Entrevista a Daniel Santoro

“Evita no sólo es redistribución de la riqueza, sino la redistribución de los destinos”

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Eva de los humildes Mural realizado por Daniel Santoro y Alejandro Marmo Buenos Aires. Foto: Patricia Damiano.

Daniel Santoro, uno de los autores del mural de Evita en el Ministerio de Desarrollo Social, analizó la simbología del peronismo y la de la propia Eva Duarte, al cumplirse 100 años de su nacimiento.

“El peronismo produce reacciones violentas al poner el capital al servicio del hombre. El problema es cuando se practca el peronismo, no cuando se lo dice. Cuando el ser humano primero reclama su vida y después se pone al servicio productivo. Cuando la felicidad colectiva, la felicidad del pueblo, el reclamo de una comunidad organizada”, señaló entrevistado por Futurock.

Hay una diferenciación del peronismo respecto de la izquierda, que es la visión de lucha de clases, ensayó Santoro: “El peronismo no proletariza, hay un reclamo de felicidad inmediata. Tiene una cuestión fundamental: el peronismo no reclama sacrificios. Nunca hay reclamo de sacrificios, ni revolucionarios, ni capitalistas”.

“En el sentido de la inmediatez no hay meritocracia en el peronismo, que es uno de los grandes traumas que provoca el peronismo. Nos merecemos todo por estar en este mundo”. Eso lo cumple a rajatabla Eva Perón. Cumple la doctrina y la lleva por la vía rápida. La Ciudad Infantil era el modelo revolucionario de Eva Perón, la pequeña utopía cumplida. En la  Ciudad había dormitorios con pisos de roble importado, cortinas de voile suizo, era un orfanato transformado en la utopía justicialista. Me lo dijo la enfermera que hacía las compras. Eva les pedía comprar el vouile en los lugares más caros y ella chequeaba en la mañana temprano que fuera realmente suizo”, contó Santoro.

En el folleto de propaganda había una foto de ese dormitorio con una foto que decía: “Para que nuestros chicos pobres no tengan nada que envidiarle a los hijos de la oligarquía”. “Eso es arrasador. Eva Perón politiza la envidia. Eso no lo hizo nunca nadie. La envidia es un sentimiento inconfesable con el que todos comerciamos. Ella pensó que si los chicos no envidiaban no se les iba a enfermar el alma”.

“Eva quería curar el alma de los niños, lo que hay detrás es un concepto nuevo. No sólo la redistribución de la riqueza, sino la redistribución de los destinos. Eso es impresionante. A vos te había tocado pobre ahora te va a tocar rico. Ahí es donde ella clava su puñal más profundo. La violación del cadáver de Evita comienza ahí. La envidia es un comercio. Yo me dejo envidiar, y al otro no le queda más remedio que envidiar en silencio. Eva corta esa cadena”, agregó el artista.

Completó Santoro: “El peronismo ha mutado en todo este tiempo, pero el antiperonismo, que es un trauma social, siempre es el mismo. La némesis es siempre la misma. Y ella encarna la parte veloz, urgente, la parte violenta también. Eva no era la glamorosa y de los vestidos Dior. La última Eva es una radicalizada que quiere desmontar la ciudad y hacer que cada ladrillo confiese que es peronista”.

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