
El peronismo consiguió aprobar en las dos cámaras del Congreso sendos proyectos de repudio al golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia. El oficialismo desairó el pedido de la Casa Rosada: se abstuvo en Diputados y en el Senado se dividió entre el rechazo y la abstención. El presidente Mauricio Macri perdió liderazgo en su espacio político antes de entregar el mando.
La estrategia requerida por el mandatario (votar en contra del proyecto del Frente de Todos y mantener la cautela respecto al proceso que derivó en un nuevo gobierno autoproclamado en Bolivia) sucumbió frente a los intereses de los sectores del radicalismo que disputan el poder partidario. En Diputados, el bloque planteó un proyecto alejado de la línea condescendiente con los sublevados contra Morales de la Casa Rosada.
Expresaba el repudio a “los ataques contra el sistema democrático” en Bolivia y consideraba “condenables” las intervenciones policiales y militares en el proceso político.
“La América Latina durante décadas se ha caracterizado por la reiteración de golpes de Estado que instauraron regímenes dictatoriales. Esta situación que hace más de 30 años empezamos a superar, con la Argentina a la vanguardia, nos compele como Congreso de la Nación a expresar que nunca más la región debe volver al camino de los golpes de Estado. Debemos expresar nuestro enfático repudio al más mínimo atisbo de que estamos frente a esta situación”, promovía.
El proyecto no se llegó a votar porque el Frente de Todos levantó la sesión tras la aprobación de la iniciativa propia. En ese texto condenó lisa y llanamente el golpe de Estado contra Morales. Sin fisuras en la tropa propia, el peronismo forzó un debate parlamentario inconveniente para el oficialismo.
La postura a tomar frente al caso Bolivia dividió las aguas en la interna de Juntos por el Cambio. Mientras Macri demostró condescendencia con los opositores a Morales, un sector del radicalismo los consideró parte de un golpe de Estado y otro grupo de ese partido adoptó una postura intermedia.
La cuestión Bolivia no quedó ajena a la confrontación interna por los espacios de poder con orden de desalojo firmada por las urnas. La disputa entre los que pretenden resistir el desalojo y los que pugnan por la ejecución para ocupar el vacío empezó antes de que concrete el descenso del poder al llano. Hay tres sectores diferenciados. Cada uno planteó una visión propia sobre Bolivia.
El tratamiento parlamentario apuró las negociaciones en pos de una visión común. La definición fue adversa para el macrismo duro. En el senado, la tropa de Juntos por el Cambio se dividió: los seis macristas votaron en contra de la condena al golpe y los seis radicales se abstuvieron.
En Diputados, la alianza oficialista logró la unidad, pero en torno a una opción distinta a la pretendida por Macri: se abstuvieron, cuando el presidente instó a votar en contra de la condena impulsada por el peronismo.
Los bandos están perfilados
Macri se ilusiona con mantener el liderazgo en la oposición amparado en el 40 por ciento que sacó en las elecciones. Ese caudal a secas no es despreciable, aunque su valor está expuesto a condiciones inestables, con riesgo de devaluación. En el Pro, está expectante por el mismo lugar el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, Y en la UCR hacen fila.
El histórico operador del radicalismo, Enrique Coti Nosiglia está en plena construcción de su estrategia para despojar a Macri. Por ahora, apaña a dos delfines con potencial electoral: el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y el economista porteño Martín Lousteau. No la tiene fácil ni siquiera en la interna chica.
El cordobés Mario Negri y el formoseño Luis Naidenoff no están dispuestos a cederle el poder del radicalismo a Nosiglia. Se plantaron para dar pelea con el apoyo de los gobernadores Gerardo Morales, de Jujuy, y Gustavo Valdés, de Corrientes. Este sector tiene mejor llegada al macrismo duro que el de Nosiglia.
La pelea entre los dos bandos radicales está centrada en la presidencia del bloque de diputados. Negri acompañó a Macri en ese cargo desde el principio del mandato y no lo quiere dejar en la oposición. Cornejo saltará de la gobernación al Congreso con la idea fija de desplazar al cordobés. Corre desde atrás, pero la carrera recién empieza.
El macrismo duro, poco dispuesto a ceder poder a los aliados, saca cuentas. Con Negri como referente del radicalismo tendría un aliado en caso de que Macri llegue con chances de ir por la Presidencia en 2023. Con Nosiglia al mando del partido centenario, hay más probabilidades para que la candidatura dependa de una interna contra Cornejo o Lousteau.
Otro sector del Pro, más proclive a la negociación y la integración de las fuerzas aliadas al centro de las decisiones, teme una ruptura. "Mantenernos juntos en la oposición es prioritario", antepone el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, referente de esta línea de pensamiento dentro del macrismo, cuando le consultan por el futuro de Juntos por el Cambio.