El juicio a jueces corre el velo a los vejámenes en el D2: “Eran distintos olores, distintos cuerpos, insultaban distinto”

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Daniel Rabanal relató, vía teleconferencia, lo que vivió durante su detención en el D2. Foto: juiciosmendoza.blogspot.com.ar

 

“Las mujeres pagábamos el precio de ser mujeres”. Silvia Ontiveros.

“No nos podíamos ver, porque estábamos siempre vendados, pero sí sentir”. Daniel Rabanal.

Los testimonios de las víctimas de delitos de lesa humanidad en el juicio a jueces que se realiza en Mendoza siguen aportando capítulos a la saga del horror que se escribe en este proceso sobre los años de la dictadura en Mendoza, donde jueces, fiscales, secretarios de juzgados, policías, comisarios y funcionarios de todo escalafón ayudaron o hicieron oídos sordos a vejámenes y torturas cuyos responsables son llevados a juicio 30 años después.

 

 “Eran distintos olores, distintos cuerpos, insultaban distinto”

Con una entereza notable Silvia Susana Ontivero, afrontó una nueva indagatoria. Antes de iniciar su declaración el Presidente del Tribunal, Alejandro Piña, le ofreció hacerlo a puertas cerradas; sin embargo ella aceptó la presencia del público: “Mientras más gente sepa lo que pasó, menos posibilidades habrá de que se repita”, dijo.

Silvia, delegada gremial, fue secuestrada el 9 de febrero de 1976 junto a su hijo Alejo Hunau, entonces de 4 años. La llevaron inmediatamente al D-2, en el que vivió los peores 18 días de su vida. La atacaron sexualmente todos los días, reiteradamente, de día y de noche. Estaba embarazada cuando se la llevaron; a raíz de la picana, sufrió un aborto y luego un legrado sin anestesia; con el paso del tiempo supo que los vejámenes le produjeron infertilidad.
Compartió cautiverio con Vicenta Olga Zárate y Stella Maris Ferrón, quienes también fueron objeto de ataques sexuales, según lo detalló la testigo. “Pagamos el precio de ser mujeres”, señaló.

En el mismo sentido se refirió a la forma brutal en que policías las vejaban: “Eran distintos olores, distintos cuerpos, insultaban distinto”.

Al ser indagada por el comportamiento de la Justicia, recordó que su padre hizo gestiones sin mayores resultados. Agregó: “Yo escuché aquí a Miret que decía que no sabía lo que pasaba y que tardó mucho en darse cuenta. Caramba, cuánto se hubiera evitado si lo advertía. ¿Pero tanto tardó en advertirlo, qué más necesitaba?, ¿Y Romano, que era fiscal, por qué no hizo nada, por qué no investigó?”

En cuanto a su experiencia con el juez Rolando Carrizo reseñó: “disfrazada me llevaron frente al juez. Tan mal estaba yo que me sostenían entre dos policías. Entonces le dije a Carrizo: ‘Doctor, me han violado, mire cómo me han dejado’. Y él me respondió: ‘¿No te habrás caído vos’?

Otra situación de connivencia judicial que debió padecer Ontivero estuvo vinculada con su hijo, Alejo Hunau, al que secuestraron junto con ella y luego entregaron al padre. Un primo de éste, el doctor Hugo Ostropolsky, en octubre de 1977, logró que se dictaminara abandono de hogar, cuando era público que ella estaba presa en la cárcel. Así perdió la patria potestad sobre el niño y le impidieron que viera a Alejo durante seis años. Esa resolución de abandono de hogar fue avalada, entonces, por el Juzgado de Familia.

 

El testimonio de Rabanal

Desde Buenos Aires, Rabanal hizo un extenso relato de su estancia en el D-2, la que consideró como el “peor registro de mi vida”. En respuesta a una pregunta de la Fiscalía dijo que pudo darse cuenta, claramente, “como todas las mujeres eran violadas de manera sistemática y reiterada”, y agregó: “No nos podíamos ver, porque estábamos siempre vendados, pero sí sentir”.

En relación a la muerte de Miguel Ángel Gil, dirigente gremial que compartió cautiverio con Rabanal, recordó “la ferocidad con que lo torturaban” y refirió el episodio en el que unos diez detenidos fueron obligados a colocarse unos arriba de otros con Gil en el piso soportando todo el peso. “Agonizaba en el D-2″, dijo Rabanal sobre Miguel Gil, quien murió poco tiempo después.
En cuanto a la permanencia en la Penitenciaría, Rabanal narró que “las circunstancias cambiaron después del Golpe de Estado del 24 de marzo. El maltrato recrudeció… Nos llevaban a calabozos de castigo, no nos daban comida y dormíamos desnudos sobre el suelo, en pleno invierno”.

El testigo, inicialmente, no recordaba los nombres de los penitenciarios; el Fiscal Dante Vega debió leerle su declaración anterior; recién entonces ratificó los nombres de Bonafede, Bianchi y Barrios como los más recordados.

Además, aportó que una vez en el patio, en medio de los detenidos “me exigieron que gritara ‘mueran los putos Montoneros’. Como me negué, me pegaron por todos lados y me hicieron subir a la rastra una escalera. Ahí Bianchi caminaba sobre mi cuerpo y me pisaba la espalda. Eso me provocó fractura de costillas”.

En cuanto al capítulo judicial de su testimonio, Daniel Rabanal, repasó que después del D2 “nos llevaron a una comisaría donde estaba el juez Carrizo. Yo tenía 15 kilos menos que hacía un mes, lesiones en todo el cuerpo y un talón infectado. Me preguntó cómo estaba y yo le contesté ‘es evidente cómo estoy’. Era todo muy irregular.. Y yo me negué a declarar”.

Finalmente, el juez Forcada le pidió a Rabanal una opinión sobre la Justicia de aquellos años. La respuesta fue: “No era Justicia. Era una farsa, una caricatura”.

Fuente: juicioamendoza.blogspot.com.ar

 

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