10 años sin crear trabajo en Mendoza

En medio de una destrucción generalizada del empleo, Cornejo celebró que en Mendoza cae menos que en el resto del país

La celebración de Cornejo por el desempeño del empleo privado en Mendoza contrasta con una realidad más dura: la provincia lleva casi una década sin generar nuevos puestos formales, atrapada en una meseta que expone la fragilidad de su matriz

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Alfredo Cornejo celebró en sus redes sociales «el desempeño» del empleo privado registrado en Mendoza, que cayó menos que en las otras provincias en medio de una debacle generalizada de la industria y la destrucción del trabajo y desató una ola de reacciones que expusieron la tensión entre los números oficiales y la propaganda libertario-cornejista.

En Mendoza la construcción y el empleo lideran la destrucción de empleo, con el consecuente arrastre en el entramado laboral

El mandatario aseguró que la provincia “vuelve a destacarse en el mapa productivo del país”, ubicándose detrás de Neuquén y Río Negro en el ranking nacional. Sin embargo, detrás de esa foto optimista se esconde una película más compleja: una década de estancamiento laboral que golpea la matriz productiva mendocina.

Una década sin crecimiento

El informe del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), con datos de noviembre de 2025, revela que Mendoza cuenta con 242.365 puestos de trabajo formales, prácticamente la misma cifra que en noviembre de 2016, cuando se registraban 243.100 empleos.

En nueve años, la economía provincial no logró generar una expansión neta en el sector privado, mientras la población creció a un ritmo superior al 1% anual. El resultado es un retroceso en términos reales, con más mendocinos en condiciones de trabajar y menos oportunidades para hacerlo.

Comparaciones inevitables

Al comparar con otras jurisdicciones. Córdoba, por ejemplo, alcanzó los 519.154 empleos formales, mostrando una tendencia positiva sostenida.

Santa Fe también logró incrementar su volumen laboral hasta los 508.971 puestos. En contraste, Mendoza permanece atrapada en una meseta que exige un rediseño urgente de su política económica. El contraste con provincias vecinas o con aquellas que comparten perfiles geológicos similares refuerza la idea de que el problema es estructural.

El discurso oficial

El discurso oficial, sin embargo, se centra en destacar la resistencia frente a un contexto nacional adverso. Cornejo subrayó que, mientras en gran parte del país el empleo privado retrocede, en Mendoza “se sostiene y fortalece”. Para el gobernador, este dato es “especialmente valioso” porque refleja la existencia de una base productiva sólida y un sector privado dispuesto a empujar el desarrollo. La narrativa busca instalar la idea de que la provincia tiene rumbo, aunque los números de largo plazo contradicen esa visión.

El debate minero

La crisis laboral mendocina también se ha convertido en argumento dentro del debate minero. El lobby extractivista sostiene que la falta de generación de empleo privado es una de las razones para avanzar con proyectos como San Jorge, cuya Declaración de Impacto Ambiental ya fue aprobada. La minería aparece como una posible salida al estancamiento, aunque su viabilidad social y ambiental sigue siendo objeto de controversia. En este sentido, la discusión sobre el empleo se entrelaza con la disputa por el modelo productivo que Mendoza necesita.

Redes sociales y polémica

Las redes sociales amplificaron la polémica. El posteo de Cornejo fue replicado en múltiples tonos, desde quienes celebraron la resistencia provincial hasta quienes señalaron que se trata de un “árbol que tapa el bosque”. La falta de crecimiento en casi una década es un dato difícil de maquillar, y la comparación con distritos como Córdoba y Santa Fe deja a Mendoza en una posición incómoda. La foto de los últimos dos años, con una caída menor que en otras provincias, no alcanza para ocultar la película completa.

El panorama nacional

El panorama nacional también muestra contrastes. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) retrocedió levemente, pasando de 1,5 millones a 1.495.927 empleos, mientras Tucumán bajó a 158.639 puestos. En cambio, las provincias impulsadas por Vaca Muerta, como Neuquén y Río Negro, exhiben un dinamismo que explica su liderazgo en el ranking. Mendoza, sin petróleo ni un motor equivalente, se enfrenta a la necesidad de repensar su estrategia.

Conclusión

Los datos son elocuentes: la economía mendocina lleva casi una década sin crear empleo privado formal. La celebración oficial de un ranking coyuntural no alcanza para disimular la urgencia de un rediseño profundo. La provincia necesita más que diagnósticos; requiere políticas capaces de romper la meseta y ofrecer oportunidades reales a una población que crece año tras año. La crónica de este estancamiento es, en definitiva, la radiografía de un modelo que parece haber agotado su capacidad de generar trabajo.


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