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Un puñado de grandes empresas argentinas está reemplazando producción local por bienes importados, aprovechando la apertura comercial del gobierno de Javier Milei. En paralelo, despiden trabajadores, cierran plantas y registran ganancias extraordinarias: importan a precios mínimos y venden al consumidor final con márgenes que superan el 600%. El fenómeno no es marginal: implica una desindustrialización acelerada, mayor a la de la convertibilidad.
Los investigadores Gustavo García Zanotti y Martín Schorr desentraman el fondo del modelo importador en el trabajo <<Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei: repliegue industrial y elevados márgenes de rentabilidad>>, recién presentado a través del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.
El negocio de importar y no fabricar
El caso de Lumilagro es emblemático. La empresa despidió a 170 operarios en dos años y ahora importa desde China 65 mil termos anuales. Cada termo le cuesta 8 mil pesos ya en el país, pero lo vende a 60 mil. El margen bruto supera el 430%. Su dueño, Martín Nadler, justificó los despidos en redes sociales con una pregunta: “¿Preferirías volver a gastar 100 mil pesos de más para conseguir un termo de calidad?”.
Essen, famosa por sus cacerolas, también viró al importador: despidió al 10% de su plantilla y comenzó a traer productos desde China. Una cacerola que le cuesta 50 mil pesos la vende a 384 mil. Margen: 667%.
El desplome del empleo industrial
Adidas cerró su planta en Coronel Suárez y desvinculó a 360 trabajadores. En paralelo, multiplicó por cinco la importación de calzado: de 33 millones de dólares en 2023 a 140 millones en 2025. Las zapatillas que importa a 27 mil pesos las vende a 100 mil.
En el rubro electrodomésticos, Whirlpool echó a 300 empleados tras cerrar su planta en Pilar. Hoy importa lavarropas desde Brasil a 313 mil pesos y los comercializa a 749 mil. Pilisar (ex Siam) prácticamente eliminó su producción local de partes y pasó de importar 6 mil lavarropas en 2023 a 238 mil en 2025. La heladera más económica de su marca se vende a 548 mil pesos, un 90% por encima del costo de importación.
Autos, celulares y alimentos: la misma lógica
Peugeot eliminó un turno en su planta de El Palomar y duplicó la importación de autos terminados: pasó de 10 mil unidades en 2023 a más de 24 mil en 2025. Cada Citroën C3 que ingresa desde Brasil le cuesta 25 millones de pesos y lo vende a 35 millones en concesionarias.
Newsan, en tanto, despidió y suspendió trabajadores en Tierra del Fuego tras la eliminación de aranceles para celulares. En apenas dos meses de 2026 importó casi medio millón de teléfonos terminados por 55 millones de dólares, cuando en 2023 importaba cero. Los Motorola G24 que ingresan a 133 mil pesos se venden a partir de 260 mil.
En alimentos, Mondelez suspendió a 2.300 trabajadores mientras aumentaba la importación de galletitas y chocolates. Las Club Social que importa a 522 pesos las vende a 2.164 pesos en supermercados. Nestlé despidió personal en Córdoba y comercializa el Nescafé importado a más del doble de su costo. Coto trae bananas desde Ecuador a 1.330 pesos el kilo y las vende a 1.800.
Un modelo con límites
El informe de García Zanotti y Schorr concluye que esta estrategia es rentable en el corto plazo, pero destructiva en el mediano: al eliminar empleo e ingresos, la propia demanda interna se contrae. El mercado queda sesgado hacia sectores de altos ingresos, y el país pierde capacidades industriales construidas durante décadas. La apertura no genera precios más bajos para el consumidor: solo transfiere ingresos del trabajo al capital importador.

