Tiempo estimado de lectura: 2 minutos, 47 segundos

En un tablero minero cada vez más competitivo y en contexto de la transformación de Argentina en una economía de enclave, la empresa canadiense McEwen Copper avanza decididamente en la evaluación de un "Plan B" energético para el proyecto de cobre Los Azules: la utilización del tendido eléctrico y la ingeniería que el gobernador Alfredo Cornejo diseñó originalmente en Mendoza para el proyecto San Jorge (PSJ Cobre Mendocino).
Esta drástica alternativa surge como respuesta a la creciente incertidumbre en San Juan, luego de que el ente regulador unificado ENREge otorgara al proyecto Vicuña —controlado por la canadiense Lundin Mining y la australiana BHP— la prioridad de reserva del 90% de la capacidad incremental de las nuevas obras de transporte de la línea de 500 kV, dejando a Los Azules con un margen mínimo para su fase inicial de operación.
Frente a este revés en territorio sanjuanino, el guiño político y técnico de Mendoza se convirtió en una real alternativa para McEwen, reconfigurando la integración energética de la región bajo la premisa de abaratar costos compartiendo infraestructura.
El guiño de Cornejo a las mineras
La confirmación de esta vía de escape llegó directamente de boca del mandatario mendocino durante el encuentro binacional "Cordillera que une", celebrado en Los Andes, Chile. Allí, Cornejo no solo defendió que el Estado debe adelantarse al sector privado en obras clave, sino que destacó el avance de la Estación Transformadora Mendoza Norte, actualmente en proceso de licitación.
En ese marco, lanzó el mensaje que resonó con fuerza en San Juan: la red proyectada para abastecer a Uspallata y a PSJ Cobre Mendocino "podría proveer quizás con altísima seguridad a los proyectos del sur de San Juan... con energía desde Mendoza".

Para Los Azules, este Plan B se traduce en el tendido de una línea independiente de 220 kV en la que participa YPF Luz. Lo que nació como una contingencia secundaria ante la decisión del ENREge —cuyo veredicto final definirá el rumbo de la región— está a un paso de transformarse en la estrategia principal de abastecimiento de McEwen Copper para garantizar su producción de cobre hacia finales de la década.
Vicuña le compró a China una ciudad ensamblada
Mientras Los Azules busca resolver su encrucijada mediante alianzas interprovinciales de infraestructura, su principal competidor por la energía, el gigantesco proyecto Vicuña en el norte sanjuanino, expone de manera cruda otra faceta del desarrollo minero en el país: la consolidación de las economías de enclave y la optimización extrema de sus costos corporativos.
El consorcio transnacional integrado por Lundin Mining y BHP ha decidido importar una mini-ciudad prefabricada completa desde China, diseñada para albergar a unos 5.000 operarios en las hostiles condiciones de la alta cordillera.
La estructura modular, compuesta por casas contenedor de alta tecnología, fue adjudicada a través de una licitación privada por un total de 52 millones de dólares a las corporaciones asiáticas PowerChina y Beijing Chengdong. La justificación de la minera para esta monumental importación se basó estrictamente en la rentabilidad financiera, dado que la oferta de la industria metalúrgica y constructora argentina más cercana ascendía a los 70 millones de dólares. Al optar por la alternativa extranjera, la compañía maximizó el ahorro corporativo inmediato, aislando su cadena de valor del entorno nacional y operando bajo una lógica global.
Chau al compre nacional y el empleo local
Esta maniobra de optimización transnacional ha desatado una intensa polémica en el entramado industrial y laboral argentino. Cámaras empresariales de la construcción y gremios locales alzaron su voz de queja debido a que el modelo "llave en mano" internacional implementado por Vicuña genera apenas unos 50 puestos de trabajo temporales destinados exclusivamente al montaje y encastre de los módulos. De este modo, se neutraliza la oportunidad de crear cientos de empleos directos y calificados en la construcción tradicional de los obradores, un beneficio histórico esperado por las comunidades cercanas.
El caso de Vicuña ilustra a la perfección el funcionamiento de una economía de enclave moderna en territorio argentino: un espacio geográfico delimitado donde grandes corporaciones internacionales explotan recursos naturales de alto valor exportable, pero cuyas decisiones operativas minimizan los eslabonamientos productivos con el país anfitrión. La infraestructura y la mano de obra local quedan relegadas frente a paquetes logísticos cerrados provenientes de las grandes potencias industriales como China.
Consecuencias de la apetencia por el cobre
En definitiva, el escenario actual del cobre expone dos realidades paralelas en la cordillera. Por un lado, la búsqueda de optimización mediante la infraestructura compartida interprovincial, como el corredor Mendoza-San Juan que evalúa McEwen Copper. Por el otro, la optimización global de costos que practica el consorcio de Vicuña, importando ciudades prefabricadas. Ambos fenómenos ponen en debate los verdaderos términos del derrame económico y el desarrollo minero en la Argentina contemporánea.
