La minería que no se promociona

Una minera australiana huyó de Brasil abandonando un dique de arsénico, mercurio y lodo tóxico

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La mina está abandonada desde 2011. El dique de residuos tóxicos, también. Foto: Tiago Queiroz / Estadão

La catástrofe provocada por la minera Vale en Brasil desempolvó una discusión que pocos quieren dar cuando se trata de vender a la mega minería como al maná de los pueblos deprimidos: el abandono de pasivos tóxicos a gran escala y el tendal de desocupación que los grandes capitales extractivistas dejan en las regiones una vez que exprimieron hasta la última pepita o gota de hidrocarburo.

Un ejemplo de gran poder ilustrativo es lo que ocurre con el dique de arsénico, mercurio y otros sedimentos abandonado desde 2011 en Rio Acima, Minas Gerais, por Mundo Minerals, una empresa australiana que dejó todo, literalmente, y se fue. Dejó atrás empleados desocupados, camionetas y oficinas y la represa de residuos tóxicos de mayor riesgo de Minas Gerais, según la Agencia Nacional de Minería de Brasil.

“La represa Mina Engenho fue dominada por el matorral y está abandonada. La mina de oro -que pertenecía a Mundo Minería, del grupo australiano Mundo Minerals, hoy en estado de quiebra, no emplea a nadie ni produce un real en royalties para el municipio. Dejó atrás, sin embargo, una herencia peligrosa: el embalse de mayor riesgo de Minas Gerais , de acuerdo a una evaluación de la Agencia Nacional de Minería (ANM), el organismo regulador del sector”, reporta el diario O Estado de S.Pablo en su edición de este jueves.

Este dique de residuos tóxicos fue evaluado con “alto riesgo” de fuga por las autoridades. Para tener una idea, señala el diario, “las presas de la minera Vale en Brumadinho donde ocurrió la catástrofe el viernes pasado fueron consideradas de bajo riesgo. Otras fueron clasificadas como riesgo medio”. La minera australiana abandonó en 2011 dos diques, uno repleto de sedimentos de la extracción y otro con agua, que no son mantenidos ya que las actividades se cerraron de un día para otro, al final de 2011.

“La interrupción fue tan abrupta que la fábrica, camiones y coches usados ​​en el transporte de empleados se dejaron atrás. La mayoría de los trabajadores no recibió las indemnizaciones que correspondían a sus derechos, dice el Sindicato de los Trabajadores de Extracción de Oro de Nueva Lima y región”, señala el diario. Mucho de lo que quedó abandonado fue depredado, los motores de las caminetas y otros repuestos, caños, los materiales en las oficinas y demás. En el lugar no hay cierre perimetral ni nada que impida el ingreso de las personas.

La empresa se fue dejando atrás todos los pasivos. Pobladores desguazaron todo lo que quedó. Foto: Tiago Queiroz / Estadão

El presi del sindicato del sector de explotación de oro en Nova Lima, Marcelino Antônio Edwirges, le dijo a el matutino que hubo un intento de buscar el resarcimiento por parte de los funcionarios. Pero al pedir que se confiscaran máquinas y equipos descubrieron que la mayoría de ellos eran alquilados. “Sólo conseguimos captar algunos recursos para pagar a dos trabajadores.”, señaló.

El diario indica en el artículo que intentó comunicarse sin éxito con los empresarios australianos que dejaron el dique anamdonado, o sus representantes en Brasil. “La Secretaría Estatal de Medio Ambiente informó que el ’emprendedor es responsable de la seguridad de la represa’. También dijo que el Estado obtuvo en la justicia decisión contra la empresa, que no fue cumplida. En 2017 y 2018, según la cartera, se tomaron medidas de emergencia adecuadas. Una licitación será contratada para hacer el desmantelamiento de la estructura, lo que incluye la retirada de los desechos”, cerró.

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