
La inflación de los servicios básicos y el transporte público no se detiene en Mendoza. Lejos de las góndolas, donde los números oficiales muestran una supuesta desaceleración, el inicio del año estuvo marcado por un triple golpe tarifario que expone la fragilidad del presupuesto familiar y desnuda la distancia entre las estadísticas y la vida cotidiana.
El boleto de micro y las tarifas de la luz y el agua en el primer del año bien podrían funcionar como un spoiler de lo que se viene: un ajuste sobre los salarios ya alicaídos por el plan económico de Javier Milei, que en Mendoza tiene en Alfredo Cornejo un garante político.
El peso de lo inelástico
Los aumentos en luz, agua y transporte forman parte de los llamados rubros “inelásticos”, aquellos imposibles de recortar. Entre mayo de 2023 y el mismo mes de 2025, la inflación general acumuló un 424,81%. Sin embargo, los gastos de vivienda y servicios básicos treparon un 813,98%, casi el doble. La consecuencia fue devastadora: las familias destinaron un 42,5% más de su presupuesto ajustado por inflación para cubrir necesidades esenciales. Reducir alimentos puede ser una opción en tiempos de crisis, pero nadie puede prescindir de electricidad o agua.
El boleto que no se detiene
El transporte urbano se convirtió en símbolo del ajuste. Desde enero, el pasaje de colectivo trepó a $1.400, acumulando un alza del 775% en apenas dos años. En el primer mes de 2024 costaba $160. Para trabajadores y estudiantes, el gasto es ineludible y repercute en cascada sobre educación, salud y logística.
El Ente de Movilidad Provincial calculó que el costo por kilómetro urbano asciende a $4.081,95, lo que explica la presión empresarial para ajustar tarifas. El rubro Transporte y Comunicaciones fue uno de los que más empujó la última medición de inflación, con un alza mensual del 4,8%.
Agua y luz: decretos y revisiones
El 1° de enero entró en vigencia un nuevo cuadro tarifario eléctrico aprobado por el EPRE, en línea con los aumentos nacionales. A esto se sumó el decreto N°111, fechado el 26 de enero, que autorizó un incremento del 17% en la tarifa de AYSAM, con revisiones bimestrales. Humberto Mingorance, presidente de la empresa, logró así el ajuste reclamado desde el año pasado. Para los usuarios, significa convivir con la amenaza de nuevos aumentos durante todo el año.
Una inflación que se mide distinto
En paralelo, el INDEC anunció que desde enero de 2026 comenzará a regir una nueva metodología para calcular el IPC, basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018.
La DEIE de Mendoza ya trabaja en sintonía con las pautas nacionales. El cambio busca actualizar la canasta de bienes y servicios, que hasta ahora se basaba en la estructura de 2004, obsoleta frente a la realidad actual. La nueva ponderación dará mayor peso a alimentos y servicios digitales, pero también a rubros como luz, agua y transporte, que hoy actúan como ancla del consumo.
El debate sobre la medición
Economistas del CEPA advierten que la canasta desactualizada subestima el impacto de los servicios en los salarios. Según sus cálculos, si se aplicara la nueva metodología, la inflación desde la asunción de Milei sería 8,5% más alta.
“Antes los servicios pesaban menos. Ahora, sin subsidios, el peso es otro. Hay una extorsión en la medición”, señaló Agustín Giolo, de CEPA Mendoza.
El bolsillo como termómetro
Los tarifazos de enero confirman que la inflación mendocina se construye menos en las góndolas y más en las boletas de servicios. La estadística oficial podrá mostrar una desaceleración, pero en la vida diaria los aumentos inelásticos marcan el pulso de un empobrecimiento que no da tregua.

