
En el complejo ajedrez de la política venezolana, las palabras pesan tanto como los silencios. Sin embargo, el reciente mensaje dirigido a Donald Trump por Delcy Rodríguez no deja espacio para la sutileza.
Lejos de ser una misiva diplomática rutinaria, contiene elementos semánticos y políticos que podrían interpretarse como la evidencia definitiva de una fractura en la cúpula chavista, con el desplazamiento de Nicolás Maduro por su propio círculo de confianza.
Si el texto se materializa en acciones, estamos ante el acta de defunción política de Nicolás Maduro, redactada por su mano derecha. El mensaje de Rodríguez a Trump puede leerse como una propuesta de "cambio de piel" del régimen.
¿UN PACTO?Delcy Rodríguez parece estar ofreciendo a Estados Unidos lo que Maduro no podía: una interlocutora pragmática, capaz de garantizar estabilidad y frenar la migración («convivencia comunitaria duradera»), a cambio de reconocimiento y supervivencia política para ella y su entorno, sacrificando la figura de Nicolás Maduro en el proceso.
Surgen cuatro indicios textuales del contenido de la misiva que alimentan las sospechas de una traición interna a Maduro. El chavismo sin Maduro se realineo detrás de Delcy Rodríquez, a cargo del gobierno nacional bolivariano puesta en la presidencia del país de un empujón interno a la captura de Nicolás Maduro, a quien suplantó Rodríguez con aval judicial bolivariano. que apuntan a una "traición" o, al menos, a una sucesión forzada desde las entrañas de Miraflores.
Usurpación del título: "Presidenta Encargada"
El elemento más disruptivo del texto no se encuentra en el cuerpo del mensaje, sino en la firma y el encabezado. Delcy Rodríguez se autodenomina "Presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela".
El chavismo ha construido su identidad durante 25 años sobre una retórica antiimperialista agresiva. Sin embargo, este mensaje rompe radicalmente con esa tradición discursiva.
Constitucionalmente, esta figura solo se activa ante la falta absoluta del mandatario (muerte, renuncia o destitución). Al asumir este título en una comunicación oficial a una potencia extranjera, Rodríguez está enviando una señal inequívoca a Washington: Maduro ya no está al mando.
No firma como Vicepresidenta Ejecutiva, su cargo natural, lo que sugiere que se ha ejecutado un movimiento interno para apartar a Maduro del poder real, presentándose ella como la interlocutora válida y la nueva jefa de Estado interina.
La sucesora de Maduro desplegó un lenguaje pragmático. La dirigente venezolana giró al uso de términos como "relacionamiento internacional equilibrado", "agenda de cooperación" y "desarrollo compartido"; dejando de lado los clásicos calificativos PSUV. tales como "bloqueo criminal", "sanciones coercitivas" o "ataques imperialistas"
Ella por encima del resto
Uno de los principios del PSUV es la lealtad colectiva al legado de Chávez y al liderazgo de Maduro. No obstante, en el cuarto párrafo, Rodríguez personaliza el discurso de manera inédita, apartándose de la pertenencia al partido fundado por Hugo Chávez.
"Esa es la Venezuela en la que creo, a la que he dedicado mi vida. Mi sueño es que Venezuela sea una gran potencia"
Al usar la primera persona del singular, Rodríguez se erige como una figura política autónoma. Ya no habla en nombre de la "Revolución Bolivariana" ni del "Pueblo", sino de su visión y su proyecto. Esta personalización es típica de los líderes que buscan consolidar un nuevo liderazgo tras haber desplazado a su predecesor, buscando crear una marca personal distinta a la del régimen anterior.
La mención a Nicolás Maduro en el texto es quizás el elemento más revelador de la traición sutil. "Ese ha sido siempre el predicamento del Presidente Nicolás Maduro", escribió la Presidenta Encargada. La frase lo relega a un plano referencial, casi histórico.
Al citarlo, parece usarlo como un escudo para legitimar su propia postura ante las bases chavistas, pero el contexto sugiere que él ya no es quien toma las decisiones. Lo invoca como quien cita a un prócer del pasado, mientras ella asume la acción ejecutiva de "extender la invitación" y proponer la "agenda de cooperación". Es la clásica maniobra de "matar al padre" políticamente: honrarlo en el discurso mientras se le entierra en la práctica.


