Mientras explota Vaca Muerta

Paolo Rocca ejecutó 150 despidos en la plantra de Tenaris que fabrica los caños para ductos

La empresa del Grupo Techint prepara la desvinculación de 150 trabajadores contratados en su planta de Valentín Alsina. Desde abril se aplicaban suspensiones rotativas.

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Paolo Rocca es el dueño de una de las principales fortunas del país.

La planta de Tenaris SIAT, ubicada en Valentín Alsina, partido de Lanús, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. La empresa del grupo Techint, propiedad de Paolo Rocca, notificó la baja de 150 trabajadores contratados, medida que se hará efectiva desde el 1° de julio y que representa casi la mitad del personal bajo esa modalidad. En total, la fábrica cuenta con unos 350 empleados, que desde abril venían sosteniendo la producción con un esquema de suspensiones rotativas.

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El anuncio cayó como un balde de agua fría en el corazón industrial del conurbano bonaerense. Los delegados de la UOM Avellaneda–Lanús, Dylan Paz y José Villa, confirmaron la decisión y expresaron su rechazo. “El costo de esta situación lo tiene que pagar la empresa, que es una multinacional y tiene la espalda para hacerlo, no los trabajadores”, planteó Paz. Villa, por su parte, advirtió: “No hay tranquilidad para el que queda en la calle, no hay tranquilidad para el que queda en el puesto de trabajo”.

El trasfondo empresarial

La medida se inscribe en un contexto de derrotas estratégicas para Tenaris. A principios de año, la compañía perdió la licitación para proveer los caños del gasoducto Vaca Muerta–Río Negro, adjudicada a la firma india Welspun por 203 millones de dólares, frente a los 280 millones ofertados por Techint. A esa caída se sumó la exclusión de la UTE Techint–Sacde de la licitación para la construcción del gasoducto de 471 kilómetros, que quedó en manos de Victor Contreras–SICIM.

La planta de Valentín Alsina, que durante la construcción del Gasoducto Perito Moreno en 2023 llegó a emplear más de 550 trabajadores en tres turnos, arrastra una merma de actividad desde fines de 2025. Sin proyectos de gran envergadura, la línea productiva sobrevivía con suspensiones, hasta que la empresa decidió avanzar con los despidos.

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El impacto social y sindical

Los trabajadores afectados tienen más de cuatro años de antigüedad y fueron parte de la etapa de expansión de la planta. “A costa de su esfuerzo esta empresa ganó mucha plata”, recordó Paz. La bronca se mezcla con la incertidumbre: mientras en Vaca Muerta se registra un récord de perforaciones y un nivel de actividad sin precedentes, la fábrica de caños se vacía. La explicación, según los delegados, está en la política de apertura indiscriminada de importaciones que impulsa el gobierno nacional, lo que deja a la industria local en desventaja.

El reclamo sindical es claro: mantener el esquema de suspensiones hasta fin de año para evitar despidos, con la expectativa de que en octubre, cuando se abran nuevas licitaciones, la planta pueda retomar contratos vinculados a la expansión de Vaca Muerta. “Los trabajadores no quieren entrar en un conflicto, quieren trabajar”, insistió Villa, quien llamó a la unidad de todas las fuerzas políticas y sindicales para enfrentar la situación.

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La política y la “cultura del trabajo”

El conflicto también expone la tensión entre el discurso empresarial y la realidad. Villa recordó las palabras de Rocca en un asado de fin de año, cuando habló de una “cultura del trabajo”. “¿Cuál es la cultura del trabajo? ¿Descartar a los trabajadores ante la primera adversidad?”, se preguntó. La frase sintetiza el malestar de los operarios, que sienten que la empresa traslada a sus espaldas el costo de las derrotas en las licitaciones y de su enfrentamiento con el gobierno de Javier Milei.

La UOM reclama la intervención del gobierno bonaerense, que en otras oportunidades medió en conflictos fabriles. Mientras tanto, los despedidos y sus compañeros organizan protestas y asambleas frente a la planta, con el apoyo de seccionales y organizaciones sociales. “Sólo con la unidad de los compañeros vamos a poder sacar adelante este problema”, concluyó Paz.

Un oficio en resistencia

La crisis de Tenaris SIAT es también la radiografía de un oficio en resistencia. El periodismo sindical y las voces de los trabajadores ponen en escena un panorama donde la precarización laboral, la apertura de importaciones y la lógica empresarial de ajuste se combinan para erosionar derechos. En Valentín Alsina, el golpe de Rocca no es sólo un número: son 150 familias que quedan en la incertidumbre, y una comunidad que ve cómo se desmantela una de sus fábricas emblemáticas.

La lucha recién comienza. Los delegados advierten que será “larga y dura”, pero insisten en que el objetivo es claro: defender cada puesto de trabajo frente a una multinacional que, pese a su poder económico, decidió que la salida sea el despido masivo. En el corazón del conurbano, la palabra resistencia vuelve a ser bandera.

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