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La Comisión Disciplinaria de la FIFA impuso una multa de 10.000 dólares por considerar que se utilizó un evento deportivo para una manifestación ajena al deporte, específicamente por el despliegue de la bandera "Las Malvinas son Argentinas" tras la semifinal.

El gesto, ocurrido en un partido cargado de simbolismo histórico, reavivó el debate sobre los límites entre la pasión futbolera y las reivindicaciones soberanas.
Después de la victoria argentina por 2-1 ante Inglaterra en las semifinales en Atlanta, futbolistas como Lisandro Martínez, Giovani Lo Celso y Cristian Romero desplegaron una bandera que había sido arrojada desde las tribunas durante los festejos posteriores al triunfo.
Específicamente por la bandera: US$10.000 de multa fue el monto establecido por la Comisión Disciplinaria por ese hecho concreto.
La semifinal entre Argentina e Inglaterra no fue un cruce cualquiera: la rivalidad deportiva se mezcló con la memoria de la Guerra de Malvinas y con décadas de tensión diplomática. La bandera desplegada por jugadores y parte del cuerpo técnico durante la celebración fue interpretada por la FIFA como un acto político explícito.
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Consecuencias adicionales
- La Selección deberá disputar sus próximos dos partidos como local con una reducción del 50% del aforo.
- US$100.000 deberán ser destinados a iniciativas vinculadas con la lucha contra la discriminación.
Sanciones a jugadores
Leandro Paredes recibió diez partidos de suspensión y multa de US$90.000; Nahuel Molina siete encuentros y US$90.000; Thiago Almada un partido y US$30.000; y Roberto Ayala tres partidos y US$30.000.
Antecedentes
En 2014, la FIFA multó a la AFA con US$33.000 porque los jugadores se sacaron fotos con un cartel que también reivindicaba la causa Malvinas.
Reacciones en Argentina
La AFA evitó un pronunciamiento inmediato, mientras que en redes sociales y medios locales la sanción fue leída como un gesto de censura. Para algunos, la multa es un intento de “despolitizar” un escenario que inevitablemente está atravesado por la historia. Para otros, se trata de una advertencia sobre el uso del fútbol como plataforma de reivindicaciones nacionales.
La decisión expone una contradicción recurrente: la FIFA proclama neutralidad política, pero sus torneos se convierten en escenarios donde las identidades nacionales se expresan con fuerza. El caso argentino reabre la discusión sobre si la disciplina deportiva puede aislarse de los conflictos históricos y las demandas soberanas.
