casi una década.
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Rol de Halliburton y Schlumberger: Antes de que Exxon o Chevron puedan extraer petróleo masivamente, las grandes empresas de servicios (que proveen la tecnología y la maquinaria) tendrán que desplegar un ejército de ingenieros para "limpiar la casa", reparar oleoductos que gotean y reactivar taladros oxidados.
Modelo de negocio: "Fideicomiso Venezuela"
Para evitar que los ingresos caigan en el vacío de la corrupción o la inestabilidad política de la transición, el plan de EE. UU. contempla un mecanismo financiero inédito:
El dinero generado por la venta de este petróleo "americano-venezolano" no iría directamente a las arcas del nuevo gobierno provisional en Caracas. En su lugar, se depositaría en un Fideicomiso Administrado desde Nueva York.
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Prioridad 1: Pagar a las petroleras por su inversión y deuda.
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Prioridad 2: Financiar la importación de alimentos, medicinas y la reconstrucción de la red eléctrica venezolana, bajo supervisión directa de auditores estadounidenses.
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El "Goteo": Solo el excedente se entregaría al estado venezolano para su presupuesto corriente. Es un modelo de tutela económica estricta diseñado para garantizar que Venezuela sea solvente, pero dependiente.
Plazos de la operación petrolera
A pesar del optimismo de Trump, el mercado es cauto.
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Corto plazo (0-6 meses): estabilización. Se detiene la caída libre. Chevron maximiza lo que ya tiene en el país.
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Mediano plazo (6-24 meses): reparación. Llegan las maquinarias pesadas. La producción podría subir lentamente hacia los 1.5 millones de barriles.
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Largo plazo (2-5 años): recuperación real. Solo entonces Venezuela volvería a ser una potencia energética capaz de influir en los precios globales.


