Tras los escándalos que precedieron la abdicación de Juan Carlos, el nuevo rey promete "ejemplaridad y trasparencia"

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A las cero horas local del jueves entró en vigor en España la ley de abdicación que horas antes sancionó con su firma su padre, Juan Carlos I, por lo que Felipe de Borbón ya es rey de España. En su primer discurso, dedicó algunas palabras a la región Iberoamericana.

"Con los países iberoamericanos nos unen la historia y lazos muy intensos de afecto y hermandad", destacó minutos después de jurar su cargo ante la Constitución española en el Congreso de los Diputados, en Madrid.

Desde hoy, Felipe toma el lugar del hombre que reinó durante los últimos 39 años en España, desde la muerte del dictador Francisco Franco en 1975 y dejó oficialmente el trono en manos de su hijo.

"En las últimas décadas, también nos unen intereses económicos crecientes y visiones cada vez más cercanas sobre lo global. Pero, sobre todo, nos une nuestra lengua y nuestra cultura compartidas", declaró y agregó: "Un activo de un inmenso valor que debemos potenciar con determinación y generosidad".

Su gran debut ante los socios latinoamericanos de España será en diciembre, en la Cumbre Iberoamericana de Veracruz, en México.

Impulsar este foro siguiendo los pasos de su padre, que tan solo faltó a la cita en 2013 por motivos de salud, es uno de los retos a los que se enfrenta a partir de ahora Felipe en la región

En sus primeras palabras proclamadas como rey, Felipe VI garantizó que sabrá hacer honor a su juramento a la Constitución y que será un jefe del Estado "leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar”.

Horas antes del discurso proclamado por el flamante rey, Juan Carlos, de 76 años, había protagonizado en el Palacio Real de Madrid su último acto como jefe de Estado: la firma de la ley con la que termina su reinado, 16 días después de haber anunciado su renuncia.

Entonces, Felipe VI, de 46 años, fue proclamado rey de España, en una ceremonia sobria y austera en el Congreso de los Diputados, en el centro de Madrid. A ella no asistió su padre, se dice que para cederle todo el protagonismo.

Sí estuvo su madre, la reina Sofía; su mujer, la ya reina Letizia, y sus dos hijas, Leonor y Sofía. Leonor, la primogénita con ocho años, es desde la medianoche princesa de Asturias, el título de heredera que hasta ahora llevaba Felipe.

 

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Guiño a Catalunya y los vascos

Un "rey constitucional". Así se ha definido este jueves Felipe VI durante el discurso que ha pronunciado en el Congreso de los Diputados en su primer día de reinado y con motivo de la ceremonia de su proclamación, en la que ha insistido en que él representa la regeneración de las instituciones que reclama la ciudadanía. El nuevo jefe de Estado ha remarcado hasta en dos ocasiones que lo que traerá su mandato será "una monarquía renovada para un tiempo nuevo".

Durante su discurso, que ha estado plagado de mensajes políticos pese a su supuesta neutralidad, y que se ha prolongado durante unos 25 minutos, el rey ha repasado los principales asuntos que protagonizan la actualidad política. Así, ha hecho alusión al debate abierto tras la abdicación de su padre respecto al modelo de Estado, ha reivindicado la necesidad de regenerar y abrir las instituciones, ha hecho mención a la necesidad de buscar soluciones al desempleo juvenil, y ha abogado por la "unidad" ante los movimientos ciudadanos surgidos en Catalunya o Euskal Herria que reivindican la independencia.

"Quiero reafirmar, como rey, mi fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo", ha dicho. Pero a renglón seguidó, ha matizado que "unidad que no es uniformidad". La diversidad del Estado, ha dicho, "engrandece" la historia española y "debe fortalecer" a los ciudadanos. "Esa suma, esa interrelación entre culturas y tradiciones tiene su mejor expresión en el concierto de las lenguas", ha considerado.

Machado, Espriu, Aresti o Castelao

A su juicio, junto al castellano "las otras lenguas de España forman un patrimonio común que, tal y como establece la Constitución, debe ser objeto de especial respeto y protección", pues "las lenguas constituyen las vías naturales de acceso al conocimiento de los pueblos y son a la vez los puentes para el diálogo de todos los españoles". "Así lo han considerado y reclamado escritores tan señeros como Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao", ha señalado. Este, la referencia a esos escritores, ha sido el primer guiño a esas culturas catalana, vasca y gallega. Pero si bien ha sido más discreto de lo esperado, el gesto definitivo ha constituido su despedida. Ha dicho gracias en català, euskera y gallego.

Felipe VI ha hecho su particular labor de oposición a las fuerzas nacionalistas, que son las mayoritarias en Euskadi o Catalunya. Les ha dicho que en esa España, "unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos". "Caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español. Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir", ha remachado. Él ha abogado por que las distintas sensibilidades trabajen "todos juntos", si bien "cada uno con su propia personalidad y enriqueciendo la colectiva".

Promete transparencia

Frente al importante movimiento republicano surgido tras la abdicación de Juan Carlos de Borbón, el rey ha defendido la monarquía parlamentaria. Porque, según él, "la independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles".

Pero habrá cambios. Felipe VI parece haber tomado nota de los grandes errores cometidos por su padre y ha prometido buscar "la cercanía de los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza". Ha prometido, por ello, "observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social". "Sólo de esa manera", ha dicho, "se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones". "Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos", ha insistido.

Fuente: Público.es/Télam

 

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