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El INDEC informó que la tasa de desempleo en Argentina se ubicó en 7,8% durante el primer trimestre de 2026, lo que equivale a 1,1 millones de personas sin trabajo. El dato oficial muestra una leve suba respecto del 7,5% registrado a fines de 2025 y parece sugerir que el mercado laboral mantiene cierta estabilidad. Sin embargo, para los investigadores del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, esa cifra es apenas la punta del iceberg.
Según el sociólogo Agustín Salvia, director del Observatorio, el desempleo real se acerca al 28% o incluso al 30%. La diferencia radica en la metodología: el INDEC mide solo a quienes buscan empleo de manera activa, mientras que la UCA incorpora a quienes sobreviven con changas, trabajos de subsistencia o autoempleo forzado. “Hoy tenés un 30% de la fuerza de trabajo en Argentina de alta productividad, pero un 70% de subproductividad”, explicó Salvia, marcando la fractura estructural del mercado laboral.
Una década de deterioro
El informe de la UCA señala que en los últimos diez años desaparecieron cerca de un millón de puestos registrados, y la mitad de esa caída se concentró en los últimos tres. Lo que reemplazó a esos empleos formales no fue trabajo de calidad, sino cuentapropismo precario. El 29% de quienes quedan desempleados termina realizando alguna changa para sostener sus ingresos, en un esquema de supervivencia más que de desarrollo.
Plataformas digitales: mito y realidad
Aunque el discurso oficial suele destacar a las plataformas digitales como motor del empleo moderno, la UCA relativiza su peso: repartidores y conductores de apps representan apenas entre el 6% y el 7% de la fuerza laboral. En cambio, el universo de vendedores ambulantes, trabajadores eventuales y changarines alcanza entre el 25% y el 30%. La economía de plataformas es visible, pero es apenas una fracción del problema real.
Trabajar endeudados
El informe también expone un fenómeno alarmante: el endeudamiento de los trabajadores informales. Muchos repartidores acumulan pasivos cercanos a los $900.000 con las propias plataformas, que les financian motos y bicicletas. El resultado es un círculo vicioso: trabajar endeudados para poder seguir trabajando.
La fractura social
El cuentapropismo no es homogéneo. Existe un segmento de profesionales de la economía del conocimiento que elige la autonomía y mejora sus ingresos. Pero la UCA advierte que ese grupo es la excepción. La mayoría de los independientes se concentra en actividades de supervivencia ligadas a servicios personales, producción artesanal y venta callejera, con bajos ingresos y sin protección laboral. Una fractura social que se profundiza cada vez que alguien sale a vender en la calle porque no encontró otra opción.
