Gas y crudo de Vaca Muerta

En seis meses, Iguacel no pudo apagar los incendios que generó el plan de Aranguren

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Hace seis meses, la cartera de Energía pasó de manos de Aranguren a Iguacel.

-Javier Iguacel

-¿Quién?

-Iguacel, perdió las elecciones para intendente en Capitán Sarmiento, es ingeniero en Petróleo y del palo de María Eugenia Vidal. Hace seis meses, un ignoto dirigente asumía la cartera de Energía en lugar del peso pesado de la industria Juan José Aranguren.

En todo este tiempo, el sucesor del ex presidente  de Shell en Argentina lidió sin éxito con los efectos del plan de Aranguren. Siguen vivos los conflictos iniciales de la gestión de Iguacel: el Plan Gas de Vaca Muerta y los contratos de las petroleras con las refinadoras y distribuidoras siguen atados con alambre. Además, entró en escena otro foco de conflicto: las retenciones a las exportaciones.

Iguacel mantiene negociaciones permanentes con las petroleras, pero ostenta menos margen para tomar decisiones desde que su ministerio fue degradado a Secretaría dependiente del Ministerio de Hacienda, del poderoso Nicolás Dujovne, para quien la prioridad exclusiva es cumplir las metas que impuso el FMI para financiar al gobierno.

El ajuste también alcanzó a la política para Vaca Muerta. Entre sus efectos residen desde la caída de Aranguren hasta la impotencia de Iguacel para darle un corte al toma y daca con las protagonistas de los grandes negocios en la famosa formación no convencional de la Cuenca Neuquina.

Como primera medida, Iguacel desactivó el sendero de precios para el gas que estableció Aranguren para darles previsibilidad a las petroleras. En concreto, le bajó el precio al gas de cinco dólares y medio a cuatro dólares por millón de BTU.

A cambio, les dio a las petroleras permisos para vender gas en Chile, adonde pagan un precio similar al promedio del mercado argentino.

Hasta ahora, se había mantenido -con atrasos en los pagos de los subsidios- el plan de estímulo a la producción nueva de gas en Vaca Muerta, contemplado en la Resolución 46, de la cartera energética con la firma de Aranguren. Pero de un tiempo a esta parte, el gobierno empezó a explorar alternativas para recortar el costo en dólares del Plan Gas. La tensión sobre la cuestión está en pleno crecimiento.

Bajar los subsidios

Iguacel tiene que reducir las remesas del Tesoro a las petroleras que participan del negocio de la explotación petrolera en ocho bloques de Vaca Muerta, que tiene 34 bloques bajo concesión. Y pactar la entrega de menos plata con las operadoras de los 12 bloques que postularon para el subsidio sin ser admitidas ni bochadas.

La última oferta oficial a las productoras que están cobrando subsidio (3,50 dólares por millón de BTU este año y tres dólares en 2019) consiste en la reducción del incentivo a un porcentaje menor de producción del que es alcanzado ahora y un nuevo acuerdo más barato para la otra porción del gas que sale de los pozos de Añelo y los alrededores, cada vez más extendidos.

El Plan Gas de Aranguren benefició -como a ninguna otra compañía- a Tecpetrol, el brazo petrolero del Grupo Techint, del controvertido magnate Paolo Rocca. A la caja de Rocca va el 70 por ciento del monto total que pone el gobierno nacional para incentivar las inversiones en Vaca Muerta. Tecpetrol respondió en el campo con un desempeño notable: Fortín de Piedra, frente al lago artificial Los Barreales, en Añelo, entrega el 12 por ciento de la producción total de gas nacional a poco más de un año del inicio de la producción masiva.

Con ese antecedente, la renegociación de condiciones que comanda Iguacel perjudica fundamentalmente al brazo petrolero de Techint. El gobierno le ofreció mantener el subsidio tal cual está (tres dólares por millón de BTU) para la mitad de la producción de Fortín de Piedra. Mientras que para el resto, el aporte estatal se recorta hasta los dos dólares por millón de BTU.

La oferta oficial se extendió a los dueños de los ocho yacimientos subsidiados. Para ninguno el caso alcanza la magnitud que representa para la petrolera de Rocca.

Crudo panorama

En otro orden, en el negocio del petróleo las turbulencias locales se intercalan con las globales. Cuando parecía que el crudo venía por los pergaminos perdidos frente al gas, los mercados internacionales devaluaron el precio del barril desde los 80 dólares en la modalidad Brent hasta los 56,43 dólares, según la cotización de este miércoles.

Sobre esa situación ajena a la política y los negocios petroleros nacionales, hay cuestiones domésticas que enfrentan al gobierno con la industria. Entre estas, está supurando una herida surgida por efecto de las retenciones a las exportaciones que alcanzan al crudo y sus derivados.

También hay una negociación inconclusa sobre la participación en la torta del negocio energético de cada parte en discusión: las productoras, las transportistas y las distribuidoras, en el caso del gas, y las petroleras con las refinadoras en el del crudo. Las petroleras se declararon perjudicadas en la coyuntura por la política de Mauricio Macri.

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