
Gestada en julio de 2013 mediante un acuerdo pionero de YPF con Chevron y una inyección inicial de 1.240 millones de dólares, Loma Campana, la nave insignia de Vaca Muerta ha transformado sus 395 kilómetros cuadrados en la mayor fábrica de crudo de la Argentina.
Con la perforación de 750 pozos y una inversión acumulada superior a los 10.000 millones de dólares, el bloque quebró los registros históricos en diciembre de 2025 al bombear 103.000 barriles diarios, un caudal que iguala la producción de provincias enteras y valida el Plan 4×4 para convertir al país en una potencia exportadora hacia 2030.
La biografía de Loma Campana es la crónica del motor de la transformación del destino energético del país. En poco más de una década, pasó de ser un proyecto cuestionado por su arquitectura legal y su viabilidad técnica a convertirse en el activo energético más valioso de la Argentina y uno de los yacimientos de shale más productivos del mundo fuera de los Estados Unidos.
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El récord de los 103.000 barriles diarios en diciembre de 2025 valida la tesis de que Vaca Muerta es una realidad geológica de clase mundial. La infraestructura construida, la curva de aprendizaje completada y la integración de cadenas de valor locales han creado una plataforma sólida para el despegue exportador que promete el «Plan 4×4».
En manos de la política
Sin embargo, el futuro de Loma Campana y de Vaca Muerta no dependerá únicamente de la geología o de la capacidad de ingeniería de YPF.
El verdadero desafío para los próximos años (2026-2030) será gestionar las externalidades de este éxito: resolver el cuello de botella de la infraestructura de evacuación, mitigar los impactos ambientales acumulativos y, fundamentalmente, traducir la riqueza del subsuelo en desarrollo sostenible para las comunidades de superficie que hoy ven pasar la prosperidad desde la precariedad de una infraestructura colapsada.
El acuerdo para entrar a Loma Campana se firmó en 2013, entonces pocos creían que ese cuadrante de 395 kilómetros cuadrados en la estepa neuquina pudiera revertir la decadencia energética creciente en el país. Loma Campana tuvo que aprender a caminar a los golpes.
Creció perforando la tierra de manera vertical, una técnica que pronto demostró ser ineficiente para la magnitud de su potencial. En 2017, fue reemplazada por la perforación horizontal, que le dio el salto de productividad que requería la operación del shale en el país para ponerse competitivo.
Sostén de la producción nacional
En diciembre de 2025, el yacimiento se convirtió en el «adulto» responsable de sostener gran parte de la matriz energética argentina. Logró lo que ningún otro bloque había conseguido en la historia del shale nacional: romper la barrera de los seis dígitos.
La sociedad de la petrolera nacional con Chevron hizo el gasto en el aprendizaje que permitió bajar los costos de producción a niveles competitivos en la formación. Después, se pusieron en actividad otros 53 bloques en Neuquén.
Loma Campana ha desarrollado un sistema circulatorio propio —plantas de tratamiento, oleoductos hacia Lago Pellegrini y futuras conexiones al Atlántico— para asegurarse la capacidad de evacuación.

