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La inflación de febrero en Mendoza dejó al descubierto un fenómeno que trasciende los números fríos del índice general. Mientras el IPC del Gran Mendoza marcó un incremento del 2,5% respecto a enero, lo que en apariencia muestra una desaceleración, los hogares sintieron un golpe mucho más fuerte: el de los tarifazos en servicios básicos y transporte, habilitados por las políticas del presidente Javier Milei, avaladas por el gobernador Alfredo Cornejo.
El capítulo de Vivienda y servicios básicos fue el que más se disparó. En enero había subido 3,6%, pero en febrero trepó al 7,8%, más que duplicando su ritmo. Este rubro incluye electricidad, agua (Aysam), gas y alquileres, todos gastos inevitables que no admiten recortes. La incidencia en el IPC fue de 0,5 puntos, convirtiéndose en uno de los principales motores de la inflación. Las boletas de luz y agua, junto con los alquileres, se llevan una porción cada vez más grande del ingreso familiar. La elasticidad de la demanda explica el fenómeno: son bienes inelásticos, cuya cantidad consumida no varía aunque los precios se disparen.
El costo de vivir en Mendoza: familias atrapadas entre la inflación y la supervivencia
El costo del boleto y la movilidad
El transporte, otro rubro inelástico, también impactó en el bolsillo. En enero había registrado un alza del 3,6%, y aunque en febrero se moderó al 1,2%, su peso en la economía doméstica es ineludible. El aumento del boleto de colectivo y los ajustes en combustibles y comunicaciones repercuten directamente en la vida cotidiana. No se puede dejar de viajar para trabajar, estudiar o acceder a servicios. La variación interanual del transporte alcanza el 38,8%, lo que refleja que, más allá de la moderación mensual, el impacto acumulado es fuerte y persistente.

Alimentos y salud: estabilidad aparente, presión real
Los alimentos, históricamente el rubro más sensible, se comportaron en línea con el promedio: 3,8% en enero y 3,7% en febrero. Esto genera una ilusión de estabilidad en la góndola, pero oculta el verdadero deterioro del poder adquisitivo. Según estimaciones cruzadas con ingresos actualizados por IPC, los gastos en vivienda y servicios básicos ya implican una pérdida del 42,5% en la capacidad de compra. La atención médica y los gastos de salud, otro rubro de demanda rígida, subieron 2,3% en febrero, acumulando un 28,5% interanual. Aunque no tan inelásticos como la vivienda, estos gastos son altamente inflexibles, especialmente en casos de necesidad.
El verdadero rostro de la inflación
La fotografía de febrero revela un cambio respecto a enero. Mientras entonces la inflación se repartía de manera más homogénea entre alimentos, transporte, educación y esparcimiento, en febrero el foco se concentró en vivienda y servicios básicos. El salto de más de cuatro puntos porcentuales en este capítulo marca un quiebre y anticipa tensiones sociales: los hogares no pueden ajustar estos gastos, y cualquier aumento se traduce en un recorte inmediato de otros consumos.
La paradoja es que la inflación general, en su número “formal”, parece ir a la baja y acapara titulares. Pero lo que realmente carcome el sueldo está fuera de la góndola. Los tarifazos habilitados por Milei y Cornejo en electricidad, agua, alquileres y transporte capturan el poder adquisitivo en Mendoza y se llevan una porción cada vez más brutal del ingreso familiar. Más allá de la metodología del IPC, la realidad es que los servicios esenciales se han convertido en el verdadero rostro de la inflación mendocina: una inflación que, aunque se disimule en los promedios, golpea con fuerza en los gastos inevitables y deja a las familias sin margen de maniobra.

