Dos policías de la bonaerense admitieron que Luciano Arruga estuvo detenido en una cocina y fue maltratado

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04-05-2015. La Matanza. En el TOC3 de la Matanza se inicio el juicio por el caso Luciano Arruga.
En el TOC3 de la Matanza se inicio el juicio por el caso Luciano Arruga. Foto: Infojus

Dos policías bonaerenses admitieron este jueves que Luciano Arruga estuvo detenido en la cocina del destacamento de la calle Indart, en Lomas del Mirador, el 22 de septiembre de 2008. Ese lugar no estaba habilitado para funcionar como una celda. Los uniformados reconocieron la irregularidad ante el Tribunal Oral Criminal 3 de La Matanza, donde se juzga la responsabilidad de Julio Diego Torales en las torturas que sufrió el joven de 16 años. Además, declaró Yoel Ival Colla, el damnificado del supuesto robo por el que detuvieron al adolescente.

Los policías Miguel Ángel Olmos y Viviana Chapero, que declararon esta mañana, estuvieron en la comisaría y para la querella y la Fiscalía no debían declara como testigos. Señalaron que, junto a Torales, estuvieron en el destacamento cuando a Luciano lo golpearon entre -al menos- tres personas, le dieron de comer un sándwich escupido y lo amenazaron con llevarlo a la comisaría octava donde lo violarían.

Los abogados de Torales habían convocado a seis policías bonaerenses y a tres personas más. Hoy los defensores decidieron prescindir de la mayoría de ellos y sólo escucharon a Olmos y Chapero. Néstor Guillermo Díaz, Damián Marcelo Sotelo, Miguel Osvaldo Soraire y Sergio Oscar Fékter, que estaban citados, también estuvieron de servicio en el destacamento de Lomas del Mirador. Allí, Luciano estuvo detenido durante más de nueve horas aquel día hace seis años.

Olmos relató cómo fue que detuvo, junto a otro compañero, a Luciano esa mañana en la esquina de Perú y Bolívar, en el Barrio 12 de Octubre, donde vivía el adolescente. La reconstrucción que hizo no fue clara y, por momentos, omitió y se contradijo con la versión que había aportado durante la instrucción. Según sus dichos, él estaba en una parada fija cuando le advirtieron que había habido un robo. La supuesta víctima había llamado al 911 y los efectivos solo contaban con una descripción de la ropa.

Con esos escasos datos, en 10 a 15 minutos dieron con el que ellos creían era el sospechoso. La aprehensión se hizo alrededor de las 11 sin testigos porque según él “acá en la villa si llamás testigos se te tiran arriba del patrullero”. De acuerdo a su versión, Luciano tenía en sus bolsillos lo robado. Contó que la requisa de Luciano la hicieron con su compañero en la calle, también sin más testigos que los propios policías.

Durante la instrucción, Olmos había dicho que Luciano estaba con dos personas más, sin embargo esta mañana afirmó que estaba solo. Tampoco quedó claro cómo fue que él y el otro agente dieron con el adolescente, más allá de los datos que tenían sobre la vestimenta.

Olmos dijo que después de requisarlo, lo llevaron al destacamento. “Chapero se quedó en la cocina con él en todo momento”, declaró el ex policía. La mujer policía, que hoy trabaja en una comisaría de Laferrere, también dijo lo mismo. Aseguró que estuvo ella sola con Luciano en la cocina. Para la fiscalía la mujer se autoincriminó con este testimonio. Los jueces decidieron que a pesar de la oposición del Ministerio Público Fiscal siguiera declarando.

Sentada frente a los jueces, Chapero se mostró nerviosa. Frente a algunas preguntas se agarraba la cabeza con las manos, se tapaba la cara y respondía “no recuerdo”. Dijo que por una cuestión de falta de personal, ella tuvo que quedarse con el adolescente el tiempo que duró su paso por la delegación. Durante la instrucción ella fue investigada por las torturas que sufrió Luciano.

Chapero describió la jornada en la que Luciano fue víctima de los golpes, como “un día normal, como siempre que hay una detención”. También omitió nombrar a Torales cuando enumeró a los otros policías que estaban en la dependencia. Tratando de evadir ese momento, finalmente dijo que el ex Bonaerense imputado estaba a cargo del destacamento.

Colla, que fue el primero en declarar, reconstruyó la manera en la que le robaron esa mañana cuando iba a clases de gimnasia del colegio. La fiscalía y la querella se opusieron a las preguntas acerca del robo, porque no forma parte del objeto procesal que se está juzgando por estos días. Para el fiscal el foco de este debate no está puesto en si Luciano cometió un delito o no. “Se pone en tela de juicio el honor, la honra y la dignidad de Luciano Arruga”, dijo el fiscal Longobardi. A pesar de las posturas encontradas, los magistrados decidieron que había que preguntarle y la defensa así lo hizo.

Colla contó que una vez en el colegio, le sugirieron hacer la denuncia. La escuela se hizo cargo de eso y por la tarde él fue hasta el destacamento donde le devolvieron sus pertenencias. Hay un dato clave en su testimonio de esta mañana que es sobre el horario en el que fue el robo. Según el joven, fue entre las 9 y las 10 de la mañana. A Luciano los policías lo detienen una hora después.

Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, presenció parte de la jornada. Fue cuando la defensa levantó la “reserva” sobre ella. Mónica Alegre, su mamá, escuchó toda la audiencia, a metros de quienes estuvieron el día que agredieron a su hijo. Cuando salió se abrazó con muchas de las personas que la esperaba afuera para darle su apoyo. Como en cada audiencia la sala estuvo llena de militantes y audiencia en general que apoya a la familia de Luciano. Afuera también había mucha gente.

El equipo de abogados de Torales, su madre y algunas personas que habían estado sentadas como público de su partes se fueron del lugar mientras escuchaban una canción: “como a los nazis, te va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”.

Los que no declararon

La defensa de Torales había convocado a seis policías bonaerenses y a tres personas más. El fiscal  José Luis Longobardi y los abogados de la querella se opusieron a que los agentes fueran testigos. Sin embargo, los jueces del Tribunal Oral Criminal 3 de La Matanza aceptaron por unanimidad. Todos estuvieron en el destacamento cuando a Luciano lo golpearon entre, al menos, tres personas, le dieron de comer un sándwich escupido y lo amenazaron con llevarlo a la comisaría octava donde lo violarían. Y además entre los efectivos, tres de ellos -NéstorGuillermo Díaz, Damián Marcelo Sotelo y Sergio Oscar Fékter- están investigados por la desaparición del joven de 16 años.

Mañana a partir de las 12 se escucharan los alegatos de las partes. Expondrán sus argumentos el fiscal  José Luis Longobardi; y los abogados de la familia, María Dinard y Maximiliano Medina del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Juan Manuel Combi de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) También hablarán los abogados del ex policía juzgado: Juan Grimberg y Gastón Jordanes-y sus ayudantes. Se cree que en veredicto de los magistrados recién se conocerá la semana que viene.

La detención

A Luciano lo llevaron hasta el destacamento aquel 22 de septiembre de 2008 porque sospechaban que había robado un celular. Cuando su madre y su hermana lo fueron a buscar, Luciano alcanzó a señalar a Torales: “Vos me pegaste, mientras los otros dos me sostenían”. Más tarde, se lo contó a su hermana cuando ya estaba en su casa. Ella, además, anotó su nombre en un cuaderno porque fue la persona que la atendió en la dependencia.

Ese día Vanesa lo increpó:

-Negro, ¡la puta madre! ¿Vos te robaste esa porquería de teléfono de mierda?

-¡Vos sos una pelotuda! ¡No robé nada y encima me cagaron a palos! – dijo, llorando.

Día por día del juicio

El debate oral comenzó el lunes. En la primera audiencia declararon seis testigos, entre ellos la madre de Luciano. “Todo esto empezó cuando se negó a robar para la policía”, dijo. Mónica Alegre. Además prestaron testimonio Juan Gabriel Apud y Rocio Gallegos. También expusieron dos médicos, Maria Fontela, del Cuerpo Médico Forense de La Matanza, y Gabriel González, quien lo atendió a Luciano en el Policlínico de San Justo. Otra que habló ante los jueces fue  Zulma Noemi Robles de Torales, la madre del ex policía.

En la segunda audiencia la única que habló fue la hermana de Luciano, Vanesa Orieta. Detalló todo lo que le contó sobre la detención y el contexto de persecución y hostigamiento que sufría. Relató cómo cambió su hermano después de la detención y el miedo que sentía.

Cuatro meses después de la detención que se está juzgando, Luciano murió. La madrugada del 31 de enero de 2009 salió de su casa para ver a su hermana, pero nunca llegó. Se cree que fue detenido en ese trayecto. A las 3.21, un estudiante de 21 años de Monte Grande lo atropelló sobre la General Paz. El mismo joven avisó al SAME. Una ambulancia llevó a Luciano hasta el Hospital Santojanni, donde falleció al día siguiente. El adolescente no tenía documentos y después de una autopsia fue enterrado sin nombre. El conductor dijo que “corría desesperado”, como “escapando”. También declaró un motoquero que estacionó para ayudar. Dijo que sobre la colectora  vio estacionada una camioneta doble cabina de la Bonaerense con las luces bajas. No hay dudas de que el hostigamiento policial guarda relación estrecha con lo que pasó esa noche.

Su familia no supo qué había pasado con él hasta cinco años y ocho meses después. En ese tiempo reclamaron, movilizaron, empujaron a la Justicia. La identificación del cuerpo se logró el 17 de octubre del año pasado. Todo ese tiempo, Luciano fue un desaparecido. Paradójicamente, el hallazgo de su cuerpo se hizo cruzando las huellas dactilares que le habían tomado a Luciano en su paso por el destacamento donde lo torturaron en 2008 y las de un cadáver enterrado como NN en Chacarita.

Fuente: Infojus

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