Por el desplome del consumo

Tía Maruca cierra su planta en San Juan y se abre un conflicto por las indemnizaciones

Es una de las empresas de galletitas con mayor presencia en el mercado argentino. Confirmó el cierre definitivo de su planta de producción por la caíde del consumo.

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La decisión de la empresa alimenticia Tía Maruca de cerrar su planta en Albardón, San Juan, marca el final de un ciclo productivo que durante casi dos décadas fue uno de los principales motores industriales del departamento. El establecimiento, que desde 2017 fabricaba para la compañía tras la adquisición de las instalaciones de Dilexis, deja de operar en un contexto de retracción del consumo y caída de las ventas en el mercado interno.

La retracción del mercado interno golpeó a distintos sectores de la industria alimenticia y obligó a varias empresas a revisar sus estructuras de costos y producción.Apoyanos en Cafecito.

En el caso de Tía Maruca, la planta sanjuanina operaba durante los primeros meses de 2026 con un nivel de utilización cercano al 52% de su capacidad instalada. Ese porcentaje implicó una menor producción respecto de su potencial y generó un incremento del costo por unidad elaborada.

La reducción del volumen de fabricación afectó directamente la estructura de costos de la compañía, que debió afrontar gastos fijos con una producción considerablemente menor. La combinación de menores ventas, aumento de los costos operativos y baja utilización de la capacidad instalada terminó derivando en la decisión de discontinuar las operaciones en Albardón.

Impacto laboral y social

La medida tiene consecuencias inmediatas sobre el empleo y la actividad económica de la región. La empresa inició el proceso de desvinculación de los trabajadores mediante el envío de telegramas, lo que generó un clima de incertidumbre y tensión.

Tras conocerse la decisión, un grupo de operarios realizó manifestaciones frente a la planta para expresar su rechazo al cierre y reclamar por la situación laboral generada a partir del cese de actividades.

El conflicto se trasladó al terreno gremial. Según señalaron representantes de los trabajadores, las primeras propuestas realizadas por la empresa respecto del pago de las indemnizaciones no se ajustan a lo previsto por la legislación laboral vigente. De este modo, se abrió una disputa que promete extenderse en las instancias administrativas correspondientes, mientras las partes buscan alcanzar un acuerdo sobre las condiciones de desvinculación del personal.

Un predio con historia industrial

La fábrica de Albardón fue adquirida por Tía Maruca en 2017, en una operación que permitió ampliar la capacidad productiva de la compañía. Desde entonces, se convirtió en uno de los principales centros de elaboración de la marca, consolidando un hito en su crecimiento. Sin embargo, la decisión actual marca el final de casi veinte años de actividad industrial en ese predio, que durante ese período fue uno de los principales empleadores privados del departamento.

El cierre no sólo implica la pérdida de puestos de trabajo, sino también el debilitamiento del entramado productivo regional. La planta había sido un símbolo de la capacidad de la industria alimenticia para generar empleo y dinamizar la economía local.

Cruces por las indemnizaciones

El conflicto gremial se centra en el pago de las indemnizaciones. Los trabajadores sostienen que las propuestas iniciales de la empresa no cumplen con lo estipulado por la legislación laboral. La negociación continuará en las instancias administrativas, donde se buscará un acuerdo que contemple los derechos de los empleados desvinculados. Mientras tanto, las manifestaciones frente a la planta reflejan el malestar y la preocupación de quienes ven interrumpida su fuente de ingresos.

Un cierre que refleja la crisis

La decisión de Tía Maruca sintetiza las tensiones que atraviesa la industria alimenticia en un contexto de caída del consumo. La baja utilización de la capacidad instalada, el incremento de los costos por unidad y la imposibilidad de sostener gastos fijos con menor producción son factores que explican el cierre. Pero más allá de los números, el impacto se mide en términos sociales: trabajadores despedidos, familias afectadas y una comunidad que pierde uno de sus principales motores económicos.

El desenlace de las negociaciones por las indemnizaciones será clave para definir cómo se transita este proceso. Lo cierto es que el cierre de la planta de Albardón deja una marca profunda en el mapa industrial de San Juan y expone las dificultades de un sector que enfrenta el desafío de sobrevivir en tiempos de retracción del consumo.

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