
Che, qué esperás?, fue el arranque de anoche de los Divididos en el Ruca Che, promediando las diez de la noche y cuando aún había público en la cola para entrar al estadio del oeste neuquino. El público esperaba todo, el power trío dio todo y mucho más, llevando a sus seguidores al éxtasis en su repaso por los 30 años de su carrera y con el mas precioso moño del final: cuando ya los corazones no daban más llegaron los clásicos de Sumo para todos y todas.
Con Los sueños y las guerras y Haciendo cosas raras Mollo le dio aire a la mecha, y todo explotó con clásicos como Sábado, Qué tal y La rubia tarada, porque en el estadio no cabía un alma, pero sobrevolaba omnipresente la de Luca.
En la cancha bajo el escenario el pogo fue una fiesta total durante dos horas y media. En las plateas y pasillos se bailaba al ritmo del poderoso bajo de Arnedo y la batería implacable de Ciavarella. Después de Paisano de Hurlingam llegó el set acústico: Como un cuento, Espaguetis del rock y Par Mil fueron un remanso al agite, que volvió con la chacarera inspirada en un escrito de Eduardo Galeano, Huelga de Amores, acompañada como en una peña con palmas por todo el Ruca Che. El Arriero completó el tributo a los ritmos folclóricos y siguió Nene de antes.
El cover de Pappo Sucio y Desprolijo y Amapola del 66 pasaron también por la lista. Rasputín, Paraguay y El 38 le dieron paso a una despedida para quemar las gargantas: Ala delta, Crua Chan, Next week y el final con El Ojo Blindado fueron todo. Luces calientes atraviesan mi mente. Adónde fuiste. Hay días y días y días y días, y dónde estas vos. Hay minas y minas y minas y minas, y dónde estas vos. No había más aire, ni corazón. Se finí. La gloria.