Legado impagable

Mendoza llora al Pocho Sosa, enorme referente de su cultura, cantor exquisito y habilidoso relator de anécdotas

El emblemático cantor que consagró la tonada a nivel internacional tenía 82 años. En su longeva trayectoria sumó reconocimientos de todo tipo, fundamentalmente de sus pares, hasta convertirse en la voz más representativa del folklore regional.

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Pocho Sosa en su lugar en el mundo: el escenario.

La cultura se encuentra de luto este domingo 14 de junio: a sus 82 años, murió Carlos Alberto «Pocho» Sosa, emblemático cantor, considerado uno de los máximos referentes de la música cuyana. Deja un legado eterno que perdurará en cada acorde de su amada tierra.

El fallecimiento del Pocho fue confirmado durante las primeras horas del domingo. La noticia conmocionó a la comunidad artística provincial, aunque no se acotó a sus límites, sino que se expandió hasta los rincones de la comunidad que gozó con el talento del cantor a la vez que lo consagró entre los íconos del arte local.

Sus restos serán velados en la Legislatura de Mendoza, un espacio emblemático donde familiares, colegas, amigos y admiradores podrán darle el último adiós. Autoridades gubernamentales, como la vicegobernadora Hebe Casado, expresaron públicamente su profundo pesar, destacando que el artista no solo fue un talentoso intérprete, sino un auténtico embajador de la identidad regional que supo llevar el folclore a todos los rincones del país.

Sosa ha grabado quince discos propios y ha participado como invitado en grabaciones de numerosos cantores mendocinos, argentinos e internacionales. Su participación como invitado de Mercedes Sosa en el álbum Corazón Libre, editado en Alemania en el año 2005, en el que graba «Tonada de Otoño», marcó uno de los puntos más sublimes de su carrera.

Pocho Sosa consideraba a Mercedes su «gran amiga, mi hermana de la vida». Compartieron escenarios y defendieron juntos el Nuevo Cancionero, movimiento musical fundado en los años 60, que reescribió la historia del folclore de la región.

Los inicios de un cantor popular

Nacido el 17 de julio de 1943 en la Ciudad de Mendoza, el Pocho Sosa descubrió su pasión por el arte de forma casi accidental. Su acercamiento a los instrumentos y el canto se dio durante su adolescencia. A los dieciséis años, mientras atravesaba un problema de salud que lo obligó a guardar estricto reposo, su padre le regaló una vieja guitarra. Ese gesto fue la chispa que encendió una llama inagotable en el interior de quien se convertiría en referente inevitable de la música autóctona.

Comenzó de forma autodidacta, aprendiendo los primeros acordes al ritmo de zambas y cuecas, fuertemente influenciado por maestros como Atahualpa Yupanqui. Antes de dedicarse de manera exclusiva a la interpretación vocal, trabajó varios años como empleado bancario, una vida formal que finalmente abandonó para seguir el llamado ineludible de su vocación artística y la música regional.

Consagración y trascendencia internacional

El salto definitivo hacia el profesionalismo ocurrió entre las décadas de 1960 y 1970. Tras integrar diversos grupos vocales, en 1970 logró grabar su primer material discográfico en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, uno de sus hitos más importantes llegó en 1974 cuando fundó el reconocido Canto Trío en Mendoza.

Esta agrupación musical recorrió intensamente el territorio nacional y alcanzó su punto máximo de consagración en el prestigioso Festival de Cosquín en el año 1980. En ese mítico escenario, el conjunto obtuvo un importante galardón otorgado por el jurado técnico. Al año siguiente, el Pocho Sosa decidió iniciar oficialmente su exitosa carrera como solista, una etapa que lo proyectó rápidamente a nivel internacional. Realizó extensas y exitosas giras por Estados Unidos, cantando en decenas de universidades y culminando con una presentación histórica en el salón principal de la Organización de las Naciones Unidas.

El embajador de la tonada

Durante más de seis décadas ininterrumpidas de trayectoria artística, el Pocho Sosa se transformó en la voz indiscutida de la música tradicional. Su repertorio abrazó como nadie la esencia pura de la tonada, la cueca y el gato cuyano. Su magistral interpretación del clásico tema musical dedicado al otoño mendocino se convirtió en un verdadero himno popular, una pieza que resulta absolutamente imposible de desvincular de su inconfundible tono vocal.

A lo largo de su extensa vida profesional, colaboró con enormes referentes artísticos, como su inseparable amigo y poeta Jorge Sosa, con quien compartió inolvidables piezas que forman parte fundamental del cancionero popular de la región. El talento de este gran cantautor logró trascender fronteras, llevando la cultura de su querida patria chica a países como Canadá, Uruguay, Chile y España, siempre portando con enorme orgullo su bandera mendocina.

Un legado inquebrantable

Hoy, la sociedad mendocina en su conjunto despide físicamente al artista, pero su obra perdura. Su inigualable talento, su permanente calidez humana y su profunda humildad quedarán eternamente grabados en los corazones. El enorme dolor de esta partida se transformará en un recuerdo permanente. La cultura cuyana mantendrá totalmente vivo el inmenso legado histórico de la leyenda folclórica durante cada futuro festival provincial.



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