Por las cloacas

El colapso de Aysam derivó en una guerra interna en el cornejismo, con epicentro en Guaymallén

El intendente Marcos Calvente activó una estrategia de ataque contra la empresa bajo el mando de Humberto Mingorance, escudero fiel de Cornejo.

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Marcos Calvente y Alfredo Cornejo.

La Municipalidad de Guaymallén, liderada por Marcos Calvente, enfrenta a Aguas Mendocinas (Aysam), al mando de Humberto Mingorance, por fallas del sistema cloacal. Fuego amigo en las filas cornejistas sobre un sensible escenario social.

La desinversión provincial y la sobrecarga metropolitana destruyen la infraestructura local, provocando daños ambientales, paralizando la economía del departamento y derivando en una crisis institucional dentro del oficialismo de Mendoza.

El reclamo del intendente Calvente hacia la empresa estatal Aguas Mendocinas (Aysam) marca el paso de las gestiones administrativas cerradas a la confrontación pública. El jefe comunal activó una guerra contra la empresa que lidera uno de los escuderos de la primera línea de la guardia imperial del gobernador Alfredo Cornejo.

El conflicto posee un trasfondo institucional relevante. Tanto el intendente Calvente como el titular de Aysam, Mingorance, integran el ala radical de Cambia Mendoza, la tropa propia de Cornejo en la alianza con La Libertad Avanza, de Javier Milei.

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El último episodio de la serie, que está en pleno desarrollo, se desencadenó con una gacetilla de Calvente: “Las vías de comunicación institucional se agotaron sin obtener resoluciones”, avisó.

El planteo de la comuna apunta a la responsabilidad directa de la prestadora del servicio de agua y saneamiento. La jurisdicción municipal no tiene competencia sobre el mantenimiento, la reparación ni la inversión en las redes subterráneas, tareas que recaen bajo la órbita exclusiva de Aysam. Sin embargo, las consecuencias del colapso ocurren sobre la superficie del territorio departamental, afectando a más de 300.000 residentes.

La decisión de Marcos Calvente de profundizar la demanda pública surge ante la persistencia de los pronósticos de tormentas. Las precipitaciones actúan como el detonante final de un sistema que opera al límite de su capacidad. Frente a este escenario, la administración municipal exigió medidas operativas inmediatas y un plan de inversiones a largo plazo.

La matriz en crisis

El diseño de la red cloacal del Gran Mendoza ubica a Guaymallén en una posición de tránsito. Las cañerías que atraviesan el subsuelo del departamento no transportan únicamente los efluentes generados por sus habitantes. El sistema recibe las descargas provenientes de Luján de Cuyo y, en mayor proporción, del departamento de Maipú.

Toda esta masa de líquidos converge en los colectores principales de Guaymallén para continuar su trayecto hacia el norte, con destino final en los establecimientos depuradores ubicados en Lavalle, específicamente en la zona de El Paramillo. Esta configuración implica que la infraestructura instalada en territorio guaymallino soporta la carga del crecimiento demográfico e inmobiliario de tres departamentos distintos.

“No es razonable que Guaymallén deba afrontar de manera recurrente las consecuencias territoriales y económicas de una infraestructura que presta servicio a buena parte del Gran Mendoza, sin respuestas estructurales que permitan resolver definitivamente esta problemática”, consideró Calvente.

Para la Municipalidad de Guaymallén, esta carga regional requiere intervenciones de escala metropolitana. La falta de renovación de los tramos deteriorados provoca que el municipio termine asumiendo los costos operativos de un servicio que excede sus límites geográficos.

Geografía del colapso

El registro de incidencias documentado por el municipio muestra una expansión territorial de las fallas. Inicialmente, los desbordes se concentraban en las zonas de interfase rural-urbana, con epicentro en el distrito de Los Corralitos y en Puente de Hierro.

En estos sectores, intersecciones como Severo del Castillo y la calle 2 de Mayo presentaron roturas crónicas del colector noreste, provocando el vuelco de líquidos servidos a la vía pública y a la red de canales de riego.

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Con el paso de los meses, el colapso avanzó hacia el tejido urbano consolidado. Los distritos de Dorrego, San José y Buena Nueva ingresaron al mapa de contingencias de Aysam.

En Buena Nueva, el foco de conflicto se ubica sobre el colector de la calle Tirasso, una arteria que conecta zonas residenciales con áreas productivas y comerciales.

Otra de las vías altamente perjudicadas es la calle La Purísima. En esta y otras arterias principales, los desbordes derivan en intervenciones de las cuadrillas provinciales que, según el informe municipal, se limitan a reparaciones puntuales.

Estas tareas exigen el corte del tránsito vehicular durante períodos prolongados que alcanzan los meses de duración, alterando la logística de transporte público, la recolección de residuos y el acceso de proveedores.

Impacto económico

El aspecto más crítico señalado por la gestión de Marcos Calvente es la paralización de la economía local.

El colapso cloacal trascendió el ámbito sanitario para convertirse en un obstáculo para la radicación de capitales privados.

El mecanismo administrativo para habilitar un nuevo desarrollo comercial, inmobiliario o industrial exige la obtención de un certificado de factibilidad de servicios.

Al encontrarse los colectores trabajando por encima de su capacidad operativa, Aguas Mendocinas (Aysam) se ve imposibilitada de emitir dichos certificados. Sin la conexión a la red de saneamiento, los proyectos no pueden avanzar hacia la fase de construcción ni obtener la habilitación municipal.

La calle Tirasso es el caso testigo presentado por el municipio. En este corredor existen proyectos de inversión detenidos debido a las deficiencias del colector cloacal. La Municipalidad de Guaymallén sostiene que esta traba burocrática y técnica impide la creación de decenas de puestos de trabajo directos e indirectos, afectando la recaudación tributaria y el desarrollo comercial de la zona.

Esta limitación se replica en distintos polos del departamento. La falta de capacidad de la red actúa como un tope al crecimiento del PBI departamental, condicionando el uso del suelo y limitando la instalación de actividades económicas en las zonas de mayor potencial de desarrollo.

Daños a la obra pública

La infraestructura vial del departamento sufre un deterioro acelerado a causa de los derrames de líquidos y las obras inconclusas.

El asfalto reacciona negativamente a la humedad constante, especialmente cuando se trata de líquidos con carga química y orgánica. Los desbordes disuelven las carpetas de rodamiento, generando baches y hundimientos en calzadas que, en muchos casos, fueron pavimentadas recientemente.

Además del daño químico, las intervenciones de Aysam implican la rotura física del pavimento para acceder a las cañerías. El gobierno municipal remarcó que las demoras en el tapado y repavimentación de estos pozos obligan a la Municipalidad de Guaymallén a desviar fondos de su presupuesto de obras públicas.

El municipio destina maquinaria, personal, hormigón y mezcla asfáltica para recuperar la transitabilidad de las calles dañadas por la empresa provincial. Calvente argumentó que este esfuerzo financiero y operativo de la comuna no puede reemplazar las obligaciones de la prestataria.

Cada peso del erario municipal invertido en tapar las aperturas de Aysam representa un recurso que deja de aplicarse en el plan de obras planificado para el departamento.

Obsolescencia y conexiones clandestinas

El colapso de la red documentado por los equipos técnicos responde a la combinación de dos factores: la antigüedad de los materiales y la alteración de los caudales de diseño.

Gran parte de la red de colectores fue instalada décadas atrás utilizando materiales de hormigón simple, caños que han cumplido su vida útil.

Los gases generados por los efluentes cloacales corroen la clave (la parte superior) de las tuberías. Cuando el caño pierde su resistencia estructural, el peso de la tierra y del tránsito vehicular provoca el desmoronamiento de la cañería, obstruyendo el flujo y generando el desborde a través de las bocas de registro.

A la falla estructural se suma un componente externo: las conexiones pluviales clandestinas. Un porcentaje no determinado de viviendas y establecimientos derivan los desagües de sus techos y patios directamente a la red cloacal.

Durante los eventos de precipitaciones, el volumen de agua de lluvia ingresa a un sistema diseñado exclusivamente para efluentes sanitarios. La presión hidráulica supera la capacidad de conducción de los caños, provocando explosiones en las tapas de registro ubicadas en la vía pública.

La postura de la Municipalidad de Guaymallén frente a estas causas exige que Aysam ejecute el recambio integral de los tramos colapsados, abandonando la metodología de reparación de roturas aisladas que no solucionan el problema de fondo del colector.

Plan de Contingencia

Ante la evidencia de que las obras de recambio estructural requieren plazos de licitación y ejecución prolongados, el Ejecutivo municipal formalizó la exigencia de un plan de acción a corto plazo.

Marcos Calvente requirió la presentación inmediata de un Plan de Contingencia de Colectores. Este protocolo debe abarcar la totalidad de la cuenca sanitaria que atraviesa Guaymallén y culmina en Lavalle.

El municipio notificó que pone a disposición del plan sus propios equipos, camiones y preventores para coordinar cortes de tránsito y asistir en las tareas de saneamiento.

Las especificaciones solicitadas por el municipio incluyen la conformación de guardias operativas permanentes, la disposición de maquinaria pesada, camiones desobstructores y cuadrillas de personal técnico disponibles las 24 horas del día. El objetivo de este esquema es reducir el tiempo de latencia entre el reporte del desborde y la llegada de los equipos al lugar de la falla.

Minimizar el tiempo de exposición de los líquidos en la superficie reduce el daño al asfalto, evita el corte prolongado de las calles y mitiga el riesgo de enfermedades en la población circundante.

El intendente declaró: “Desde la Municipalidad de Guaymallén exigimos a Aysam la presentación de un plan de contingencia que garantice guardias, equipos y cuadrillas disponibles las 24 horas, con capacidad para intervenir de inmediato ante las urgencias en colectores, disminuir los daños estructurales que se provocan y resolver estos problemas con inmediatez”.

La comunicación oficial subraya que la disposición de recursos municipales tiene carácter de colaboración ante la emergencia, sin que ello implique la asunción de responsabilidades legales ni operativas que corresponden al ente provincial.

El escenario del conflicto

El estado de la infraestructura subterránea generó expedientes previos de alta tensión institucional. Durante el primer semestre del año, el deterioro de la situación obligó a la Municipalidad de Guaymallén a declarar la emergencia sanitaria en sectores específicos del departamento debido al riesgo epidemiológico que representaba la presencia continua de aguas servidas.

La decisión de la intendencia de llevar el reclamo al dominio de la opinión pública expone la necesidad de la administración local de deslindar las responsabilidades operativas ante los contribuyentes. 

Semanas después de esa declaración, la administración de Marcos Calvente ejecutó una sanción económica sin precedentes recientes, aplicando a Aguas Mendocinas (Aysam) una multa por un monto de 120 millones de pesos.

La sanción se fundamentó en los pasivos ambientales y en la destrucción continua del espacio público. Esta medida forzó la creación de mesas de trabajo en las que intervinieron otras dependencias del Estado, como el Departamento General de Irrigación y la cartera de Ambiente.

En la última gacetilla, la Municipalidad advierte que la salud poblacional, la integridad del ambiente, el cuidado de la inversión en obra pública y el sostenimiento del desarrollo económico en Guaymallén dependen directamente del accionar de la empresa sanitaria.

La comuna sostiene la ejecución de sus programas de bacheo y pavimentación, pero advierte que el sostenimiento de la situación actual resulta inviable sin un cambio en la matriz de inversión de la operadora del servicio metropolitano.

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