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La brecha entre los precios argentinos del petróleo y los del mercado internacional se expone a una distorsión más brutal que la referenciada con los vaivenes del crudo en las pizarras bursátiles, debido a que el mercado físico concretó operaciones en la última semana mucho más caras. Las petroleras se las ingeniaron para recaudar acá como si exportaran.

El consumidor pagará más adelante lo que ahora se evita con el congelamiento. En concreto, el pacto de las petroleras y las refinadoras se exhibió como la herramienta para aliviar al consumidor local, pero representa en la práctica otra cosa: la garantía para las petroleras de cobrar las entregas locales como si las exportara, sólo que con una parte del pago diferida.
El acuerdo entre petroleras y refinadoras argentinas para congelar los precios de los combustibles durante 45 días se sostiene en la creación de un barril criollo. A diferencia de experiencias anteriores, la brecha entre el barril interno y el Brent se le cargará directamente al consumo futuro, en lugar de cubrirse con subsidios o bien repartirse entre los actores de la cadena de valor que va del yacimiento al surtidor.
El pacto petrolero implica que la diferencia que se registre entre el valor de mercado global y el congelado para el mercado local (pérdida para el productor) se compense en la misma proporción con precios internos sobre el internacional cuando pase la presión de la geopolítica sobre el mercado.
Confesión de parte
El exministro de Energía, Juan José Aranguren, lo dejó en claro durante su participación en la última edición emitida de Dínamo, el espacio audiovisual del portal Econojournal, que funge como lobista del establishment energético nacional. Advirtió sobre una confusión peligrosa en la interpretación de las métricas internacionales.

Según el ahora consultor que trabaja para las compañías top del mainsteam energético, mientras los mercados de futuros posicionaron al petróleo en valores cercanos a los 100 dólares, la realidad del «mundo físico» —donde operan los refinadores— mostró cifras mucho más altas. El Dated Brent se ha comercializado a 137 dólares, mientras que en Asia, variedades como el Omán o el Dubai escalaron hasta los 150 dólares, puntualizó quien liderara Shell en el país antes de unirse al Pro, de Mauricio Macri. La desconexión entre las cotizaciones del mercado financiero y el real es proporcional a la que separa a las causas que determinan cada precio.
Para Aranguren, el precio del petróleo físico responde a realidades y el futuro a anuncios. Bajo esta premisa, para los exportadores argentinos la cotización del mercado financiero no actúa como referencia del precio de paridad de exportación, rol que cumple el precio del mercado físico. Esta semana, la brecha llegó a 35 dólares, mientras que habitualmente es de un dólar.
El riesgo de los acuerdos entre privados
En este contexto de alta volatilidad, el reciente anuncio de YPF sobre un congelamiento de precios por 45 días ha despertado comparaciones con el esquema implementado entre 2003 y 2004. Sin embargo, Aranguren marcó una diferencia fundamental: la ausencia del Estado Nacional en el acta acuerdo actual. Para el exfuncionario, la falta de una firma estatal deja a las empresas vulnerables ante la Ley de Defensa de la Competencia.
El argumento central es que, si bien hoy el interés público parece protegido al contener las subas, el problema surgirá cuando el precio internacional baje. Si las empresas mantienen valores altos para compensar las pérdidas actuales sin un marco regulatorio estatal, podrían ser acusadas de connivencia y abuso de posición dominante. La intervención oficial es la que garantiza que el «interés público» esté preservado tanto en las alzas como en las bajas del ciclo económico.
El desfasaje del gasoil y la paridad de importación
La situación del gasoil es particularmente crítica. Según datos manejados por refinadores, el precio en los surtidores locales todavía arrastra un retraso cercano al 40% respecto a la paridad de importación (Import Parity). Actualmente, los precios en Argentina se mueven con la lógica de un crudo de entre 90 y 92 dólares, una cifra que dista mucho de los valores reales que deben pagar empresas no integradas.
En el mapa energético nacional, la asimetría es evidente. Mientras empresas como Pan American Energy (PAE) o YPF tienden a la integración total, otras operadoras como Raízen y Trafigura, que representan el 20% del mercado, deben comprar la totalidad de su insumo. Para un productor, advirtió Aranguren, la tentación de exportar a precio pleno es total, lo que rompe el equilibrio necesario para abastecer el mercado doméstico.
Antecedentes históricos y el factor devaluación
Frente a las visiones que catalogan el ajuste reciente como inédito, el exministro recordó que en el año 2002, tras la salida de la convertibilidad, las naftas aumentaron un 240% y el gasoil un 200%.
La incertidumbre global, fogoneada por declaraciones de líderes como Donald Trump y la parálisis de yacimientos bombardeados, sugiere que el mercado no encontrará su piso hasta que se restablezca la oferta global. Mientras tanto, Argentina navega en una tregua de precios que, sin un respaldo jurídico estatal, podría derivar en conflictos legales y problemas de suministro a corto plazo.

