Guerra por el petróleo

Estados Unidos atacó Venezuela y se desconoce el paradero de Nicolás Maduro: Trump dice que lo capturó

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La madrugada del 3 de enero de 2025 quedará grabada en la memoria de los venezolanos como una jornada de sobresalto y desconcierto. Eran las primeras horas del día cuando el silencio de Caracas se quebró con el estruendo de explosiones y el rugido de aviones que surcaban el cielo a baja altura. Lo que en un principio parecía un ejercicio militar pronto se reveló como un ataque directo de los Estados Unidos contra territorio venezolano. La confirmación llegó de manera insólita: a través de un mensaje del presidente norteamericano Donald Trump, quien aseguró que fuerzas estadounidenses habían capturado al mandatario Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, trasladándolos fuera del país.

El gobierno bolivariano declaró “el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional” y llamó a “pasar de inmediato a la lucha armada“

El gobierno venezolano reaccionó de inmediato, denunciando lo que calificó como “una gravísima agresión militar” y convocando a la población a movilizarse en defensa de la soberanía. El Palacio de Miraflores, sede del poder ejecutivo, se convirtió en epicentro de la protesta: cientos de ciudadanos comenzaron a congregarse frente a sus puertas, exigiendo la liberación de Maduro y repudiando lo que describieron como un ataque imperialista.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, en un mensaje transmitido por la cadena Telesur, reconoció que el país había sido objeto de “un ataque aéreo brutal” y admitió que se desconocía el paradero del presidente. Sus palabras, cargadas de dramatismo, reforzaron la sensación de vacío de poder y crisis institucional que se respiraba en las calles.

Comunicado oficial

Con el amanecer, el gobierno bolivariano emitió un comunicado oficial en el que denunció la violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, especialmente de los artículos que consagran la soberanía y la prohibición del uso de la fuerza. El texto advertía que la agresión no solo ponía en riesgo la estabilidad de Venezuela, sino también la paz de América Latina y el Caribe, afectando la vida de millones de personas. En un tono desafiante, el comunicado acusaba a Washington de intentar apoderarse de los recursos estratégicos del país, en particular del petróleo y los minerales, y de buscar un “cambio de régimen” por la vía de la fuerza.

Ecos históricos

La narrativa oficial apeló a la historia y a la memoria colectiva. Se evocaron episodios como el bombardeo de las costas venezolanas en 1902 y se citó la célebre frase del presidente Cipriano Castro: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria.” Con esa retórica, el gobierno buscó reforzar la idea de continuidad en la resistencia frente a las potencias extranjeras, situando la coyuntura actual como un nuevo capítulo en la larga lucha por la independencia.

Estado de conmoción exterior

En paralelo, se decretó el “estado de Conmoción Exterior” en todo el territorio nacional, una medida excepcional que habilita la movilización inmediata de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y de los órganos de defensa integral. El llamado fue explícito: “Todo el país debe activarse para derrotar esta agresión imperialista.” El discurso oficial no dejó lugar a dudas sobre la intención de pasar a la lucha armada, en un escenario que amenaza con escalar hacia un conflicto de mayores dimensiones.

Diplomacia y resistencia popular

La diplomacia venezolana también se puso en marcha. El comunicado anunció que se elevarían denuncias ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la CELAC y el Movimiento de Países No Alineados, buscando respaldo internacional y condena contra Estados Unidos. En ese marco, se invocó el artículo 51 de la Carta de la ONU, que reconoce el derecho a la legítima defensa, y se convocó a los pueblos y gobiernos de la región a solidarizarse activamente.

Mientras tanto, en las calles de Caracas, la tensión se palpaba en cada esquina. La población, dividida entre el miedo y la indignación, respondía al llamado del gobierno con marchas y concentraciones. El Palacio de Miraflores se convirtió en símbolo de resistencia, rodeado por ciudadanos que coreaban consignas en defensa de la soberanía y exigían la restitución de su presidente.

Epílogo de incertidumbre

La jornada cerró con un mensaje cargado de simbolismo: la evocación de Hugo Chávez y su consigna de “unidad, lucha, batalla y victoria”. En medio de la incertidumbre sobre el destino de Maduro y su esposa, el gobierno bolivariano buscó transmitir la idea de continuidad y firmeza, apelando a la épica revolucionaria como motor de cohesión.

El ataque de Estados Unidos a Venezuela no solo abrió un nuevo capítulo en la historia política del país, sino que colocó a toda la región en un estado de alerta. La madrugada del 3 de enero no fue simplemente un episodio militar: fue el inicio de una crisis que amenaza con redefinir el mapa geopolítico de América Latina y que, para millones de venezolanos, se vivió como una herida abierta en el corazón de su nación.

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