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En la antesala del Día del Periodista, Mendoza vuelve a estar en foco de la degradación de la profesión con despidos masivos y el cierre de un diario poco más de un año después de su apertura. La decisión empresarial fue ejecutada tras un giro de 180 grados en la línea editorial, que hasta ese momento era crítica respecto del gobierno de Alfredo Cornejo y mantuvo como tema central de la agenda el desembarco de la megaminería como política de Estado. Se trata del diario El Editor, propiedad de Grupo del Sud, que la semana pasada despidió a todo su plantel de trabajadores. A esto se suma que diario Los Andes echó a 5 periodistas en los últimos días, y modificó la extensión de la jornada laboral.

Los trabajadores de El Editor protestaron fuera de las instalaciones de la empresa al día siguiente de los despidos. El Sindicato de Prensa montó una carpa con el acompañamiento de gremios como la CTA Autónoma, Sadop, Judiciales, organizaciones sociales como Jubypen (jubilados que hace más de un año permanecen en las calles contra el ajuste libertario) y las Asambleas por el Agua, que llevaron sus históricas banderas de lucha. Referentes del Comecuco (Colectivo de Medios Comunitarios de Cuyo) y del Ceprodh, abogados que defienden a procesados por protestar contra la megaminería, también acompañaron.

Degradación de la profesión
Grupo del Sud, cuyo dueño es Francisco Vila Basualdo -quien desde el rubro farmacéutico saltó a los negocios inmobiliarios en La Plata- ejecutó los despidos masivos en El Editor Mendoza después de modificar su línea editorial: la cobertura de los conflictos sociales, la voz de los vecinos y las protestas contra la megaminería fueron silenciados o corridos de la agenda principal tras un año de intensa cobertura. Por este giro es que los trabajadores no descartan que los directivos hayan pactado el cierre del diario con sectores de poder.
Antes de los despidos la empresa efectivizó una suspensión masiva por la supuesta falta de higiene de las instalaciones, con quite de sueldo. Intervino el Sindicato de Prensa y la intervención fue rechazada. Pocos días después despidieron a la jefa de redacción, y luego a todo el plantel periodístico, incluidos los filmmaker y CM.
Para llevar a cabo los despidos la empresa mandó personal de Recursos Humanos, que pretendía que los trabajadores firmaran cheques con la liquidación y su desvinculación. Advertidos por el historial de incumplimientos hacia trabajadores que renunciaron con anterioridad y no recibieron su liquidación, los trabajadores rechazaron esta posibilidad. En asamblea resolvieron mantener las protestas no sólo por la situación de indefensión laboral, sino para poner en escena el trágico panorama del periodismo local, con censura explícita y silenciamiento de las voces críticas que pretenden disputar la agenda.

Despidos en Los Andes
Esta semana diario Los Andes, propiedad de un pool de empresarios que encabezan Mauricio Badaloni (Andesmar-UIA) y Joaquín Barbera, echó a cinco trabajadores de prensa, tal como denunció el gremio. Por otra parte, cambió las condiciones, sumando horas a la jornada laboral, según pudo saber EXPLÍCITO de fuentes gremiales.
Cuando Clarín vendió diario Los Andes, antes de pasárselo a sus nuevos dueños comenzó a vaciarlo con despidos de trabajadores en las secciones de Deportes, Fotografía y Administración.
Tras ese vaciamiento y el tendal de despidos llegaron los contratos precarios que se pusieron en marcha aún antes de la reforma laboral que multiplicó los ejércitos de monotributistas en Mendoza y todo el país, junto con los salarios por debajo de la línea de pobreza y condiciones de precariedad.
Un oficio en crisis
Lo ocurrido en El Editor Mendoza y en Los Andes configura mucho más que un episodio aislado: es la radiografía de un oficio en crisis. La combinación de despidos masivos, precarización laboral y censura explícita revela un escenario donde las voces críticas son desplazadas y el derecho a la información se ve amenazado.
El periodismo mendocino se encuentra atrapado entre la presión de los poderes económicos y políticos y la fragilidad de las condiciones de trabajo, lo que erosiona su capacidad de cumplir con su función social. En la antesala del Día del Periodista, la provincia expone un panorama trágico: ejercer la profesión se ha convertido en un acto de resistencia frente al silenciamiento y la degradación sistemática de quienes sostienen la palabra pública.

