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El último informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) difundido por el INDEC volvió a poner en cifras una realidad que se percibe en las calles y en los lugares de trabajo: la precariedad laboral se ha convertido en norma. En los 31 aglomerados urbanos relevados, la tasa de empleo informal trepó del 42% en el cuarto trimestre de 2024 al 43% en el mismo período de 2025. En Mendoza, el dato se suma a otros indicadores en rojo: pluriempleo, crecimiento del ejército de monotributistas y una masa creciente de trabajadores que buscan otro empleo para llegar a fin de mes.
La radiografía es especialmente dura para los jóvenes. Entre las mujeres menores de 29 años, la desocupación alcanzó el 23,1%, mientras que entre los varones trepó al 27,9%. Este segmento, que fue clave en el apoyo electoral al actual gobierno, enfrenta un panorama de falta de oportunidades que erosiona proyectos de vida y genera frustración. La informalidad, lejos de ser un fenómeno transitorio, se consolida como rasgo estructural del mercado de trabajo argentino.
Desempleo abierto y subocupación
En el Gran Mendoza, la tasa de desempleo cerró 2025 en 6,7%. Aunque el número parece moderado, detrás se esconde un fenómeno más complejo: la subocupación demandante. Se trata de personas que trabajan menos de 35 horas semanales y buscan ampliar su jornada. En un año, pasaron de representar el 7% al 7,8% de la población económicamente activa. En términos absolutos, son 77.000 mendocinos que no logran insertarse plenamente en el mercado laboral.
La subocupación horaria alcanzó al 14,8% de la fuerza laboral metropolitana. Y el dato más alarmante: el 20,8% de los ocupados busca activamente otro empleo. Son 107.000 personas que, aun teniendo un ingreso, necesitan mejorar sus condiciones para llegar a fin de mes. Trabajar ya no alcanza para no ser pobre.
El ejército de monotributistas
El SIPA confirma que el empleo registrado se mantuvo estable en los primeros meses de 2025. Sin embargo, detrás de esa aparente estabilidad crece el pluriempleo y el cuentapropismo. El empleo privado registrado se derrumbó desde diciembre de 2023, con retroceso en la industria manufacturera y pérdida de empleadores que debilita el tejido empresarial. El crecimiento del monotributo y de los trabajadores por cuenta propia es la contracara de la contracción del empleo formal.
El análisis fino de los datos muestra que hay menos desempleo, pero más precariedad. El empleo asalariado formal apenas creció 0,1% interanual, mientras que el cuentapropismo trepó 8%, impulsado por no asalariados informales (+12,1%). La informalidad en asalariados se mantiene en torno al 36,7%, y en el total de ocupados subió a 43,3%.
Sectores más golpeados
La construcción y el servicio doméstico son los rubros más críticos: 73% y 78% de empleo en negro, respectivamente. En el comercio, la informalidad alcanza al 52%, reflejando la fragilidad de pequeños negocios que recurren a contrataciones sin registrar para sobrevivir. La industria manufacturera, con un 37%, sufrió una significativa destrucción de empleo formal en 2024, agravando la pérdida de puestos de calidad.
En contraste, sectores como la enseñanza (14%) y la salud (20,8%) muestran mayor formalidad, aunque enfrentan tensiones por el ajuste presupuestario y la pérdida de empleadores. La radiografía sectorial confirma que la informalidad se concentra allí donde la estructura productiva es más débil y los trabajadores tienen menos capacidad de negociación.
Un mercado laboral que cruje
Los datos de Mendoza reflejan un mercado laboral que se expande en cantidad pero se contrae en calidad. Jóvenes sin oportunidades, adultos atrapados en empleos insuficientes, monotributistas que crecen como ejército silencioso y sectores productivos que retroceden. El informe del INDEC no hace más que poner en cifras una realidad palpable: la precariedad laboral se ha convertido en la norma, y Mendoza es un espejo fiel de esa Argentina que trabaja mucho, pero vive con poco.

