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En Mendoza, la crisis del endeudamiento familiar golpea con fuerza: tres de cada diez deudores ya están en mora, lo que equivale a 269.346 personas atrapadas en incumplimientos financieros. El dato, revelado por el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), expone la fragilidad de los hogares mendocinos frente a un modelo económico que los empuja a depender del crédito para sobrevivir.

El informe de CEPA traza un mapa federal de la morosidad y ubica a Mendoza en el núcleo de provincias de mayor deterioro crediticio. Con un ratio de irregularidad del 16,8%, la provincia se sitúa por encima del promedio nacional (15,5%) y comparte escenario con San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca, todas con tasas superiores al 20%. La concentración de incumplimientos en esta región revela una dinámica estructural: economías provinciales con fuerte peso de actividades extractivas y agrícolas, salarios deteriorados y creciente dependencia del crédito de consumo.

El peso de las billeteras virtuales
El estudio advierte que gran parte de los nuevos morosos provienen de las billeteras virtuales, que ofrecen financiamiento rápido pero con tasas de interés que en algunos casos superan el 400%. En Mendoza, donde el empleo informal tiene presencia significativa en sectores como la construcción, el agro y el comercio minorista, estas plataformas se convirtieron en una salida inmediata para cubrir gastos cotidianos. Sin embargo, la facilidad inicial se transformó en una trampa: casi la mitad de los morosos exclusivos del país están vinculados a billeteras digitales, y en la provincia la tendencia se replica con fuerza entre los jóvenes.
“En Mendoza, el 17,6% de los deudores con bancos y el 34,2% de quienes operan con billeteras virtuales se encuentran en situación irregular”, señala CEPA.

Jóvenes endeudados, familias atrapadas
El informe señala que 4 de cada 10 deudores morosos son menores de 34 años, y que tres de cada cuatro jóvenes incumplidos lo hacen a través de billeteras virtuales. En Mendoza, esta realidad se refleja en la expansión del crédito digital entre estudiantes, trabajadores informales y jóvenes asalariados que recurren a préstamos para sostener consumos básicos. La deuda se acumula en tarjetas y préstamos personales, que concentran el 73% de la mora familiar. El resultado es un círculo vicioso: salarios que no alcanzan, créditos que se multiplican y mora que se dispara.
El salario real en caída
La crisis crediticia de morosidad no puede entenderse sin la caída del poder adquisitivo. Desde la asunción de Javier Milei, el salario real de los trabajadores registrados se retrajo un 18,7% según la metodología alternativa aplicada por CEPA.
En paralelo, la carga mensual de servicios de deuda de las familias alcanzó el 24,1% de la masa salarial, con un peso abrumador de préstamos personales y tarjetas. En Mendoza, donde el costo de vida se encarece por la inflación y la presión de tarifas, las familias se ven obligadas a endeudarse para sostener consumos básicos, generando una mochila financiera cada vez más pesada.
El Estado ausente
El informe subraya la inacción oficial frente a la crisis crediticia. Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía Luis Caputo ratificaron que el incremento de la morosidad constituye un “problema entre privados”, descartando cualquier intervención estatal. En Mendoza, esta postura se traduce en un vacío de políticas de asistencia: las familias quedan libradas a su suerte frente a bancos y billeteras virtuales, sin herramientas de regulación ni programas de alivio. La consecuencia es un escenario de alta conflictividad social, donde el endeudamiento se suma a reclamos por salarios y condiciones laborales.
Cuyo, con alto nivel de endeudamiento
El dato de 269.346 morosos mendocinos debe leerse en clave regional. La cordillera aparece como un bloque endeudado, con provincias que superan el 20% de mora y Mendoza apenas por debajo.
Este patrón revela que la crisis crediticia no es un fenómeno aislado, sino parte de un modelo económico que expone a las familias a tasas abusivas y salarios insuficientes. En Mendoza, la tensión se agrava por la coexistencia de proyectos de inversión minera y una base social endeudada, generando un caldo de cultivo para la protesta.
