Crisis del modelo

La merma en la producción de cobre metió un sorpresivo freno a la economía peruana

Hasta hace apenas unos días, el optimismo era moderado pero tangible. La estimación media de nueve economistas encuestados por la agencia Bloomberg proyectaba una expansión del 2,8%.
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Contenedores en Perú.

La economía peruana ha recibido un «balde de agua fría». En un reporte que ha desconcertado a los analistas de la plaza local e internacional, el último indicador de actividad económica reveló un crecimiento de apenas un 1,5% respecto al mismo mes del año anterior. La cifra no es solo un dato estadístico más; representa una desaceleración abrupta que colisiona frontalmente con el consenso de los especialistas.

Hasta hace apenas unos días, el optimismo era moderado pero tangible. La estimación media de nueve economistas encuestados por la agencia Bloomberg proyectaba una expansión del 2,8%. Sin embargo, la realidad ha quedado a casi la mitad del camino de dicha proyección, encendiendo las alarmas en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y en los directorios de inversión.

El cobre: motor y freno

Para entender este frenazo, no hace falta mirar muy lejos. El culpable tiene nombre propio y peso geológico: el cobre. Según el desglose sectorial, la producción cuprífera sufrió una contracción inesperada que terminó por lastrar el índice general.

El Perú, como segundo productor mundial del metal rojo, tiene una economía estructuralmente atada a los ciclos mineros. Cuando la minería se resfría, los agregados macroeconómicos estornudan. En este caso particular, la caída no responde necesariamente a una baja en la cotización internacional —que se ha mantenido relativamente robusta—, sino a un problema de volumen físico.

Factores como el agotamiento temporal de vetas de alta ley en yacimientos clave, paradas por mantenimiento no programadas en las grandes unidades del sur y la latente conflictividad social en el Corredor Minero, parecen haber conspirado para reducir el tonelaje extraído. Al ser la minería el componente más pesado de la balanza comercial y un gran contribuyente al PBI primario, su caída anula el avance de otros sectores como el comercio o los servicios, que mostraron un desempeño resiliente pero insuficiente para compensar el déficit minero.

Desconexión con las expectativas

La brecha entre el 1,5% real y el 2,8% proyectado es lo que más preocupa a los expertos. «Es un margen de error inusualmente alto», comentó un analista de un banco de inversión local. «Esto sugiere que los modelos no están capturando adecuadamente la volatilidad operativa de las minas o que la debilidad de la inversión privada es más profunda de lo que se calculaba».

Esta «sorpresa negativa» obliga a recalibrar las proyecciones para el cierre del año. Si el motor minero no se reenciende en el siguiente mes, alcanzar la meta de crecimiento anual propuesta por el gobierno será una tarea titánica, dependiendo casi exclusivamente de un rebote estadístico o de un impulso fiscal que podría comprometer las cuentas públicas.

Presión sobre el Banco Central

El dato tiene una segunda lectura crítica: la política monetaria. Con una economía creciendo a un ritmo anémico del 1,5%, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) se enfrenta a una mayor presión para estimular la actividad.

Si la inflación se mantiene dentro del rango meta, este dato de crecimiento débil es el argumento perfecto para que el ente emisor considere recortes más agresivos en su tasa de interés de referencia. El objetivo sería abaratar el crédito corporativo e hipotecario para despertar la demanda interna, intentando que el consumo privado supla la falta de dinamismo del sector exportador.

Un llamado a la realidad

Este episodio sirve como un severo recordatorio de la vulnerabilidad del modelo peruano. Mientras no se diversifique la matriz productiva, el país seguirá a merced de lo que ocurra en los socavones de los Andes. Por ahora, el mercado queda a la espera de los datos del próximo mes, con la esperanza de que este tropezón haya sido un evento transitorio y no el inicio de una tendencia de estancamiento. La cautela, por lo pronto, es la nueva consigna en Lima.

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