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El viernes 12 de junio por la tarde falleció en Mendoza Angelina Caterino de Castro, conocida cariñosamente como “Angelita”. La noticia fue comunicada por la Asociación Madres de Plaza de Mayo Filial Mendoza, que la despidió con palabras de afecto y compromiso: “¡Hasta el jueves siempre, Angelita! ¡Ni un paso atrás!”. Angelita era, junto a María Domínguez, abuela de la Nieta 117, Claudia Domínguez Castro.
Angelita fue una presencia constante en las rondas de los jueves en la Plaza San Martín, donde las Madres mendocinas mantuvieron viva la memoria de los desaparecidos. Su mirada sencilla y luminosa, como la describieron sus compañeras, se convirtió en símbolo de resistencia frente a la injusticia.
El anuncio de la nieta 117
En 2015, junto a María Domínguez, acompañó a Estela de Carlotto en Buenos Aires para anunciar la restitución de la nieta número 117. Ambas eran las abuelas de esa joven, hija de Walter Hernán Domínguez y Gladys Cristina Castro, secuestrados en diciembre de 1977 en Godoy Cruz.
La pareja, militante del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML), esperaba una hija cuando fue arrastrada por un grupo de tareas. La niña nació en cautiverio y fue apropiada, hasta que décadas después pudo recuperar su identidad.
Las mendocinas María Domínguez y Angelina de Castro son las abuelas de la nieta recuperada 117
Una rueda de prensa histórica
Angelina y María viajaron juntas para estar en la rueda de prensa. Flanquearon a Carlotto en el anuncio y dieron testimonio de una búsqueda que atravesó generaciones. La nieta restituida había nacido entre febrero y marzo de 1978, en medio del terror dictatorial. Su restitución fue un acto de justicia y reparación, y Angelita estuvo allí, como abuela y como militante.
Compromiso colectivo
La vida de Angelina se entrelazó con la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Su compromiso no se limitó a lo personal: fue parte de una causa que denunció la represión, la desaparición forzada y la apropiación de bebés durante la dictadura. En Mendoza, su figura se volvió inseparable de las rondas de los jueves, bajo el sol o la lluvia, siempre firme.
Legado de ternura y firmeza
La despedida de la Asociación refleja esa dimensión: “Tan sencilla como adorable, su mirada reflejó otra luz durante los años que se sumó a la marcha de los jueves. La injusticia nunca entenderá su mirada iluminada”.
La muerte de Angelita ocurre en un contexto en el que la memoria sigue siendo un terreno de disputa. En Mendoza, las Madres y Abuelas continúan reclamando verdad y justicia, mientras el país atraviesa tensiones políticas y sociales que ponen a prueba la vigencia de los derechos humanos. La figura de Angelina se inscribe en esa continuidad: su ausencia física no borra la huella de su compromiso.
Angelita deja un legado de ternura y firmeza, de lucha y esperanza. Su nombre se suma a la lista de mujeres que hicieron de la memoria una bandera y que, como repiten sus compañeras, no dieron ni darán un paso atrás.


