Con Venezuela en el espejo

Estados Unidos venderá petróleo iraní apropiado mediante la guerra para bajarle el precio al crudo

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció la Operación Furia Épica, denominaciòn de la administración Trump a la réplica en Irán de la estrategia para Venezuela. Teherán advirtió que el petróleo del que habla Estados Unidos no existe.

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Scott Besentt.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció una autorización «temporal» para liberar 140 millones de barriles de crudo iraní varado en el mar. Teherán se apuró a contradecir al trumpismo: «Irán prácticamente no tiene petróleo crudo flotando en el agua ni excedentes para abastecer otros mercados internacionales”, espetó el portavoz del Ministerio de Petróleo iraní.

Bajo el rimbombante nombre de Operación Furia Épica, la Administración Trump ha oficializado una de las maniobras de guerra económica más agresivas de la década.

Estabilidad retórica

Tras una retórica de estabilidad de mercado, Donald Trump adoptó una táctica que convierte el suministro energético mundial en un campo de batalla donde la población civil y la seguridad global quedan supeditadas a los intereses geoestratégicos de Washington.

La medida, que Bessent describe con frialdad como «utilizar los barriles iraníes contra Teherán» conlleva un acto de hostilidad, que busca despojar a una nación de sus recursos para financiar la propia maquinaria que la asfixia. Es decir, Estados Unidos se propone replicar la fórmula con la que se apropió del petróleo venezolano con Irán.

Máxima presión sobre Irán

El discurso oficial de la Casa Blanca sostiene que «no hay prosperidad sin seguridad».

La estrategia liderada por el Departamento del Tesoro plantea serias dudas sobre los costos humanos y ambientales de esta escalada.

Al etiquetar a Irán como «la cabeza de la serpiente», la administración no deja espacio para la diplomacia, apostando todo a una política de máxima presión que ya ha introducido 440 millones de barriles adicionales en el sistema, a menudo a costa de una militarización creciente de rutas comerciales vitales como el Estrecho de Ormuz.

«Estamos ganando esta batalla crucial», afirmó Scott Bessent, respecto a la victoria que celebra el gobierno estadounidense, cimentada en niveles de producción de petróleo y gas récords en Estados Unidos. La agenda, si bien reduce los costos del combustible a corto plazo, ignora las tensiones geopolíticas de largo aliento y los riesgos de un estallido armado en una región ya devastada por décadas de conflicto.

La respuesta de Teherán

Desde el Ministerio de Petróleo de Irán, la respuesta ha sido una mezcla de desdén y contraataque retórico. Al calificar la medida de «truco psicológico», el régimen persa intenta minimizar el impacto de una sanción que busca dejarlo fuera del sistema financiero internacional. Según el portavoz iraní, la declaración de Bessent es una ficción diseñada para «dar esperanzas a los compradores» y manipular la percepción de escasez.

Este choque de narrativas evidencia una realidad alarmante: el mercado petrolero ha dejado de regirse por la oferta y la demanda para convertirse en un tablero de ajedrez militar.

Mientras Washington celebra el control del crudo en tránsito, Teherán se atrinchera, y el resto del mundo observa cómo el precio de la energía depende ahora de la efectividad de una operación militar-económica.

La Operación Furia Épica, que Washington presenta como una victoria logística, es, para Teherán, una declaración de guerra total que justifica el uso de su vasto arsenal de represalias asimétricas.

Fuentes de inteligencia y analistas regionales coinciden en que la respuesta iraní no vendrá de un enfrentamiento directo —donde la disparidad tecnológica es abismal—, sino de una estrategia de desgaste diseñada para golpear el bolsillo del consumidor occidental y la estabilidad de los aliados de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

La sensibilidad del Estrecho de Ormuz

La amenaza más inmediata y letal sigue siendo el bloqueo del Estrecho de Ormuz. La Guardia Revolucionaria de Irán ya ha advertido que cualquier intento de cruzar esta vía sin su autorización convertirá a los buques en «objetivos legítimos».

Guerra de Minas y Enjambres: A pesar de que la Administración Trump asegura haber destruido decenas de embarcaciones minadoras, Irán mantiene una flota de «mosquitos navales» —lanchas rápidas armadas con misiles— capaces de hostigar el tráfico mercante y elevar los costos de los seguros de navegación a niveles prohibitivos.

Sabotaje a Gran Escala: Los recientes ataques contra la refinería Mina Al-Ahmadi en Kuwait y centros energéticos en Qatar y Arabia Saudita demuestran que Teherán está dispuesto a arrastrar a sus vecinos al conflicto. El uso de drones suicidas y misiles de crucero contra infraestructuras críticas busca forzar a las monarquías del Golfo a presionar a Washington para un cese al fuego.

La respuesta digital y los otros frentes

Más allá del campo de batalla físico, la represalia iraní se extiende al ciberespacio. Se esperan ciberataques contra el sistema financiero internacional y las redes eléctricas de Estados Unidos e Israel. Esta doctrina de «contención cero» implica que cualquier daño a la infraestructura petrolera iraní será respondido con un ataque equivalente en la región.

«Se ha estudiado abrir otros frentes donde el enemigo tiene poca experiencia y será extremadamente vulnerable», advirtió Irán.

La Operación Furia Épica ha logrado degradar la capacidad aérea iraní, pero no ha neutralizado su red de milicias aliadas (el llamado «Eje de la Resistencia»), que podría activar ataques contra bases estadounidenses en Irak y Siria.

Para Teherán, la mejor arma no es un misil, sino el precio del barril de petróleo, que ya ha rozado los 118 dólares, casi el doble de lo que costaba antes del bombardeo de Israel y Estados Unidos que escaló la confrontación diplomática hasta la guerra real.

La estrategia iraní apuesta a que la inflación energética erosione el apoyo doméstico a Donald Trump. Al sembrar el caos en las rutas de suministro, Irán busca que el costo político de la guerra sea insostenible para la Casa Blanca.

Mientras Scott Bessent intenta inundar el mercado con 140 millones de barriles, la realidad es que el riesgo de un cierre total de Ormuz —por donde pasa el 20% del crudo mundial— podría anular cualquier efecto positivo de esta medida, dejando a la economía global en un estado de vulnerabilidad permanente.


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