Luto nacional

Murió el Indio Solari, sostén emocional de generaciones enteras, emblema del rock nacional

El cantante padecía Parkinson; fue miembro fundador y cantante de los grupos Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y El Mister y los Marsupiales Extintos

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Carlos Alberto «El Indio» Solari, uno de los referentes del rock en Argentina, murió esta mañana a los 77 años, a causa del mal de Parkinson que padecía desde hace 10 años aproximadamente, tal como indicaron fuentes oficiales.

La Unidad Fiscal 2 de Ituzaingó se presentó en su hogar para constatar el deceso del artista y, tras informar las averiguaciones por el causante, consideraron que «nada indica o señala» otro motivo.

Emblema del rock

Solari fue una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la historia del rock argentino que alcanzó una dimensión mítica como líder y principal compositor de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un fenómeno cultural que se convirtió en un símbolo de independencia artística y convocatoria popular en la década desde los 70, primero en circuitos del under y luego en los grandes estadios.

Tras la disolución de la banda en 2001, el músico se desempeñó como solista y mantuvo una convocatoria multitudinaria en cada presentación junto a «Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado» y tras bandas como  El Mister y los Marsupiales Extintos.

Nacido en Paraná y criado artísticamente en La Plata, el Indio Solari construyó una carrera única dentro de la música argentina. Con Los Redonditos de Ricota primero y luego junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, protagonizó algunos de los recitales más multitudinarios de la historia del país.

Su fallecimiento marca el final de una era para el rock nacional, pero también revaloriza el legado de un artista que nunca dejó de crear, incluso mientras enfrentaba una enfermedad que él mismo definió como «muy invalidante».

De los sótanos a los estadios, con la misma mística

La trayectoria artística del Indio Solari traza un viaje singular en la cultura argentina, conectando los sótanos del Centro Parakultural, emblema del rock under de los años ´80, con la masividad de los grandes estadios de fútbol que consagraron a su banda, Los Redondos, en un fenómeno popular sin precedentes en Argentina.

El recorrido del cantante refleja también la transformación de una escena cultural marginal en uno de los movimientos musicales más convocantes de la historia del país. Desde sus primeras presentaciones en espacios alternativos hasta los recitales multitudinarios, la figura del Indio quedó asociada a una identidad artística única.

Uno de los vínculos más importantes en la construcción de esa identidad fue el que mantuvo con el Teatro Parakultural, un espacio que reunió a músicos, actores, poetas y artistas que marcaron la contracultura porteña durante la recuperación democrática.

El Parakultural, cuna del universo ricotero

Antes de convertirse en el Centro Parakultural, el histórico sótano de Venezuela 336 funcionaba como el Teatro de la Cortada. Allí, el 30 de diciembre de 1978, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ofrecieron un recital para despedir el año en plena dictadura militar.

Años después, en abril de 1986, Omar Viola y Horacio Gabín refundaron el lugar bajo el nombre de Centro Parakultural. El espacio se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para distintas expresiones artísticas alejadas de los circuitos comerciales tradicionales.

Por sus escenarios pasaron figuras como Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese y Luca Prodan. Los Redondos compartían público y camarines con esos referentes, generando una mezcla entre rock, poesía y teatro performático.

El sótano también quedó inmortalizado porque allí se registró la primera y única entrevista televisiva que el Indio Solari concedió en toda su carrera. Fue para el programa «Subterráneos de Buenos Aires», emitido por ATC.

La convivencia entre músicos y artistas experimentales terminó moldeando buena parte del imaginario ricotero. Las letras cargadas de metáforas, las puestas en escena y el carácter enigmático del Indio encontraron en ese ambiente un terreno fértil para desarrollarse.

De las salas under a las canchas de fútbol

El salto definitivo hacia la masividad llegó durante la década de 1990. Los Redondos comenzaron a trasladar su convocatoria desde teatros y estadios cubiertos hacia escenarios cada vez más grandes.

El histórico show de Los Redondos en Racing 1998.
El primer gran paso ocurrió en el Estadio Tomás Adolfo Ducó de Huracán. En noviembre de 1993, la banda debutó en una cancha de fútbol para presentar el disco doble Lobo Suelto, Cordero Atado. Un año más tarde regresó con dos funciones que reunieron a más de 80.000 personas.

En diciembre de 1998 llegó el turno del Estadio Presidente Perón de Racing Club. Allí presentaron Último Bondi a Finisterre, un trabajo que incorporó sonidos electrónicos y mostró una faceta más experimental sin afectar el fervor de sus seguidores.

La consagración definitiva se produjo en abril de 2000 en el Estadio Monumental de River Plate. Más de 140.000 personas asistieron a las dos funciones que marcaron el punto más alto de convocatoria en la historia de la banda.

Fue durante el cierre del segundo recital cuando el Indio pronunció una frase que quedó grabada para siempre en la cultura popular argentina: «Vamos a hacer lo que la prensa ha dado en llamar el pogo más grande del mundo». Instantes después, miles de personas saltaron al mismo tiempo durante «Ji ji ji», transformando el momento en una postal histórica del rock nacional.

La mística de las «misas ricoteras»

Los recitales de Los Redondos trascendían el hecho musical. Días antes de cada presentación, miles de seguidores llegaban a las ciudades sede, acampaban en las inmediaciones y convertían los alrededores de los estadios en verdaderas celebraciones colectivas.

Los Redondos tocaron en el Estadio Monumental en abril del 2000 con un lleno total.

Las tribunas se cubrían de banderas y los recitales adquirían una dimensión ritual que llevó a que los propios fanáticos bautizaran esos encuentros como las «misas ricoteras».

El fenómeno alcanzó tal magnitud que años después, durante los primeros conciertos solistas del Indio en el Estadio Ciudad de La Plata, se registraron picos sísmicos coincidentes con la interpretación de «Ji ji ji», producto de miles de personas saltando de manera sincronizada.

La última gran escala de Los Redondos llegó en abril de 2001 en el Estadio Centenario de Montevideo. Allí presentaron Momo Sampler ante miles de seguidores argentinos y uruguayos. Pocos meses después, la banda iniciaría el camino hacia una separación definitiva.

Del oscuro sótano del Parakultural a los estadios colmados de River, Racing, Huracán y el Centenario, la historia artística del Indio Solari quedó marcada por una evolución única que convirtió a una banda nacida en el under en uno de los fenómenos culturales más importantes de la música argentina

 



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