Chau Billiken: "La Revolución de mayo fue un triunfo de la oligarquía terrateniente, un cambio de dominadores"

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Por Cecilia Toledo
Para Infonews

Era febrero de 1810, otro mundo. España, golpeada por la llegada de Napoléon, perdía a su rey, Fernando VII, que caía preso. El monarca manejaba los destinos del Virreinato del Río de La Plata mediante sus enviados. En 1810 Baltasar Hidalgo de Cisneros era el virrey. Pero ahora, preso el rey, perdía autoridad. Muchos criollos vieron la oportunidad de deshacerse del dominio español. Cisneros cedió a las presiones y convocó a un Cabildo Abierto. El virrey intentaba mantenerse en el poder pero las milicias y el pueblo, reaccionaron. Y a Cisneros no le quedó otra que renunciar. Era 25 de mayo de 1810 y Buenos Aires formaba su primer gobierno patrio: una junta en el Cabildo sin presencia española.

Así es la historia resumida. La que se enseña en las escuelas. La que se escucha en los actos patrios. Pero en el mundillo de los historiadores, no hay tanto consenso acerca del 25 de mayo de 1810. Y una pregunta altera los ánimos de los revisores del pasado. ¿Hubo, o no, revolución de Mayo?

“La Revolución de Mayo no llega a ser una verdadera revolución”, arriesga Pacho O´Donnell. Y sacude el tablero de la historia oficial, la de manuales, libros y discursos escolares. “No se produce un recambio profundo en la estructura económica y social de la época”. Más bien “fue el triunfo de la oligarquía terrateniente y libre cambista de Buenos Aires. Un recambio de dominadores, un cambio de guardia”, explica O´Donnell.

“En historia no existen verdades” dicen los hombres y mujeres que estudian el pasado. Por eso, sobre un mismo hecho se tejen infinitas lecturas. Podrían existir tantos 25 de mayo, tantos 9 de julio, tantos 17 de agosto, como historiadores sean consultados. Sólo dependerá de la lupa con la que se mire los hechos.

“Cuando se observa cómo estaba conformada la Junta de Mayo, se ve que eran comerciantes españoles y criollos que se juntaron en una alianza estratégica para romper con el monopolio económico de España”, cuenta el autor de Artigas, la versión popular de Mayo. Y recuerda en su charla con INFOnews que tiene guardado un documento de 1812 en el que lo revolucionarios de la época prometen devolverle el poder a Fernando VII cuando sea liberado. Dos años después de la llamada revolución “seguían fingiendo fidelidad a los reales. Fue una estrategia: no hacer pública la propuesta independentista”, cuenta el médico e historiador. Pero detrás del disimulo de los anhelos de ruptura, quizá existió una intención real de continuar bajo el yugo de la Corona.

Otra es la postura de Fernando Barba, historiador y vicepresidente de la Academia Nacional de la Historia Argentina. “La Revolución de Mayo es la única Revolución que hubo en Argentina”, asegura a INFOnews, con la aclaración de que en ese momento Argentina no era lo que es hoy, sino territorio del Virreinato del Río de La Plata. Barba cuenta que el 25 de mayo de 1810 se produjo el “nacimiento de la nación, porque antes éramos colonia” y reconoce que si bien “no se modificó la estructura social, dejamos de depender de España”, lo que para la época representó un profundo quiebre.

Con el tiempo y a partir de la Asamblea del Año XIII, se comenzarán a sacar los símbolos españoles de los espacios públicos y se creará la bandera y el himno nacional. Comenzaría entonces el camino hacia una definición republicana de organización política.

El 25 de mayo, puro cuento

Fernando Jumar, docente e investigador en Historia Argentina, es contundente: la Revolución de Mayo “es una creación como mito de los orígenes de la nacionalidad”, dice. Y trae a cuenta una anécdota que ilustra el interés que tenían las élites criollas de la época en sostener sus vínculos con España. A falta de rey, querían de autoridad a una infanta. Se trataba de Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII. Y por la puja que hicieron para que esta mujer llegara al poder, surgió un movimiento llamado Carlotismo, en referencia a la infanta.

“Parte de la élite de la época la querían coronar en ausencia de su hermano, Fernando VII" cuenta Jumar. Eso permitiría dar lugar a los reclamos independentistas de la época sin romper con el modelo colonial. Pero resultó ser que Carlota “era más absolutista que el hermano y no aceptaba ningún tipo de autonomía”, cuenta el historiador. Entonces, el proyecto se cayó. Y a la élite criolla no le quedó otra que romper con la corona.

La idea de la Revolución de Mayo, como tantas de las historias que se generaron durante el sigo XIX es “funcional” a la noción moderna del Estado. Para Jumar, todo lo que se cuenta alrededor del 25 de mayo de 1810 es el producto de una “ingeniería que permitió crear identidades para la sumisión de los pobladores al modelo Estado-Nación”. Por eso Jumar prefiere, en vez de revolución, hablar de “ruptura”. Y considera que los cambios producidos en 1810 fueron “generados por estímulos externos” en un momento donde a lo largo y ancho del continente se libraban luchas contra el yugo que imponía La Corona, a esa altura ya tambaleante en autoridad y poder.

Se ha dicho ya: en historia no existen verdades. Aunque sí existan relatos históricos que se imponen con más peso para contar una cara de los hechos. Como el que indica que en Mayo hubo una revolución. Para algunos sí, para otros no. Y esa contingencia viene a mostrar una vez más que los hechos históricos -los de ayer, los de hoy, los de siempre- no son un cúmulo de acciones objetivas y lineales. Siempre, en todo momento de cambio -y otra vez: de ayer, de hoy y de siempre- hay lecturas encontradas y luchas de poder. Quien diga lo contrario, sólo busca contar una parte de la historia: la que le conviene.

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