Testigo clave en los juicios

Despedida puño en alto para Graciela Leda, férrea militante de los Derechos Humanos

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Foto: Natalia Brite

Este sábado organizaciones y militantes de Derechos Humanos  despidieron a Graciela Leda, militante y testigo fundamental en los juicios de lesa humanidad que se desarrollaron en Mendoza. Graciela fue militante de la juventud guevarista en los 70 y defensora de los Derechos Humanos hasta el fin de sus días.

Tenía sólo 18 años cuando fue secuestrada y llevada al D2. Cumplió 19 en una mesa de torturas. Del D2 la trasladaron a Devoto.

“Me secuestraron el 13 de mayo del 76 en mi casa a la siesta un grupo de personas vestidas de civil armadas. Cuando llego al D2 paso y veo un calabozo donde había prostitutas. Me tuvieron dos meses en el D2 hasta que me llevaron a la Penitenciaría. Me hicieron consejo de guerra, nos sometieron a humillaciones y golpes”, le contó Leda a radio Nacional en 2011.

Graciela Leda fue una de las testigos en los juicios de lesa humanidad en Mendoza y su aporte fue clave, ya que fue a través del relato detallado de los sobrevivientes cómo se reconstruyó el entramado de horror de la represión que involucró a militares, jueces y cómplices civiles y eclesiásticos.

Su testimonio fue de suma importancia en el juicio histórico que condenó a los exjueces Otilio Romano, Luis Miret, Rolando Carrizo y Guillermo Petra, ya que aportó datos relacionados con la desaparición de compañeros que llegaron al D2 en el mismo lapso de tiempo que ella estuvo cautiva en ese lugar. Por otra parte, fue precisa en el reconocimiento de miembros del D2.: Identificó a Marcelo Moroy, Julio Lapaz, Rubén Gonzalez y al fallecido Bustos Medina y aportó los seudónimos que utilizaban para encubrirse: “Caballo Loco”, “Padrino”, “Carlos”, y recordó que quien la torturaba era “El Porteño”.

Junto a Fernando Rule y Eugenio Paris, Graciela fue convocada por los jueces como testigo ocular en una inspección que se hizo al exD2. Allí recordaron el terror y las torturas a las que fueron sometidos ellos como tantas otras personas que estuvieron secuestradas en ese lugar. La inspección se hizo el 14 de mayo de 2014, día del cumpleaños de Graciela, quien incluso recordó que 38 años antes la conmemoración de su natalicio fue un recurso utilizado por sus torturadores, quienes la amenazaban con que ese sería el último día de su vida.

“Los juicios están haciendo una obra de reconstrucción monumental de lo cual no se tiene mucha conciencia. Es algo muy importante, se está recuperando una memoria y es un trabajo duro, perimido por el dolor, es una obra muy grande”, señaló, entrevistada en el programa Dicho de otro modo. 

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