Alerta del Conicet y la UBA

Pese al rechazo social, el lobby minero retoma impulso para derribar leyes ambientales

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La pueblada de diciembre derribó la ley del cianuro de Suarez. Foto: Asamblea Popular por el Agua

Tras los intentos de modificar la Ley 7722 en Mendoza y la 5001 en Chubut, científicos del Conicet y de la UBA difundieron un documento para derribar los argumentos del lobby de las empresas megamineras, como la supuesta generación de trabajo que trae aparejada la dinamitación de las montañas en busca de oro, plata y cobre.

El documento, firmado por Matías Blaustein, Federico Giovannetti, Florencia Aranciba, Nicolás Fernández Larrosa, Juan Wahren y Cecilia Rikap entre otros especialistas, remarca el “renovado intento por ampliar la frontera de la megaminería, procurando forzar su habilitación en provincias donde el rechazo social ya había logrado plasmarse en resguardo jurídico”

Es ése el propósito de quienes intentan modificar la Ley n° 7722 en Mendoza, la Ley n° 5001 en Chubut y la Ley Nacional de Glaciares, señalan.

En línea con la batalla permanente de vecinos y asambleístas de Mendoza, -que mantuvieron todo el verano vivo el clamor por el agua- el Conicet y la UBA alertaron que el lobby megaminero sigue firme para instaurar proyectos extractivistas.

“A pesar de que se logró frenar la modificación de la ley mendocina, los intentos por modificar la legislación para habilitar la megaminería continúan. En este contexto, circulan en los medios una serie de argumentos discutibles, que favorecen la implementación de nuevos proyectos de megaminería en el país. A continuación presentamos algunos de estos argumentos y respondemos críticamente a cada uno”, apuntaron.

Enumeraron seis argumentos con los que intenta avanzar el lobby minero a través de los grandes medios de comunicación, y los rebatieron uno a uno (en el documento al final de la nota están completos):

1- “Siempre hubo minería y no trajo problemas graves a la humanidad”

Falso, alegan los científicos: La megaminería es una de las múltiples formas de minería existentes y es relativamente nueva (en nuestro país funciona desde la década del ‘90). Utiliza técnicas de alto impacto socio-ambiental que, por eso, están prohibidas en muchos lugares del mundo.

La megaminería metalífera difiere de la extracción de minerales no metalíferos tales como la sal de mesa, la roca caliza para cal y cemento, la arena o el ripio para la construcción. Este tipo de minería es el que ha predominado ampliamente en Argentina y, en términos generales, no ha dado lugar a grandes conflictos sociales.

2-“La megaminería ‘bien hecha’ puede no tener efectos dañinos en el medio ambiente y la salud pública”.

Falso: No es posible. La megaminería tiene inevitables impactos perjudiciales en el medio ambiente y la salud pública. ¿Cómo se realiza la megaminería? A diferencia de la minería tradicional, principalmente subterránea, esta minería se realiza usualmente “a cielo abierto” e implica el uso de técnicas de alto impacto ambiental. Mediante la utilización de explosivos (generalmente nitrato de amonio y fuel oil) se producen voladuras de grandes volúmenes de roca donde se encuentra el mineral de interés.

3-“Los impactos en la salud y el ambiente de la megaminería ocurren a muy largo plazo o son reversibles”. 

No es cierto: la megaminería tiene impactos de largo plazo en la salud y el ambiente, y también inmediatos e irreversibles. En primer lugar, cabe aclarar que los principales químicos empleados en la megaminería (cianuro, ácido sulfúrico y otros) son tóxicos para los seres humanos y los seres vivos en general. Hay sobrada evidencia de que producen perjuicios dependiendo de la dosis y el tipo de exposición. Aunque las dosis empleadas durante el proceso de extracción son bajas, la exposición prolongada en el tiempo -como la de las poblaciones aledañas-, suele implicar una acumulación de estas sustancias a niveles que pueden ser perjudiciales para la salud.

4-“No es posible vivir sin megaminería; quienes se oponen deberían renunciar a consumir y utilizar objetos que contengan metales”.

Falso: La extracción de metales preciosos se utiliza, principalmente, para acumulación de riquezas y reservas para las clases altas del mundo. Desde fines de la década de los noventa la minería metalífera fue ganando terreno a la producción minera total (Alvarez Huwiler Godfrid, 2018).

Más del 70% del oro que se extrae en Argentina se utiliza para reservas de otros países, y está vinculado, principalmente a su uso como patrón monetario: no es cierto que sea imprescindible su extracción (Luna, 2015). Con respecto a los metales que se extraen para fabricar equipos electrónicos, a modo de ejemplo, en una computadora de escritorio, el 25% es recuperable, el 72% corresponde a material reciclable y sólo el 3% son desechos contaminantes (Prince, 2009).

5-“La megaminería genera desarrollo, empleo y diversificación de la economía regional”.

Falso: No es así. La megaminería no genera desarrollo ni empleo ni diversifica las economías regionales. La “explotación de minas y canteras” aportó sólo el 2,95% del Valor Bruto de producción total en Argentina desde 2004 hasta 2018, siendo que la megaminería metalífera aportó apenas 0,49%, en comparación con el 6,95% de la ganadería, agricultura, caza y silvicultura (INDEC, 2019).

En los últimos 23 años, el total de la minería (metalífera, no metalífera, y principalmente hidrocarburífera) ha generado sólo el 1,15% del empleo total, en comparación con el 5,9% de la ganadería, agricultura y silvicultura. En el 2º trimestre de 2019 hubo sólo 9.653 empleos directos en extracción de minerales metalíferos en todo el país, apenas 0,08% del total de 12,1 millones de trabajadores registrados (Ministerio de Trabajo, 2019a, b y c).

6- “Quienes critican a la megaminería no plantean alternativas de desarrollo local”.

No es cierto, proponen alternativas para promover el desarrollo local. Quienes se oponen al avance de la megaminería en sus territorios han ido construyendo diferentes alternativas al desarrollo local de acuerdo a las particularidades de cada región (Wahren y Schvartz, 2015). Se ha propuesto la promoción de actividades que ya existían en la zona (por ejemplo la vitivinicultura, olivicultura, fruticultura, turismo, etcétera) y que se ven (en algunos casos) afectadas por el avance de la megaminería.

Este es el documento completo:

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