Inédito en Mendoza

Primer juicio por jurado por gatillo fácil: juzgarán al policía que mató por la espalda a Ricardo Bazán

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José Alexis Méndez Castro, el policía que disparó por la espalda a Ricardito Bazán Zárate. Arriesga una condena a perpetua si es hallado culpable de homicidio agravado.

La Jueza de Garantías Dolores Ramón confirmó este lunes la elevación a juicio de causa por el homicidio de Ricardo José Bazán Zárate, quien fue acribillado de seis disparos por el policía José Alexis Méndez Castro, auxiliar de la Comisaría 59ª, tras un control vehicular. Pesa sobre Méndez Castro la acusación de homicidio agravado y en un juicio podría ser condenado a perpetua.

El caso será tratado en un juicio por jurado, el primero para un caso de gatillo fácil en Mendoza, informó Xumek, a cargo de la querella en representación de la familia.

La jueza rechazó el pedido de cambio de calificación solicitado por la defensa de Mendez Castro y mantuvo su calificación original, homicidio agravado por el abuso de su función o cargo.

La defensa pretendía que se le imputara al agente un delito imprudente debido a que la bala que mató a Ricardo Bazan impactó previamente en cemento. Sin embargo, el angulo del disparo, que fue en linea casi horizontal, no al piso, le dieron la pista a la jueza de que “si su idea era disuadir a la victima, dicho disparo debió ser en 45 grados. La dirección de su brazo (casi recto), la altura del mismo, su experiencia como funcionario policial, son evidencia suficiente de su intención de matar. Esta intención no es compatible con un homicidio culposo: el disparo fue realizado con conciencia de la ilicitud, sabiendo que el proceder era idóneo para causar la muerte”, resumió la querella, a cargo de Xumek, sobre la decisión.

Baleado en un retén

El 1 de mayo de 2019, horas después del ultimo discurso de Alfredo Cornejo en la Asamblea Legislativa –en el cual se vanaglorió de no tener casos de gatillo fácil en su gobierno– , Bazán Zárate iba con un amigo a realizar unas compras cerca de su casa en el barrio Nueva Esperanza. A 50 metros de la vivienda de “Ricardito”, como le decían sus amigos, uniformados de la Comisaría 59ª les frenaron la marcha para identificarlos. Eran cerca de las 22.

Bazán intentó escabullirse del control y Méndez lo persiguió a los tiros. Le disparó seis veces, uno de los proyectiles alcanzó a la víctima. Acto seguido, regresó, y junto con los otros dos policías deciden retirarse en forma inmediata del lugar, llevándose al amigo de Bazán y secuestrando su camioneta, argumentando “que el sospechoso se había escapado por el interior del barrios”, según reconstruyó Xumek.

Ricardito fue auxiliado por vecinos que, luego de escuchar los disparos y los gritos de su novia (que en esos momentos estaba embarazada de cinco meses), acudieron a su ayuda. Fue trasladado al centro de salud del barrio La Favorita en la camioneta de un vecino,  donde finalmente falleció.

Ricardito Bazán Zárate fue ultimado por la policía tras un retén de tránsito. Foto: gentileza Xumek

Un clásico, la versión policial

La versión que difundió rápidamente el Ministerio de Seguridad reunía todas las características de un caso de abuso policial: la policía salió a decir que la víctima era un delincuente que había muerto en un enfrentamiento.

La policía difundió, además, que en la zona habían encontrado una tumbera que habría usado la víctima en el supuesto enfrentamiento con la policía. Sin embargo, según publicó Sitio Andino, el arma de fabricación casera habría sido plantada por el mismo policía imputado.

En un mes, tres casos de gatillo fácil

El asesinato de Ricardito Bazán Zárate fue uno de los tres que, en sólo un mes, protagonizó a mediados de 2019 la Policía de Mendoza, tomando sólo los casos que trascienden en la prensa. El saldo fue de dos muertos, uno un presunto ladrón y otro Bazán Zárate (ambos desarmados), y un herido que se salvó.

Después del crimen de Ricardito, un policía mató de un balazo a un hombre que ingresó a robar a un minimarket de Acceso Sur y Rawson, y también baleó, en teoría confundiéndolo con un delincuente que formaba parte del atraco, a un empresario gastronómico.

Los tres casos se encuadran en lo que se denomina “gatillo fácil”, que generalmente es presentado por la policía como una acción accidental o de legítima defensa y reúne características idénticas: el Ministerio de Seguridad sale rápidamente a decir que los baleados tenían antecedentes penales – con la salvedad aquí del empresario Franchetti- y que estaban armados. Esa versión se difunde profusamente hasta que, si es que, aparecen elementos de dudas que se filtran a la escena mediática o pública.

 

 

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