
La Vendimia volvió a convertirse en escenario de disputa política y ambiental. Esta vez fue Lavalle el epicentro de un gesto inesperado: al cierre del espectáculo artístico, un grupo de artistas desplegó una extensa bandera con la consigna “Sin agua Lavalle desaparece”. El mensaje, encendido en plena celebración, resonó entre miles de espectadores y transformó el escenario en tribuna de reclamo social. La defensa del agua, recurso vital para la vida y la producción local, irrumpió en la fiesta con la fuerza de una consigna histórica del departamento.
El clima festivo se tensó cuando efectivos policiales formaron un cordón sobre el escenario, en presencia de la ministra de Seguridad Mercedes Rus y autoridades provinciales entre el público. La imagen condensó la contradicción de la noche: mientras se celebraba la cosecha, se visibilizaba la amenaza que vecinos y artistas asocian al avance de proyectos mineros sobre el territorio.
Protestas que recorren la temporada vendimial
No fue un episodio aislado. Las protestas contra la minera San Jorge y la megaminería se han instalado como protagonistas de la temporada vendimial tras la aprobación legislativa del proyecto de oro y cobre.
Lo que comenzó en el Jazz en el Lago, en el Parque San Martín, continuó en el Americanto del Teatro Independencia y se replicó en la Vendimia de Las Heras, donde vecinos y asambleístas desplegaron la clásica bandera negra con la consigna “No a la minera San Jorge”. Allí, frente al intendente Francisco Lo Presti y al diputado nacional Luis Petri, el reclamo se hizo visible en primera fila, sintetizando la tensión que atraviesa la provincia.
La consigna “El agua de Mendoza, no se negocia” se repite en festivales, caravanas y redes sociales. Breve y contundente, condensa el temor de que la explotación minera comprometa el recurso más estratégico de la provincia.
Oro, cobre y agua en disputa
El proyecto San Jorge, emplazado en plena cordillera, busca extraer oro y cobre en una zona atravesada por el Qhapaq Ñan, camino declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Para el Gobierno provincial, la aprobación de la Declaración de Impacto Ambiental representa un paso hacia la diversificación económica. Para vecinos y asambleístas, en cambio, significa el avance de la megaminería sobre un territorio que depende del agua para sostener agricultura, turismo y vida cotidiana.

Escalada y proyección política
La escalada de protestas es seguida con atención por el Gobierno, consciente de que la visibilidad del conflicto se multiplica en actos masivos como la Fiesta de la Cosecha o el Acto Central en el Frank Romero Day.
La presencia de autoridades nacionales y provinciales obliga a posicionarse frente a un reclamo que no cede. En este contexto, decisiones como la eliminación del palco de autoridades en los desfiles vendimiales, tomada años atrás por el exgobernador Alfredo Cornejo, se revelan hoy como un resguardo frente a la creciente conflictividad.
Una fiesta resignificada
La Vendimia, más que una celebración cultural, se ha convertido en espejo de las tensiones que atraviesan Mendoza: lo fue en 2020 tras la fallida ley del cianuro de Rodolfo Suárez, y lo es este 2026 por más que el Ejecutivo pretenda ignorar a miles de vecinos y asambleístas que se manifiestan. Entre el festejo y la protesta, entre la cosecha y la defensa del agua, la fiesta se resignifica como escenario de disputa política y ambiental.

