
Mientras los indicadores macroeconómicos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Mendoza marcaron una inflación acumulada del 29,9%, la realidad que reflejan las góndolas y las facturas de servicios cuenta una historia más cruda. Según los datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), la supervivencia básica en la provincia se encareció notablemente por encima del promedio general, castigando con mayor dureza a quienes menos tienen.
El dato más impactante surge del seguimiento de la Canasta Básica Total (CBT) para una «Familia Tipo 2», es decir, dos adultos y dos niños. En abril de 2025, Mendoza atravesó un umbral psicológico y económico histórico: por primera vez, un hogar conformado por dos adultos y dos niños necesitó más de un millón de pesos ($1.002.604) para no ser considerado pobre, sin contar el precio del alquiler.
Sin embargo, lejos de ser un techo, esa cifra fue solo una escala en una escalada que no se detuvo hasta fin de año.
La brecha de la indigencia
Si se analiza el comportamiento de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que delimita la línea de la indigencia, los números son alarmantes. Mientras que la inflación general de la provincia fue del 29,9%, el costo de los alimentos esenciales escaló un 35,1% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025.
Esta diferencia de más de cinco puntos porcentuales revela un fenómeno conocido como «inflación de alimentos», donde los productos de primera necesidad —harina, leche, carne y verduras— suben a un ritmo que el salario promedio difícilmente puede seguir. Para un solo adulto equivalente, el costo de no pasar hambre pasó de $116.439 en diciembre de 2024 a $157.263 un año después.
Un año de dos velocidades
En 2025 hubo un primer semestre de ajustes constantes pero moderados, y una aceleración preocupante hacia el cierre del año. Durante los meses de invierno, la CBT se mantuvo en una meseta relativa, con incrementos que apenas rozaban el 1% mensual. No obstante, el último trimestre del 2025 rompió esa calma.
Entre octubre y diciembre, la línea de pobreza para una familia mendocina saltó de $1.092.788 a $1.180.842. En apenas 60 días, una familia debió conseguir casi $90.000 adicionales solo para cubrir sus necesidades básicas de transporte, salud, vestimenta y alimentación. Este «rally» de fin de año dejó a muchos hogares por debajo de la línea de flotación, ensanchando la brecha social en la provincia.

El factor Engel y la estructura del gasto
Un dato técnico del informe de la DEIE es el Coeficiente de Engel. Este indicador, que mide la relación entre los gastos alimentarios y los totales, se mantuvo en torno al 2,43. Esto significa que, en la estructura de costos de Mendoza, el gasto en servicios y bienes no alimentarios es casi una vez y media superior al gasto en comida. Sin contar el alquiler, que no se incluye en la tabla de cálculo.
Sin embargo, al ser la CBA la que más aumentó (35,1% frente al 31,3% de la CBT), se evidencia que el motor de la pobreza en 2025 fue, indiscutiblemente, el precio de la comida.

El 2025 cierra así con una paradoja estadística. Aunque la inflación general parece haber encontrado un carril de relativa estabilidad comparado con años anteriores, el «índice de la heladera» sigue disparado. Para las familias mendocinas, el brindis de año nuevo llegó con la certeza de que el millón de pesos ya no es una cifra de prosperidad, sino apenas el piso necesario para no caer en la marginalidad.


