Lesa Humanidad

Al banquillo los responsables del “Operativo Antijesuita” contra Macuca Llorens y militantes

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Acusados en el Noveno Juicio de Lesa Humanidad y sus defensores. Foto: juiciosmendoza9.wordpress.com

Por primera vez en un juicio de lesa humanidad en Mendoza se abordó el “Operativo antijesuita”, que persiguió a estudiantes y militantes que colaboraban con el padre Macuca Llorens en el Barrio San Martín.

El Operativo Antijesuita tuvo como blanco a militantes que trabajaban junto el padre José María “Macuca” Llorens en el barrio San Martín. En esa barriada el sacerdore comenzó a trabajar en 1958, cuando aún no existía el movimiento de curas tercermundistas. De un basural el padre levantó un barrio obrero con la ayuda de estudiantes, militantes y vecinos.

En 1972 resumió su experiencia en un libro reeditado en 2018: “Opción fuera de la ley”. Llorens cuenta en su libro: “… y así aprendimos lo que era vivir fuera de la ley. Lo que no se pudo hacer de día se hizo de noche. Así por tres años se fue “robando” la luz, el agua, arreglo de calles, reparto de lotes, sin aprobación de la ley. Presentí que una ley que alcanza a pocos es injusta: no obliga. Y que ya se están dando las circunstancias para una nueva ley, que obligará, porque alcanzará en justicia para todos”.

Entre el 8 de junio y el 16 de septiembre de 1976, ocho personas fueron secuestradas y continúan desaparecidas: María Leonor Mércuri, María Inés Correa Llano, Carlos Jakowczyk, María Cristina Lillo, Zulma Pura Zingaretti, Mercedes Salvadora Vega, Rafael Olivera y Nora Rodríguez Jurado. Todas tenían en común haber participado con “Macuca” Llorens de la militancia social en el naciente barrio San Martín.

Católicos persiguiendo a sacerdotes y estudiantes

En el pedido de elevación a juicio -según consta en el sitio Juicios Mendoza, que lleva al día las crónicas-, el Ministerio Público Fiscal contextualizó el desarrollo de tendencias reformistas dentro del catolicismo que se convirtieron progresivamente en una amenaza para el régimen instaurado durante el terrorismo de Estado.

“Pese a pregonar su fe católica, las fuerzas represivas persiguieron a sacerdotes y practicantes comprometidos y comprometidas con “la causa de los humildes”, señaló el MPF.

Las tensiones generacionales al interior de la jerarquía eclesiástica eran evidentes: curas jóvenes progresistas, en contacto con la pobreza y la lucha social, alentaban la organización de los sectores más postergados de la sociedad con claras consecuencias políticas.

“Unir a los pobres es subversión”

En la audiencia se recordó el interrogatorio de Orlando Yorio, sacerdote jesuita secuestrado en la Escuela de Mecánica de la Armada en marzo de 1976, que da cuenta de visión del aparato represivo: “Vos no sos un guerrillero (…) pero vos no te diste cuenta que al irte a vivir allí, en la villa, unís a la gente, unís a los pobres y unir a los pobres es subversión”, le dijo el torturador.

“Cristo habla de los pobres, pero de los pobres de espíritu y usted hizo una interpretación materialista de eso y se ha ido a vivir con los pobres materialmente. En la Argentina, los pobres de espíritu son los ricos y usted, en adelante, deberá dedicarse a ayudar más a los ricos que son los que realmente están necesitados espiritualmente”, siguió.

A su vez, estos curas despertaban inquietudes en jóvenes que, de la militancia social y barrial, se desplazaban a organizaciones político-militares. La composición de Montoneros, gran parte de sus integrantes proveniente del catolicismo reformador, es un ejemplo de ese recorrido ideológico.

El pecado: la militancia barrial

En Mendoza, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo ancló en las políticas sociales del cura José María “Macuca” Llorens y hubo, como en tantos lugares de América Latina, un progresivo desplazamiento de militantes sociales desde el ámbito del catolicismo renovador a círculos más politizados y, finalmente, a organizaciones armadas.

Llorens fue detenido el 24 de marzo de 1976 y una parte de quienes trabajaron junto a él en el barrio San Martín pasaron a formar la lista de personas desaparecidas. Los sobrinos de Llorens sufrieron también la represión en carne propia.

Estudiantes universitarios en el campamento que organizó Llorens.

Al sacerdote lo llevaron al Liceo Militar. “Me detuvieron los de la aeronáutica y me liberaron los del Ejército”, dice en el documental disponible al final de esta nota.

Llorens organizó un impresionante movimiento llamado Campamento Universitario de Trabajo, que atrajo personas de otras provincias y cientos de entusiastas jóvenes que se arremangaron para ayudar a los vecinos del barrio San Martín. El mismo cura “se ataba la sotana a la cintura y se ponía a sacar piedras”, recuerda uno de los testigos de su incansable labor.

María Leonor Mercuri (24); Nora Rodríguez de Olivera (29); su marido, Rafael, y María Inés Correa Llano, de la misma edad ayudaban con el apoyo escolar a los habitantes del barrio y sus alrededores.

Cuando Mercuri desapareció, sus padres, que eran españoles, hicieron averiguaciones en Cancillería. En su denuncia a la Conadep, la madre de Leonor, Dolores Monzó de Mercuri, diría: “Por medio de una amiga que trabaja en una empresa privada donde pedían informes a la SIDE para tomar empleados, mandé el dato de María Leonor y la respuesta decía: detenida en el operativo antijesuita en Mendoza”.

Su propuesta de urbanización del barrio y los CUT lo hicieron merecedor de persecución para el aparato terrorista: en 1975 sufrió un atentado con explosivos en su capilla, pero se salvó porque no estaba presente.

La intervención de Inteligencia

El Destacamento 144 es el acusado en este caso, y en la audiencia se probaron las tareas de inteligencia previa realizadas sobre las víctimas del “Operativo Antijesuita”.

“Es evidente la sistematicidad de los procedimientos contra personas que se relacionaban con el trabajo social del cura José María Llorens en el barrio San Martín. Las modalidades son similares en todos los casos”, señala el sitio que sigue las crónicas del juicio.

Distintos informes dan cuenta de que Llorens y su gente venían siendo víctimas de vigilancia y persecución desde mucho antes del 24 de marzo del 76.  Los informes del Grupo de Inteligencia de Punta de Vacas confirman estos hechos: buscaban información de células “peronistas y comunistas” relacionadas con el Movimiento de Curas del Tercer Mundo.

Conocían los movimientos de los curas; detallan actividades de Llorens y aseguran que “en su prédica e interpretación de los Evangelios, incita permanentemente a la violencia, especialmente a los jóvenes, los cuales en la mayoría de los casos emplean la más avanzada dialéctica marxista-peronista”.

El jefe del D2, Pedro Dante Sánchez Camargo, confirmó en 1980 que cuando Llorens fue detenido por personal del Ejército, fue llevado a los calabozos del Palacio Policial. Además, aseguró haber realizado tareas de inteligencia sobre el cura tercermundista junto con personal del D2: “la mayor parte del Ejército lo tenía como comunista”.

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La próxima audiencia será el 13 de septiembre a las 9.30. Se la puede presenciar asistiendo con el DNI

 

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