Entrevista a Viviana Beigel

La trama de la inédita sentencia por violencia de género en un juicio de lesa humanidad en Mendoza

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La abogada Viviana Beigel, integrante del MEDH y de Xumek.

De los 40 capítulos del Informe Anual de Xumek hay uno que hay que leer con el cuero duro y el corazón aguerrido: el que escribió Viviana Beigel sobre el Casino de Suboficiales de Mendoza.

Allí ban a parar las mujeres consideradas “recuperables” por quienes clasificaron a los militantes políticos de la dictadura. Ese doble castigo, por militantes y por mujeres, detallado en la argumentación del MEDH frente al tribunal del VI juicio de Lesa Humanidad, condujo a una histórica sentencia por violencia de género en el marco del proceso de Memoria, Verdad y Justicia.

El capítulo 3 del informe, rubricado por esta abogada, es un entramado que desciende hacia las más oscuras atrocidades a las que fueron sometidas en cuerpo y alma las jóvenes llevadas ese “chalet” en Boulogne Sur Mer al 1.700, a la vista de todos y de nadie, para ser doblemente castigadas: por ser militantes y por no atenerse a los roles clásicos reservados para ellas según la ideología del gobierno de las botas. Doblemente castigadas por sostener ideas y discutirlas de igual a igual con los varones y por llevarlas al plano activo. Por salir a pegar carteles. Por atreverse a portar libros de teoría política. Por apegarse a reglas de militancia en vez de seguir el manual del buen ama de casa.

No las pudieron encerrar en sus casas, las encerraron en “la Casita”, como le llamaban a ese Centro Clandestino de Detención.

En el caso del Casino de Suboficiales de Mendoza, la violencia de género fue desatada de un modo particular. Este centro clandestino de detención alojó a más de 20 mujeres que sufrieron una forma diferenciada de represión, por haberse apartado de los roles tradicionales que la dictadura asignó a las mujeres. Fueron castigadas doblemente, por ser militantes políticas y por haber ocupado un lugar en la vida pública, dejando de lado el lugar de madres, esposas e hijas que se pretendió que ocuparan, señala el informe de la ong.

“Esa es la diferencia fundamental entre el D2 y el Casino de Suboficiales -se explayó Beigel entrevistada por EXPLÍCITO-. Los genocidas hicieron una clasificación de las personasque iban a ser secuestradas. Y en esa clasificación los que iban al D2 eran ‘no recuperables’, salvo qeusllos que eran posteriormente blanqueados y llevados a la Penitenciaría o a otra cárcel. Al Casino sólo llevaron mujeres y eran consideradas recuperables”.

Esa marca de Caín sobre la frente de las presas políticas determinó que fueran llevadas al Casino de Suboficiales, seleccionadas para su “redención” de entre otras presas que no tenían otro destino más que la muerte. Lograron sobrevivir, a diferencia de las que desaparecieron para siempre de las mazmorras del D2. “A las mujeres no recuperables que iban al D2 se les quitaron todos sus atributos femeninos, se las desmaternizó, las violaron. Para los represores ellas no merecían volver a ese rol en la sociedad. Entonces la tortura en el D2 fue salvaje”, explicó Beigel.

A las pocas que, según la perspectiva de los represores, se las podía redimir, se les generó un espacio donde “fomentarles los valores de la familia tipo. Se les daba de comer en cubiertos de plata por ejemplo, se las proveía de camisones limpios. Sobrevivieron todas, justamente porque se suponía que a ellas se les aplicó un plan de reeducación”.

El centro clandestino de detención instalado en el Casino de Suboficiales de Mendoza y destinado exclusivamente al cautiverio de mujeres, “constituye la prueba más clara que en la Provincia de Mendoza se ejecutó un plan sistemático y generalizado desatado por la dictadura militar para disciplinar a las mujeres e imponer el patriarcado .ensaya Beigel-.  Las torturas físicas y psicológicas, los abusos sexuales, el impedimento de contacto con los hijos y demás actos inhumanos fueron moneda corriente. Fue la metodología criminal que se utilizó desde las estructuras de poder del Estado para
desmoralizar y castigar a estas mujeres que habían dejado de lado los “roles tradicionales”
establecidos por el pensamiento patriarcal”.

Vilma Rúpolo con el moisés de su hijo Mariano, en una de las audiencias del Sexto juicio de Lesa Humanidad en Mendoza. Foto: Coco Yáñez para www.elotro.com.ar

El martirio de Vilma

En el informe de Xumek, esta abogada, parte de la querella por el MEDH en los juicios de Lesa Humanidad que se llevan adelante en Mendoza, detalla el caso de Vilma Rúpolo, conocida bailarina mendocina, incluso directora de fiestas de la vendimia.

Rúpolo declaró en el VI juicio de lesa humanidad de Mendoza y contó que era habitual que se las retirara del lugar para interrogarlas, golpearlas y torturarlas. Que las desnudaron, les practicaron simulacros de fusilamiento, asfixiamientos con bolsas de nylon y golpes en todo el cuerpo y que las ataban a una mesa de madera y con picana eléctrica las torturaban en todo el cuerpo.

“Se practicaron diversas formas de tortura psicológica para generar sentimientos de culpa en las detenidas, desde el supuesto apoyo espiritual de un sacerdote que les decía que debían ‘arrepentirse’ por haber dejado a sus familias por la militancia política, hasta el impedimento de contacto con sus pequeños hijos a tal punto que éstos no reconocieron a sus madres cuando ellas fueron liberadas”, señala Beigel en el informe.

Vilma fue secuestrada dos días después de haber parido a su hijo. Fueron sus amenazas de suicidio lo que hizo que llevaran a su hijo junto a ella. “Mientras a Vilma la llevaban a la tortura, las demás compañeras cuidaban al pequeño bebé amorosamente y cuando Vilma volvía de aquellas sesiones de submarino seco y picana con los pechos amoratados le daba de mamar a su niño”, relata la abogada.

El rol de Santuccione

El intento de restaurar “las relaciones naturales de género” acorde a la ideología del poder en ese momento se hizo visible, indica Beigel, “a partir de la presencia del jefe de policía, Julio Cesar Santuccione, que era conocido como un defensor de la sociedad occidental y cristiana. Dirigía el Comando Moralizador Pio XII, que estaba formado por integrantes de los servicios de inteligencia del ejército, policías y jóvenes de ultra derecha y tenía por objeto desplegar acciones criminales contra las mujeres en situación de prostitución”.

A partir del golpe del 24 de marzo de 1976, la concepción conservadora y patriarcal desató una ofensiva contra las mujeres, las que fueron reprimidas de manera particular, buscando el disciplinamiento por no ajustarse al estereotipo de “buena mujer”.

“Es así como, el terrorismo de Estado, integra dentro de sus objetivos, un plan sistemático destinado a imponer el patriarcado, castigando a las mujeres de manera diferenciada, mediante formas de represión específica, incluyéndose reglamentos y órdenes secretas para llevar adelante este plan”, señala la abogada.

Mortificación planificada

La mortificación hacia las mujeres detenidas políticas implicó un despliegue de acciones criminales para castigarlas y disciplinarlas: violaciones, desnudez, humillaciones, abusos sexuales, falsas revisiones médicas, partos clandestinos, apropiación de niños, separación de los hijos de sus madres, cuestionamientos de sus facultades mentales, entre otras, reporta Beigel en el citado informe.

Y sigue: “Se señalaba a las mujeres militantes políticas como crueles, capaces de abandonar a sus
hijos o exponerlos al peligro y tomar las armas. Las ‘delincuentes subversivas apátridas’ eran violables y se justificaba su muerte a través del discurso oficial”

En este sentido, el informe rescata lo manifestado por el Comandante Emilio Massera en
el Diario La Nación de la época:

“[…] Pero el papel fundamental de las mujeres, según la mirada dictatorial, es el de madres, más allá de que estas mujeres realicen otras actividades: “[…] Además, sean capaces de proyectar al seno de la sociedad su irrenunciable papel de madres […]”

En la Revista Para Ti se bajaba línea el respecto:  una “Carta Abierta a las madres argentinas” adoctrinaba:

“[…] ¿Qué les están haciendo a nuestros hijos? […] Insistimos: las madres tienen un papel fundamental que desempeñar. En este tiempo criminal que nos toca vivir, ante esta guerra subversiva que amenaza destruirlo todo, uno de los objetivos claves del enemigo es su hijo, la mente de su hijo. Y son ustedes, las madres, con más fuerza y efectividad que nadie, las que podrán desbaratar esa estrategia si dedican más tiempo que nunca al cuidado de sus hijos.”

 

Lo que viene: perspectiva de género

Por primera vez en Mendoza hubo una sentencia en un juicio de lesa humanidad reconoció que las mujeres, además de haber sido víctimas de delitos de lesa humanidad, fueron víctimas de
violencia de género. Así lo explicitó el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mendoza en el VI Juicio por delitos de lesa humanidad.

El veredicto incluyó específicamente este aspecto de la represión con pautas de género y así lo estableció de manera expresa dando visibilidad a un tema que hasta hace poco estaba silenciado.

Sobre la lenta pero constante incorporación de la perspectiva de género en la justicia, y en los juicios de lesa humanidad, Beigel le dijo a este portal que “antes se hacían denuncias de violaciones y no las incorporaban. Les decían que estaba fuera de lugar, o les hacían a las testigos preguntas como ‘porqué iba tan tarde por la calle’. Había una perspectiva patriarcal en el interrogatorio”.

Desde el 2005, sostuvo, se empieza a incorporar una mirada de género “y en la última sentencia hubo un punto específico en el veredicto en donde se dice que las mujeres fueron víctimas de violencia de género. Esto en la Justicia Federal es mucho más claro que en la Justicia Provincial, donde aún falta mucho trabajo”, cerró Beigel.

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Video: Fragmento del programa Memoria, Verdad y Justicia, que se emitió en el Canal Acequia hasta fines de 2015. En el capítulo 9 de la tercera temporada, de mayo de ese año, se realizó un informe sobre el Comando Pío XII, comandado por Julio César Santuccione:

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