Violencia institucional

En un mes la Policía de Mendoza protagonizó tres casos de gatillo fácil con dos muertos y un herido

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En sólo un mes, tomando los casos que trascienden en la prensa, la Policía de Mendoza protagonizó tres casos de gatillo fácil con el saldo de dos muertos, uno un presunto ladrón y otro un joven del barrio La Favorita detenido en un retén (ambos desarmados), y un herido que se recupera en el Hospital Central.

El 1 de marzo por la noche -horas después de que el gobernador Cornejo en su discurso dijera que en su gobierno no había casos de gatillo fácil- el policía Alexis Méndez Castro (27), auxiliar de la Comisaría 59ª, asesinó por la espalda a de Ricardo José Bazán Zárate, de 29 años, quien estaba desarmado, en el barrio La Favorita en un control. En tanto, este domingo un policía mató de un balazo a un hombre que ingresó a robar a un minimarket de Acceso Sur y Rawson, y también baleó, en teoría confundiéndolo con un delincuente que formaba parte del atraco, a un empresario gastronómico.

Los tres casos se encuadran en lo que se denomina “gatillo fácil”, que generalmente es presentado por la policía como una acción accidental o de legítima defensa y reúne características idénticas: el Ministerio de Seguridad sale rápidamente a decir que los baleados tenían antecedentes penales – con la salvedad aquí del empresario Franchetti- y que estaban armados. Esa versión se difunde profusamente hasta que, si es que, aparecen elementos de dudas que se filtran a la escena mediática o pública.

En el asesinato de Bazán Zárate, la versión primera del policía fue que estaba armado con una tumbera, pero luego la investigación arrojó que el arma había sido plantada en la escena, por lo que el policía fue llevado a la cárcel provincial.

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En el segundo hecho, el potencial ladrón habría simulado tener un arma con un movimiento entre sus ropas cuando entró al minimarket de la estación de servicio de YPF. Según las crónicas de los diarios, el policía en cuestión -las autoridades han resguardado su identidad- prestaba servicios extraordinarios en el lugar y recibió el aviso de la presencia de un ladrón. Ingresó al lugar y baleó en primer lugar a Luciano Franchetti (de 40 años, ocasional cliente del lugar) y después a Juan Matías Ponce (27).

El primero fue derivado al Hospital Central y se recupera del balazo en el hígado infringido por el policía, en tanto que Ponce murió en el acto por el disparo. La policía dejó trascender a la prensa versiones de un supuesto enfrentamiento entre el ladrón y el uniformado y difundió profusamente antecedentes policiales del abatido, tal como ocurre con los casos de gatillo fácil.

Ambos casos son investigados por el fiscal de Homicidios y Violencia Institucional Horacio Cadile, quien tomó declaración el uniformado y lo dejó en libertad, previo secuestro de su arma reglamentaria.

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