
Las calles de la capital mendocina volvieron a ser el epicentro de una marcha de vecinos, asambleístas y familias enteras este jueves en rechazo a las modificaciones de la Ley 26.639 (Ley de Glaciares) que impulsa Javier Milei para hjabilitar a las mineras a extraer metales en zonas antes protegidas. Sin embargo, la jornada, que transcurrió mayormente en calma, se vio empañada al cierre por provocaciones de la Policía de Mendoza en medio de un operativo de seguridad desmedido que culminó con gases lacrimógenos y golpes contra manifestantes.
El Gobierno intentó contrarrestar la multitudinaria manifestación con un operativo de propaganda en el que aseguró que hubo «encapuchados» que llamativamente no fueron detenidos, a la inversa de lo que ocurrió con as últimas marchas que terminaron con vecinos y asambleístas detenidos.
En el marco de una nueva manifestación llevada adelante por antimineros, un grupo de encapuchados intentó ocupar la totalidad de la calzada y alterar el orden público, promoviendo hechos de violencia directa contra el personal policial. pic.twitter.com/dr8VOqmH4H
— Ministerio de Seguridad y Justicia de Mendoza (@MinSegMendoza) February 27, 2026
Una marcha que transcurría en paz
Los vecinos se reunieron desde el mediodía en una vigilia para esperar en la plaza Independencia la sanción a la reforma de la ley que protege los glaciares. Pasadas las 19 comenzaron a marchar por las calles del microcentro, y todo transcurría en clima tranquilo pese a las provocaciones de la Policía, que pese a la multitud insistía con despejar media calzada.
El punto de inflexión llegó durante la desconcentración. Según denunciaron participantes y referentes políticos como Micaela Blanco Minoli (FIT), la Policía de Mendoza intervino de forma violenta cuando la marcha ya finalizaba.
La policía de Cornejo, una vez más, reprimió la movilización en defensa de la Ley de Glaciares, el agua y contra la megamineria. Tiró gases directo a los ojos a jóvenes y mujeres! Hacemos responsable al gobernador y la Ministra de Seguridad Mercedes Rus por su integridad física pic.twitter.com/mqnTKFl02X
— Micaela Blanco Minoli 💜💚 (@MicaBlancoMinol) February 27, 2026
El «relato» de los encapuchados
Terminada la marcha, el Ministerio de Seguridad difundió un comunicado en redes sociales con una narrativa radicalmente opuesta. Aseguró que un grupo de «encapuchados» intentó bloquear el tránsito y agredir físicamente a los efectivos. La acusación fue un paso más allá: el Gobierno afirmó que se arrojaron sustancias inflamables con la intención de prender fuego al personal policial.
La ministra de Seguridad, Mercedes Rus, reposteó el comunicado, pero esta vez no agregó nada más. No hubo información acerca del funcionamiento de las bodycam, que podría haber registrado a los agresores como otras veces plasmó las palizas a los manifestantes en el interior de la Legislatura. Tampoco hubo detenidos, como sí ha ocurrido en otras manifestaciones con vecinos y asambleístas.
Pese a la gravedad de tales afirmaciones, la narrativa oficial arroja vacíos e incongruencias:
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Sin detenidos: A diferencia de otras protestas, no hubo personas trasladadas ni identificadas. En casi todas las marchas y ruidazos contra la megaminería la Policía detuvo vecinos y asambleístas. En el último ruidazo por la Ley de Glaciares hubo 9 detenidos, todos ellos liberados después.
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Sin imágenes de bodycams: Aunque los uniformados cuentan con cámaras en sus chalecos y la zona céntrica está vigilada por cámaras de seguridad, el Ministerio aún no ha difundido imágenes que respalden la presencia de los supuestos atacantes encapuchados.
Un revés legislativo
Mientras el gas lacrimógeno aún se dispersaba en el aire mendocino, la noticia llegó desde Buenos Aires: el Senado de la Nación otorgaba la media sanción a la reforma de la Ley de Glaciares. Con 39 votos a favor y 31 en contra, el proyecto que modifica la protección de las áreas periglaciares avanzó, dejando un sabor amargo entre quienes minutos antes se manifestaban para evitarlo.
La contradicción entre la vivencia de los vecinos —que insisten en que fueron gaseados sin provocación— y el reporte oficial de «ataques con inflamables» vuelve a poner bajo la lupa el manejo de la protesta social en la provincia. En Mendoza, el agua sigue siendo el centro del conflicto, tanto en la montaña como en el asfalto.

