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“La Selección Argentina encarna la relación que tiene la mayoría de la sociedad con la política: una profunda desconfianza y distancia hacia los dirigentes”, sintetizó el sociólogo Pablo Semán la postura que aleja al plantel y cuerpo técnico de los pronunciamientos pretendidos por las facciones enfrentadas en la disputan el poder, que no suman más del 15 por ciento de la sociedad.
Semán consideró que la Selección funciona como un espejo donde se proyectan anhelos colectivos, desgarros sociales y la necesidad de reconocerse como comunidad. En un país fragmentado y conflictivo, el equipo de Lionel Scaloni ofrece una escena de encuentro afectivo y valores compartidos —habilidad, superación, cooperación— que contrasta con la polarización cotidiana.

Advirtió que las movilizaciones que despierta el Mundial obligan a detenerse y a preguntarse qué estamos viendo: ¿una simple euforia deportiva o la expresión de una sociedad que busca símbolos de unidad sin someterse a banderías partidarias?, se planteó.
Semán cuestionó que los especialistas, entre los que se incluyó, suelen creerse capaces de comprender la sociedad y, sin embargo, se sorprenden ante su complejidad. “La verdad es que no sabemos nada”, espetó.
La impronta marcada por la despolitización, que cada tanto le endilgan a la Selección desde los sectores más ideologizados, responde a la gambeta permanente a la representación de intereses en tensión entre las facciones políticas. No obstante, esa línea de conducta no implica la inmunización política de los héroes del fútbol nacional. Lejos de eso, los seleccionados no esquivan comprometerse con causas que reúnen el consenso de la sociedad, como la de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o la de Malvinas.
A imagen y semejanza de la sociedad
Semán advirtió que los pronunciamientos políticos de la Selección son independientes de los intereses de los partidos políticos. Entonces, el despliegue de la bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas” al término de la semifinal del Mundial, que Argentina le ganó a Inglaterra 2 a 1, no convierte al equipo en opositor ni en oficialista.
El gesto, según el intelectual, no implica que se haya limado la distancia de los jugadores y el cuerpo técnico con la disputa por el poder. La voluntad del equipo de no quedar atrapado en las grietas del odio está intacta, como la tensión con la neutralidad formal que plantea la FIFA.
En tiempos de Mundial, definió Semán, la Selección no solo juega: ofrece una imagen posible de nosotros mismos, una versión colectiva que busca reconocerse con afecto y dignidad.
Entrevista
-Pregunta: ¿Cómo estás viviendo este momento mundialista y el triunfo ante Inglaterra?
Pablo Semán: Personalmente, estoy en suspenso hasta el domingo. Me resulta muy difícil entender la situación, porque parto de la premisa de que quiénes somos especialistas o estamos en los medios de comunicación nos atribuimos la capacidad de comprender la sociedad, pero en realidad no entendemos nada; vivimos sorprendidos. Nuestras sociedades han cambiado dramáticamente. Las movilizaciones que genera el Mundial deberían llamarnos la atención y ponernos en una posición de incomprensión antes de ensayar respuestas automáticas.
Creo que hay una relación muy importante entre una sociedad heterogénea y conflictiva, y una Selección que tiene la capacidad de "espejar" a esa sociedad y darle una imagen de sí misma. El grupo y el técnico saben que le ofrecen a la sociedad una imagen con la cual identificarse, presentándonos en nuestra mejor versión, más allá de nuestros conflictos. Los jugadores no quieren ponerse en las grietas de odio; proponen una escena donde los argentinos se reconocen como comunidad con afecto y valores positivos (habilidad, superación, cooperación).
-Pregunta: Se adujo por mucho tiempo una falta de compromiso político de los jugadores, pero de repente apareció la bandera de "Las Malvinas son argentinas". ¿Qué lectura hacés de esto?
Pablo Semán: La exigencia de posicionamientos políticos hacia la Selección provenía solo de una parte de la sociedad. La Selección siempre evadió representar a las facciones políticas, y me parece bien. Sin embargo, sí se ha pronunciado sobre cuestiones de amplio consenso social (por ejemplo, la causa de las Abuelas de Plaza de Mayo y ahora Malvinas).
No hay que creer que por intervenir sobre Malvinas la Selección se volvió opositora. Al ser "despolitizada", más bien encarna la relación que tiene la mayoría de la sociedad argentina con la política: una profunda desconfianza y distancia hacia los dirigentes. Además, la actitud del equipo desborda la falsa neutralidad que propone la FIFA, que venía funcionando muy alineada con los intereses británicos.
-Pregunta: ¿Messi ya es más un símbolo cultural que un futbolista para los argentinos?
Pablo Semán: Es un símbolo cultural importantísimo, cada vez más positivo y legítimo. Pero al mismo tiempo, es cada vez más futbolista. A sus 39 años, donde la curva de rendimiento suele decrecer, Messi está pleno, explotando de posibilidades. Corre más rápido que en el mundial anterior, cambió su dieta y funciona como el verdadero técnico dentro de la cancha, organizando el fútbol y leyendo por dónde entrar.
